
A sus cuarenta años Scarlett Johansson sigue cautivando con su espectacular físico, que le ha servido para ser considerada una de las actrices más "sexys" de los últimos tiempos. Desfilando por la alfombra roja del reciente Festival de Cannes ha deslumbrado ante la legión de fotógrafos con su variado vestuario, uno de ellos compuesto de americana clásica y falda de tablas, cortita, a la altura de sus muslos, con un aire como de colegiala. Y exhibiendo esa sonrisa pícara que es uno de sus gestos con los que logra la empatía con su público, sobre todo masculino. Pero a pesar de que Scarlett ha cautivado a cuantos la han visto posar en la Croisette o en las fiestas, afines al certamen cinematográfico, ha tenido que soportar unas duras críticas a la película que presentó, en su debut como directora y asimismo eludir un embrollo que le ha afectado desde que inició el rodaje de dicho filme. Nada en términos generales que tenga que ver con su vida íntima: después de tres matrimonios y un montón de romances, la estrella se considera una mujer feliz con su último marido y también como madre de dos hijos, de anteriores relaciones.
Scarlett Johansson nació en Manhattan, Nueva York, hija de un arquitecto danés y una madre, actriz frustrada, que al no haber triunfado como tal se impuso animar a su hija a que lo consiguiera. Convertida en su mánager, sintióse satisfecha al ir compartiendo los éxitos de Scarlett.
De los primeros, cuando sólo contaba dieciocho años, llamó la atención de los espectadores de una de sus primeras películas, Lost in Translation, donde mostraba un llamativo trasero, con unas bragas casi transparentes. Fue el principio de su carrera donde ya se presentía que iba a ser un símbolo sexual en la cinematografía norteamericana.
Woody Allen la dirigió en tres películas: Scoop, Match Point y Vicky Cristina Barcelona, esta última, como se recordará, rodada en Barcelona con Penélope Cruz y Javier Bardem, que no añadió muchos reconocimientos al admirado guionista y director.
Al tiempo que Scarlett iba acaparando cada vez más contratos, más popularidad, más dinero, su biografía sentimental fue completándose con una serie de romances que no le produjeron la estabilidad que perseguía, quedando para los lectores de las revistas rosas como una conquistadora de hombres, de naturaleza frívola.
Ya apuntaba siendo adolescente por su compulsivo comportamiento con los chicos de su edad; con uno de ellos, Jack Antonoff, vivió su primer amor cuando estudiaba en la Professional Children´s School. Y ya estrenando su primera juventud, fue añadiendo novios y amantes: tres de los cuáles se convirtieron en sus respectivos maridos. Antes de su primera boda, tuvo amoríos con los actores Jared Leto, Patrick Wilson y Josh Hartnett, su compañero de reparto en La Dalia Negra. Consumadas tales relaciones fue cuando en 2008 se casó por vez primera con el actor canadiense Ryan Reynolds, con el que estuvo unida tres años.
Nada más alcanzar de nuevo la soltería encontró en Sean Penn una nueva ilusión. Y otra después con el publicista Nate Naylor. Estando en Francia cayó en los brazos de un periodista y dueño de una agencia de publicidad, Romain Dauriac, con quien se casó en 2014, siendo madre de una niña. A los tres años, otra ruptura, de la que se curó al conocer en 2017 al comediante Colin Jost, con quien celebró su tercer desposorio en 2020, siendo padres de un varón. Por el momento, Scarlett Johansson no ha tenido ocasión de romper su vínculo. Dice vivir un periodo tranquilo.
Como su carrera iba viento en popa, alternando con la canción, sus empresas, su productora (siempre fue muy activa y de jovencita destacaba ya como modelo), actividades que nos llevan a considerarla no como la frívola que muchos creen sino una avispada mujer de negocios, aparte de sus cualidades artísticas, Scarlett decidió emprender la aventura de dirigir su primer filme Eleanor The Great, que es el que en el Festival de Cannes ha cosechado malas críticas. Pero hay algo más. Y es que su ex Ryan Reynolds y la actual esposa de éste, Blake Lively, mantuvieron no hace mucho tiempo una agria polémica con el actor y productor de esa película, Justin Baldoni. Y en medio de ese clima, estaba Scarlett Johansson. No queda ahí el conflicto, pues la antes citada actriz Blake Lively acusó al productor Baldoni de acoso sexual y de efectuar una campaña difamatoria antes de que se estrenara la dichosa película. El embrollo aumentó cuando Baldoni la demandó a su vez, acusándola también de difamarlo, solicitando una indemnización de cuatrocientos millones de dólares. Este Justin no quiso estar presente en Cannes. Con todo ese lío, aunque lo ocultase bajo sus sonrisas, Scarlett Johansson está muy fastidiada estos días, creemos sin ganas de volver a situarse tras las cámaras. Lo suyo será como siempre: rodar historias excitantes.


