L. D. / EFE.-
Es además un titulo que Juan Ramón (Moguer, Huelva, 1881 - Puerto Rico, 1958) acuñó antes de morir en su exilio en Puerto Rico, donde escribió y reescribió cientos de manuscritos que todavía no han visto la luz y que están depositados en el Archivo de la Universidad de ese país, donde, según su sobrina nieta Carmen Hernández Pinzón, se encuentra la mayoría de su trabajo y donde veneran su figura y su obra, y en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.
"Libros de Madrid" es un volumen que tiene una historia antigua porque fue el sobrino del escritor, Francisco Hernández Pinzón, quien hace más de treinta años comenzó a indagar entre los documentos que se depositaban en ambos archivos, dando forma a este libro que el poeta dejó proyectado antes de su muerte.
"Juan Ramón construyó el libro como un arquitecto, construyó las portadas, las portadillas, los capítulos; el color, rojo y oro, con el que quería que saliese la cubierta del libro, en definitiva todo, y aunque lo escribió en Madrid -relata a Efe la sobrina nieta del poeta de Moguer-, volvió sobre él en Puerto Rico.
Una obra que ahora los lectores pueden conocer gracias a la esforzada labor de estos dos descendientes del poeta, que conocen la difícil grafía que el creador utilizaba en su escritos y que ellos han ido transcribiendo con esmerada paciencia durante años.
Este libro puede ser el inicio de una serie de publicaciones, si es que alguna editorial quiere hacerse cargo de todo o de parte del abundante material del poeta aún inédito, que sus descendientes desearían digitalizar si contasen con alguna ayuda.
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"Libros de Madrid" es un volumen que tiene una historia antigua porque fue el sobrino del escritor, Francisco Hernández Pinzón, quien hace más de treinta años comenzó a indagar entre los documentos que se depositaban en ambos archivos, dando forma a este libro que el poeta dejó proyectado antes de su muerte.
"Juan Ramón construyó el libro como un arquitecto, construyó las portadas, las portadillas, los capítulos; el color, rojo y oro, con el que quería que saliese la cubierta del libro, en definitiva todo, y aunque lo escribió en Madrid -relata a Efe la sobrina nieta del poeta de Moguer-, volvió sobre él en Puerto Rico.
Una obra que ahora los lectores pueden conocer gracias a la esforzada labor de estos dos descendientes del poeta, que conocen la difícil grafía que el creador utilizaba en su escritos y que ellos han ido transcribiendo con esmerada paciencia durante años.
Este libro puede ser el inicio de una serie de publicaciones, si es que alguna editorial quiere hacerse cargo de todo o de parte del abundante material del poeta aún inédito, que sus descendientes desearían digitalizar si contasen con alguna ayuda.
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