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Santiago Navajas

Robert Duvall, el grandioso actor de carácter hace mutis por el foro

Fue un maestro de la actuación: versátil, técnico, convincente, y capaz de habitar personajes complejos sin depender de ser el rostro central.

Robert Duvall | Cordon Press

En el cine pasa como con el fútbol y los toros, que los focos se centran en las grandes figuras, dejando en la penumbra de la fama y la gloria a los que en español se les denomina "actores secundarios" o "actores de reparto", también "actores de carácter", los cuales siempre parecen estar al servicio de las grandes figuras, de los actores protagonistas, de las estrellas que venden camisetas de fútbol y agitan las taquillas cinematográficas. A bote pronto se me ocurren nombres como Walter Brennan —el vaquero cascarrabias y tres veces ganador del Oscar a Mejor Actor de Reparto, inolvidable en clásicos de John Ford como La diligencia o Río Bravo— y José Bódalo —el imponente secundario argentino-español de rostro memorable, villano arrollador en spaghetti westerns como Django o dramas televisivos como Doce hombres sin piedad—, que representan esa estirpe de intérpretes que elevan cualquier película con su presencia inconfundible, versatilidad y carreras largas sin necesidad de ser protagonistas absolutos; entre los más destacados de la historia figuran figuras clásicas estadounidenses como Thomas Mitchell (el borrachín entrañable de Lo que el viento se llevó y ¡Qué bello es vivir!), Ward Bond (el amigo leal y rudo en westerns de Ford), Sydney Greenstreet y Peter Lorre (los villanos astutos e inquietantes de El halcón maltés y Casablanca), Thelma Ritter (la sarcástica vecina de La ventana indiscreta), o modernos como Steve Buscemi (el nervioso excéntrico de Fargo), J.K. Simmons (el jefe intenso de Whiplash), Philip Seymour Hoffman (el perdedor abisal) y Bill Camp (el magnético tipo corriente); en el cine español destacan José Luis López Vázquez (el español medio cómico o trágico en Plácido y La cabina), Francisco Rabal (el galán convertido en secundario potente de Buñuel), Alfredo Landa (el carismático rústico), Fernando Rey (la elegancia sutil), Agustín González (el madrileño de barrio), Manuel Alexandre (el secundario eterno simpático o siniestro) y Chus Lampreave (la excéntrica de Almodóvar), todos ellos maestros en robar escenas con autenticidad, profundidad y un carisma que hace que el público los ame incluso más que a los protagonistas, demostrando que los verdaderos pilares del cine a menudo no necesitan el foco principal para dejar una huella imborrable.

Imagen de "El Padrino"

Robert Duvall pertenecía a esta estirpe de actores de carácter de élite, aunque su carrera también incluyó papeles protagonistas destacados que lo elevaron más allá de esta categoría. Los actores de carácter suelen repetir arquetipos o tipos reconocibles, con carreras largas y estables, muy valorados por sus colegas, y que interpretan roles muy distintos a su personalidad real, por lo que Duvall encajaba perfectamente como un ejemplo sobresaliente de actor de carácter. De hecho, comenzó con papeles secundarios y de apoyo (como en Matar a un ruiseñor, un papel pequeño pero memorable, o personajes en Bullitt, Valor de ley y *M*A*S*H*). En los años 70 ya era considerado uno de los mejores actores de carácter de Hollywood, uno de esos jugadores de baloncesto que salen del banquillo para solucionar partidos que se habían puesto empinados, y donde más valía la maña, la fuerza y la determinación que las florituras. Interpretó una amplia variedad de tipos, algunos de ellos de leyenda, como el consigliere calculador y leal (Tom Hagen en El Padrino), el coronel excéntrico y amante del napalm (Kilgore en Apocalypse Now), marines autoritarios y explosivos (Bull Meechum en El gran Santini), predicadores complejos y conflictivos (El apóstol). Pero demostró que cuando era protagonista absoluto se podía llevar un Óscar, como hizo cuando interpretó a un vaquero melancólico y tierno (Tender Mercies). Lo mismo era el más generoso de los mafiosos que el más cínico de los policías.

Imagen de "A Civil Action"

Sus interpretaciones eran intensas pero sutiles, con capas de volatilidad, autoridad áspera, un macho con vulnerabilidad oculta, o figuras masculinas tradicionales (soldados, vaqueros, líderes) pero con profundidad emocional y matices que los hacen únicos y memorables. Ahora se hablará mucho de sus interpretaciones en El Padrino y en Apocalypse Now, sin embargo, les sugiero que si quieren conocer al esencial Duvall vean los pocos minutos que tiene en Una acción civil, protagonizada por John Travolta. Duvall interpreta a un abogado de grandes corporaciones, Jerome Facher, un maestro de los litigios que se dedica a no hacer aparentemente nada, que parece ser incluso un poco estúpido, pero que, sin embargo, se adivina que tras su bonhomía y pereza se esconde un tiburón blanco que hará papilla al abogado concienciado que interpreta Travolta. El verdadero Facher estaba entusiasmado con la forma en que fue retratado por Robert Duvall. Esta película de abogados se construye como si fuera una partida de ajedrez en la que Duvall, en principio solo un alfil, demuestra que puede ser más poderoso incluso que la Reina y terminar devorando al estupefacto Rey. Cuando el guionista Steven Zaillian adaptó el guion lo hizo pensando únicamente en Robert Duvall para el papel de Jerome Facher. Lo grandioso de esta película reside en que su elenco es una suma de actores de reparto acompañando a Duvall, nada menos que Kathy Bates, Sydney Pollack, William H. Macy, Kathleen Quinlan, John Lithgow, además de Travolta.

Robert Duval en "Open range"

Aunque no se limitó a un solo "tipo" rígido como algunos, su presencia física (calvo, fibroso, sin look de galán clásico) y su estilo lo hicieron ideal para personajes secundarios o de apoyo potentes. Tuvo una carrera extremadamente larga (más de 60 años, hasta 2022) y fue enormemente respetado por sus pares como un "actor de actores", capaz de "desaparecer" en cualquier rol y aportar autenticidad sutil. En esencia, su identidad profesional siempre fue la de un maestro de la actuación: versátil, técnico, convincente, y capaz de habitar personajes complejos y muy distintos entre sí, sin depender de ser el rostro central de la película.

Robert Duvall era un actor de carácter paradigmático, uno de los más grandes y respetados de la historia del cine, con la particularidad de haber alcanzado también estatus de estrella en papeles principales sin perder su esencia como intérprete camaleónico y de apoyo inolvidable. Su legado encaja a la perfección con su imagen. Siempre ocupado, admirado por sus colegas, con una carrera legendaria y el cariño y el aplauso del público que ahora que hace mutis por el foro es más cálido y estruendoso que nunca.

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