L. D. / EFE.->/b> El escritor señala que la primera relación homosexual de Hitler habría tenido lugar en la Viena de su juventud, a sus diecinueve años, con un estudiante de música llamado August Kubizek con quien compartió habitación.
En las trincheras de la I Guerra Mundial, los amores los habría tenido con su colega de regimiento Ernst Schmidt, a los que algunos documentos ahora sacados a la luz se referían como "su prostituta masculina", y más adelante habrían venido Roehm, Hess, con quien escribió "Mein Kampf" ("Mi lucha") y a quien dirigía apodos cariñosos, o sus chóferes Emil Maurice y Julius Schreck.
Machtan, cuyo libro acaba de aparecer en España publicado por Planeta y que en su país va ya por la segunda edición, agotada la primera, de 40.000 ejemplares, afirma que la homosexualidad de Hitler puede ser como "el eslabón perdido" en su biografía.
En ese sentido, el autor, que se topó con este tema un poco de refilón, cuando estudiaba la colaboración de la alta nobleza alemana con el Tercer Reich, señala que "idéntico interés habría tenido, en una figura histórica de tanta importancia, poder aportar datos sobre su supuesto alcoholismo o, si me apuran, sobre su vegetarianismo".
"La homosexualidad de Hitler por sí misma sería totalmente irrelevante, no tendría ningún interés si no nos ayudara a comprender su figura histórica", dice Machtar, que en su libro sugiere que la trístemente famosa noche de los cuchillos largos, la del 30 de junio de 1934, en la que el jefe de las SA, Ernst Roehm, fue asesinado, más que a la batalla interna por el poder dentro del nacionalisocialismo obedeció a un deseo de Hitler de deshacerse de quienes pudiesen extorsionarle con su vida sexual.
En los primeros momentos, en Alemania el libro, aparecido a mediados de octubre, fue acogido con controversia, ya que, explica su autor, despertaba temor en tres direcciones: que se pudiera considerar que daba argumentos a los homófobos; que diera una imagen más humana de Hitler que pudiera exculparle de sus horrendos crímenes, y que fuese morboso o sensacionalista. Sólo dos semanas más tarde, añade el historiador,"esta primera actitud va desapareciendo, y en los suplementos culturales de los periódicos se instala un debate más serio que, creo, aún va para largo".
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En las trincheras de la I Guerra Mundial, los amores los habría tenido con su colega de regimiento Ernst Schmidt, a los que algunos documentos ahora sacados a la luz se referían como "su prostituta masculina", y más adelante habrían venido Roehm, Hess, con quien escribió "Mein Kampf" ("Mi lucha") y a quien dirigía apodos cariñosos, o sus chóferes Emil Maurice y Julius Schreck.
Machtan, cuyo libro acaba de aparecer en España publicado por Planeta y que en su país va ya por la segunda edición, agotada la primera, de 40.000 ejemplares, afirma que la homosexualidad de Hitler puede ser como "el eslabón perdido" en su biografía.
En ese sentido, el autor, que se topó con este tema un poco de refilón, cuando estudiaba la colaboración de la alta nobleza alemana con el Tercer Reich, señala que "idéntico interés habría tenido, en una figura histórica de tanta importancia, poder aportar datos sobre su supuesto alcoholismo o, si me apuran, sobre su vegetarianismo".
"La homosexualidad de Hitler por sí misma sería totalmente irrelevante, no tendría ningún interés si no nos ayudara a comprender su figura histórica", dice Machtar, que en su libro sugiere que la trístemente famosa noche de los cuchillos largos, la del 30 de junio de 1934, en la que el jefe de las SA, Ernst Roehm, fue asesinado, más que a la batalla interna por el poder dentro del nacionalisocialismo obedeció a un deseo de Hitler de deshacerse de quienes pudiesen extorsionarle con su vida sexual.
En los primeros momentos, en Alemania el libro, aparecido a mediados de octubre, fue acogido con controversia, ya que, explica su autor, despertaba temor en tres direcciones: que se pudiera considerar que daba argumentos a los homófobos; que diera una imagen más humana de Hitler que pudiera exculparle de sus horrendos crímenes, y que fuese morboso o sensacionalista. Sólo dos semanas más tarde, añade el historiador,"esta primera actitud va desapareciendo, y en los suplementos culturales de los periódicos se instala un debate más serio que, creo, aún va para largo".
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