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Tadea Lizarbe: "Debemos empatizar más. Cualquiera puede desarrollar una enfermedad mental"

Finalista del premio Planeta con su primera novela, la escritora navarra regresa a las librerías con La ordenada vida del doctor Alarcón

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Finalista del premio Planeta con su primera novela, la escritora navarra regresa a las librerías con La ordenada vida del doctor Alarcón
La escritora navarra Tadea Lizarbe | Harper Collins Ibérica

De todos los capítulos que conforman su nueva novela, La ordenada vida del doctor Alarcón (Harper Collins), Tadea Lizarbe (Pamplona, 1988) recomienda leer encarecidamente el de la consulta número cinco del protagonista con su psicólogo. "Es un diálogo en el que al doctor Alarcón le empiezan a apretar las tuercas. Se pone sobre la mesa la posibilidad de que sea un psicópata; se analizan los síntomas y él observa aterrado que cumple la mayoría de ellos…". Posiblemente esa escena resuma perfectamente las intenciones de la autora, que reconoce que lo que pretende es que el lector empatice con las personas que sufren enfermedades mentales. "Quería tratar ese estigma. Hacer que la gente entienda que cualquiera puede desarrollar una y que las personas que las sufren no son tan diferentes al resto".

El doctor Alarcón es una persona extremadamente inteligente. Tiene un cociente intelectual de 160. Es racional y, por los distintos problemas afectivos que ha experimentado a lo largo de su vida, vive resguardado en una coraza de objetividad que le aisla del mundo. "Ahora están muy de moda los personajes así. Como Sheldon Cooper, de la serie Big Bang, el doctor tiene algunos rasgos de Asperger. Son personas inteligentes, ordenadas, cuadriculadas y racionales. Pero tienen sentimientos, aunque les cueste comprenderlos". Para ella, ese es uno de los puntos clave que la gente debe conocer: "Hay que diferenciar. Porque no toda la gente con ese tipo de rasgos son psicópatas. Los psicópatas son, esencialmente, personas incapaces de sentir empatía. Y ese es otro tema que se debe tratar, porque eso no les convierte necesariamente en malas personas, o en personas inclinadas a cometer actos malvados. Todo depende de sus objetivos; al no sentir empatía acaban viendo a las demás personas en función de su utilidad. Si lo que quieren es descendencia, por ejemplo, es probable que acaben casándose, aunque no sientan nada por la otra persona. Pero eso no les convierte en asesinos, como se ha pintado su imagen tradicionalmente".

Lizarbe se define como una persona de ciencias (es Terapeuta Ocupacional en Salud Mental en su ciudad natal), pero dice que ese no es el factor principal que la ha llevado a analizar en profundidad las enfermedades mentales en sus novelas. "Siempre he tenido esa sensibilidad para empatizar con las personas. Y también con los enfermos mentales. Si no hubiese estudiado lo que he estudiado, probablemente escribiría lo mismo", explica. Para llevar a cabo su objetivo ha tratado de construir la novela concienzudamente: "Me parecía esencial que el lector supiese más que el protagonista. Eso también aumenta el suspense, porque la trama es compleja. Al final, es la historia de un médico con unas características concretas que, por su trabajo, se ve expuesto a tratar a diario con otras personas, y eso le irrita. Además, el nudo surge cuando en su entorno comienzan a sucederse una serie de asesinatos, en periodos exactos en los que él sufre episodios de amnesia". Para que la trama fluya se hace importante la correlación de todos los personajes. "A lo largo de los capítulos van intercalándose pequeñas escenas de la vida de otras personas, sospechosos también, que analizan la situación y que dan su impresión del doctor. Lo que busco es que se desmitifique al personaje. Que descubra que, por muy inteligente que sea, no lo sabe todo, y muchas de las cosas que cree saber no son exactamente como se las imagina". El resultado es un thriller psicológico apasionante, en el que cualquiera puede ser culpable y en el que las líneas entre la bondad y la maldad se difuminan ante los ojos del lector.

Lizarbe cataloga su nueva publicación más como una novela psicológica al uso que como un relato policíaco. "En el libro hay una investigación, evidentemente, y eso hace que se acerque al género detectivesco. Pero no es ese tipo de novela. Me atrevo a asemejarla más con Crimen y castigo, de Dostoyevski, en el sentido de que busco profundizar en la psicología de un personaje complejo. Alarcón, al igual que Raskólnikov, está convencido de que posee la verdad absoluta, y actúa en función de lo que cree correcto. Pero luego las circunstancias le hacen replantearse las cosas y, tal vez, descubrir que para ser fiel a su sistema ético, debe entregarse. Creo que es un personaje muy bien construido en ese aspecto", explica. Para terminar, la escritora navarra ha querido relatar sus inicios literarios. "He escrito toda mi vida, pero empecé a hacerlo por necesidad cuando me fui a estudiar a Zaragoza. Allí terminé mi primera novela y, con una ingenuidad increíble, decidí mandarla al premio Planeta. Quedé entre las diez finalistas, y eso me dio el empujoncito que necesitaba para dedicarme a la literatura", comenta. "Soy de ciencias. Y en ese sentido respeto mucho a los que han estudiado la otra rama. Soy consciente de que tengo mucho que aprender, y eso es algo que me motiva", concluye.

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