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'Carmina o Revienta'

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Con su filme de debut en la dirección de largometrajes, el actor Paco León consiguió llevarse de calle al pasado festival de Málaga, que otorgó a su Carmina o Revienta los premios del Jurado, el Público y mejor actriz, la también debutante Carmina Barrios, madre del propio realizador. No obstante, y pese a que León ha conseguido un impacto mediático superior a lo normal gracias a su arriesgada decisión de distribuir el filme de manera simultánea en varias de las ventanas de exhibición –internet, DVD y cines-, Carmina o Revienta tiene que afrontar todavía su definitivo examen, el del público, al que León le ofrece de manera inesperada un nuevo icono de pata negra al que agarrarse.

En la película, León narra una historia que puede interpretarse en clave de retrato deformado, grotesco y humorístico, de su propia familia. Lo hace abordando la picaresca española más folclórica a base de soluciones procedentes de la sitcom y el cine de guerrilla, aderezando el cocido con un fuerte componente autobiográfico que aporta el aglutinante sentimental necesario a la sucesión de pasadas perpetradas por él mismo. Carmina o Revienta es una comedia sucia y escatológica narrada en clave de falso documental (acuérdense de The Office) en apenas setenta y pocos minutos, pero extremadamente coherente con un planteamiento en el que, de alguna espontánea manera, acaba cristalizando el bizarrismo costumbrista de Aída con ecos de Berlanga y el primer Almodóvar. Y es que, en el fondo, la cinta es un homenaje –zafio pero sentido- del propio León a su madre, quien encarna de manera ejemplar a la propietaria de una venta sevillana decidida a defender por encima de todo una familia de chonis, borrachos e hijos de la Gran Bretaña finalmente entrañables y extrañamente verídicos.

El realizador despacha la función sin pretensiones, pero con el rabioso trazo suelto del cine digital cutre. Su espontaneidad en este sentido resulta casi negligente, pero su arrojo narrativo y el buen tino a la hora de presentar una galería de personajes patéticos y entrañables resulta acertada. León construye la película en base al soliloquio matutino de una maruja cafre y desvelada, una figura caricatusresca tan mezquina como intrépida, y con ello convierte la película en un retrato psicológico inesperadamente avezado y, de alguna manera, verdadero, narrado con una complicidad que convierte al espectador, al menos al que que se deje llevar por su (gamberro, soez) juego, casi en un miembro de la familia.

Pero más allá de eso, Carmina tiene algo de justiciera vigilante, de heroína de western y el relato de frontera (su venta parece estar en medio de ninguna parte). Y la película no deja de resultar un misterio narrado en clave de documental cómico: en su secreta misión de recuperar los jamones que el destino le ha arrebatado, Carmina está dispuesta a pasar por encima de la ley y cuanto cobrador del frac se le ponga por delante. León nos obsequia, en definitiva, con otro icono cañí a la altura del primer Torrente, ese tras el cual se percibía todavía el aliento de la calle. Carmina o Revienta es una pequeña película a la que se la ama o se la odia, pero cuya frescura redondea todos sus posibles defectos. Como diría alguno de sus personajes, es lo que hace tener duende.

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