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Manuel Reyes Mate habla en la exposición sobre Auschwitz de Canal: "En la modernidad late también la posibilidad de la catástrofe"

El Premio Nacional de Ensayo, Manuel Reyes Mate, habló ayer en la exposición itinerante "Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos".

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El Premio Nacional de Ensayo, Manuel Reyes Mate, habló ayer en la exposición itinerante "Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos".
Auschwitz, desde dentro | Wikimedia Commons

Han pasado casi ochenta años desde que el mundo descubrió la existencia de los campos de concentración nazis. Aquel acontecimiento marcó un antes y un después en la historia; puso al hombre frente al espejo, y le obligó a replanteárselo todo. A día de hoy, las últimas personas que estuvieron allí casi han desaparecido. Es tarea de las generaciones posteriores recordar, para no repetir los errores pasados. Fiel a esa idea llegó a Madrid, en diciembre de 2017, la exposición itinerante "Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos", en la que ayer tuvo lugar una conferencia que trató el controvertido asunto de la memoria, y la necesidad, que brota de ella, de repensar todos esos preceptos que alguna vez han sido catalogados de absolutos.

"Los que vivimos ahora tenemos el deber de la memoria". Este medio ha podido hablar con Manuel Reyes Mate, ponente ayer, filósofo, Premio Nacional de Ensayo y uno de los pensadores que más ha tratado el Holocausto en sus escritos. "Y no es tanto recordar a las víctimas judías, que también, sino el darnos cuenta. En la Segunda Guerra Mundial ocurrió algo impensable. A raíz de aquello, es nuestro deber repensarlo todo. A nivel político, ético, literario…".

En ese sentido, Mate quiso aclarar la relación entre Historia y memoria al decir que "son herramientas que miran al pasado de maneras diferentes. La Historia se centra en los hechos; la memoria en los ‘no-hechos’, en esa parte destruida que se le resiste al historiador. Es la lectura moral del pasado". Tal vez por eso quiso matizar la palabra recordar, porque "no se puede decir que hayamos olvidado Auschwitz. Se ha escrito mucho sobre el tema. Se han hecho películas… pero, sin embargo, toda la tarea de la memoria está por hacer. No hemos cambiado demasiado. Seguimos funcionando con las mismas lógicas del pasado, que siguen intactas".

"El Holocausto nos dejó dos lecciones", prosiguió Mate, "una sería la necesidad de revisar la idea de progreso, algo que no parece que hayamos hecho del todo, porque sigue imperando hoy en día; la otra sería desmontar cualquier base racial o nacionalista de la política. Optar más por una construcción transnacional, como decía Husserl". Sin embargo, no fue demasiado optimista cuando añadió que, a día de hoy, "ha quedado muy poco" de ese ímpetu intelectual que nació tras los conflictos, con la intención de revisar los hechos para no volver a repetirlos. "La Primera Guerra Mundial fue muy productiva. Las corrientes filosóficas se renovaron tras ella. La Segunda, sin embargo, dio muy pocos grandes pensadores… Adorno y poco más", dijo, antes de insistir, "No hay que olvidar el sufrimiento. Es la piedra sobre la que se ha construido la historia".

El doble filo de la memoria

Siguiendo con la conversación, quiso matizar y exponer también ciertos peligros: "De la memoria se puede también abusar, y potenciar los sentimientos de revancha", dijo. Por eso, quiso resaltar la importancia de "hablar de la memoria de todas las víctimas". "Siempre he pensado que quien entiende a una víctima, entiende a todas las demás; y quien solo entiende a las suyas propias, no entiende realmente a ninguna", dijo. Se refirió así a los controvertidos temas de la Guerra Civil española, y a las víctimas del comunismo. "Todas las víctimas son iguales y deben llevarnos a reflexionar de la misma manera. Dan igual los bandos. Evidentemente existen componentes políticos e ideológicos en las guerras, pero las víctimas inocentes deben ser recordadas todas, no utilizadas para generar nuevas rencillas".

Llegados a ese punto pasó a analizar las peculiaridades concretas del nazismo. "Es un tema llamativo y recurrente. Pensar que la Alemania nazi no era, ni mucho menos, un país subdesarrollado. Saber el nivel cultural y de progreso que existía allí, y lo que hicieron pese a todo. Pero eso nos devuelve otra vez al tema de la idea de progreso, tan moderna. La barbarie nazi es el mejor ejemplo que nos explica que en la modernidad late también la posibilidad de la catástrofe", dijo. "Nos descubrió esa ambigüedad que existe en los conceptos modernos. Nos obligó a replantearnos las cosas. La ética. Y a descubrir la importancia de que predominen unas ideas claras, pero siempre sobre la base de la tolerancia", concluyó.

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