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Fernando Navarro García

Su Dios no lo quiere y, además, no se lo va a permitir

Concurren elementos comunes que deberían sacarnos del letargo sociopolítico en el que nos encontramos para atrevernos a tomar decisiones.

Otro nuevo atentado islamista. Quizás cuando lean estas líneas ya haya uno o varios mas ocupando efímeramente los titulares... Repasemos brevemente la cronología de los atentados islamistas acaecidos en el occidente democrático en el breve lapso de dos meses (25 de junio a 26 de julio de 2016). No incluyo las tentativas frustradas ni las células islamistas desarticuladas por la policía, sin cuya eficacia y operatividad las cifras serían aun más devastadoras. Tampoco incluyo los atentados islamistas en países musulmanes, no por percibirlos menores - una víctima siempre es una víctima- sino por ser cuanticualitativamente distintos a los que empezamos ahora a sufrir en nuestras carnes:

  1. 25 de junio de 2016. Atentado con arma de fuego contra discoteca de ambiente gay. 50 asesinados (Orlando, EE.UU)
  2. 14 de julio de 2016. Camión atropella a multitud. 84 asesinados (Niza, Francia)
  3. 18 de julio de 2016. Atentado a hachazos en metro. 3 heridos graves (Alemania)
  4. 21 de julio de 2016. Atentado con arma de fuego en hamburguesería. 9 asesinados (Alemania)
  5.  23 de julio de 2016. Mujer embarazada asesinada por refugiado sirio (Alemania)
  6. 25 de julio de 2016. Refugiado sirio se suicida con bomba en festival musical. 15 heridos graves (Alemania)
  7. 26 de julio de 2016. Intento de atentado con explosivos en las JMJ - Jornadas Mundiales de la Juventud católica (Polonia)
  8. 26 de julio de 2016. Secuestro de varios religiosos en una iglesia católica y asesinato por degüello de uno de ellos (Normandia, Francia)
  9. Dejo para el final de esta sangrienta lista a los ciudadanos de Israel, un Estados que es parte indudable de lo que entiendo por “Occidente democrático”, pues este tipo de atentados indiscriminados sobre su población civil son habituales y contínuos desde hace décadas a pesar de que nosotros los europeos sistemáticamente los ignoremos o 'expliquemos' con nuestra habitual y suicida tiranía de la penitencia (parafraseando a Bruckner).

Sin embargo, y a pesar de la sorprendente y calculada desinformación oficial (especialmente en Alemania), creo que concurren en todos los casos ciertos elementos comunes que deberían sacarnos del letargo sociopolítico en el que nos encontramos desde hace unas décadas para atrevernos a tomar decisiones. ¿Cuáles son esos elementos comunes a todos los atentados en Occidente?

I. El móvil religioso del atentado es siempre el islam, bien bajo el grito expreso e indubitado de "¡Ala es grande!", o bien tácitamente a poco que nos permitan indagar en el contexto socio familiar del terrorista. No existen hoy en día crímenes ni terrorismo cristiano (ni budista, ni judío, ni shintoista...) y para toparnos con ellos debemos retrotraernos al siglo XI con Pedro el Ermitaño, Urbano II y su "Dios lo quiere" ("Deus volt"). En todos sus siglos de existencia, la Inquisición no asesinó a tantos inocentes como el fundamentalismo islámico ha asesinado en este último año.

Henry Kamen, una de las voces más reconocidas en el estudio de la Inquisición española, afirma en una investigación publicada por la Universidad de Yale (2014) que “podemos concluir con probable estimación, que un máximo de tres mil personas pudieron haber sido condenados a muerte durante toda la Inquisición, basados en la documentación disponible”.

Puede que las estimaciones de Kamen sean demasiado bajas (Llorente, el historiador del s. XIX, estimó en 30.000 los asesinados por la Inquisición española) pero representan la perspectiva general de los estudiosos contemporáneos. En todo caso, estas cifras de muertes debidas al fanatismo religioso cristiano corresponden a un total acumulado de 350 años de existencia de la Inquisición en España. Según el informe anual de Global Terrorist Index (GTI), en 2014 más de 15.000 víctimas del terrorismo internacional lo fueron a manos de islamistas. Hagan ustedes sus números y comparen si quieren con la Inquisición.

Ello no quiere decir que todos los musulmanes sean terroristas, pero si que la mayoría de terroristas son musulmanes. Aunque empiezan a escucharse algunas voces críticas acreditadas dentro del islam, todavía es una exigua minoría la que desde Europa y Occidente alza su voz claramente contra el islamismo (parto de la base de que oponerse al islamismo desde el mundo musulmán es tan difícil y arriesgado como hacerlo al nazismo desde dentro del Tercer Reich... y aún así algunos como Joachim Fest o Dietrich Bonhoeffer lo hicieron).

Con ese injustificable silencio o equidistante tibieza resulta muy difícil sostener la bienintencionada idea de un islam mayoritariamente moderado instalado en Occidente (parto de la base de que el islam moderado en países islámicos no puede alzar su voz, so pena de muerte, tortura o privación de libertad). Ese presunto islam moderado debería gritar a los cuatro vientos, como nos recordó Joaquim Fest, "aunque todos participen, yo no" (la frase en realidad es de San Mateo al narrar el sermón de la montaña: "Etiam si omnes, ego non!"). Es precisamente Fest - en su ya citada autobiografía Yo no- quien recuerda amargamente el silencio cómplice de las democracias occidentales ante la barbarie nazi lo que debilitaba aún más la moral de lucha de la oprimida oposición a Hitler dentro del Tercer Reich. Si quienes podían criticar al nazismo desde fuera no lo hacían, ¿qué cabía que hicieran quienes estaban subyugados por el tirano? Callar, por supuesto, y esperar a que las cosas mejoraran. Pero la maquinaria de la historia no suele funcionar así.

II. La nacionalidad de origen del terrorista: suele tratarse de refugiados o nacionalizados recientemente. En todos los casos declaran profesar la fe musulmana.

III. El terrorista es joven y varón, lo cual es lógico en una religión que anula a la mujer y promete varias decenas de huríes a sus guerreros muertos en combate. En cuanto a la juventud, conviene comparar las imágenes de refugiados de la Segunda Guerra Mundial o de Yugoslavia - abarrotadas de ancianos- frente a esta nueva y trágica ola proveniente de Medio Oriente en donde los ancianos han sido sustituidos por jóvenes en plena forma. ¿Qué ha sido de los ancianos sirios? ¿Por qué razón no huyen también? ¿En dónde los dejaron?

IV. Los países elegidos para atentar son sociedades abiertas y democráticas - y consecuentemente infieles- que cuentan con una importante base social e institucional islamista (imanes, mezquitas, medios de comunicación, consejos islámicos...) y que, en general, aprovecha las ventajas de la sociedad abierta para minarla y destruirla desde dentro con apoyo de una generosísima y constante financiación exterior proveniente de regímenes tiránicos como Arabia Saudita. La cooptación paulatina y silenciosa del poder es, por lo tanto, una pura cuestión de tiempo y de demografía y a menudo olvidamos que el factor tiempo en el islam sigue un ritmo mucho más lento que en este Occidente que sólo actúa a golpe de encuesta y tendencia de moda. En la carrera de la Historia se han impuesto siempre quienes han tenido un plan a largo plazo, un proyecto, frente a quienes solo han sabido reaccionar ante el instante.

¿Qué hacer cuando ya ha pasado el tiempo de las elucubraciones y de los experimentos sociales? Durante años hemos experimentado mucho y mal con el multiculturalismo. En realidad, no hemos integrado a las comunidades musulmanas sino facilitado la segregación y el aislamiento reclamado por los radicales islamistas (Giovani Sartori y Oriana Fallaci lo vieron claro hace décadas). El islamismo nos ha declarado una guerra que está siendo urbana e irá en aumento. En Occidente la guerra ya no puede ser de otra manera que en las ciudades y en los centros comerciales.

Sí, nos han declarado la guerra aunque nos ofusquemos en negar la realidad. Y en tiempos de guerra - aunque la palabra nos asuste y abrume - no es posible aplicar las leyes y los derechos con la misma generosidad humanística que se hace en tiempos de paz y que ha encumbrado a Occidente frente al resto del mundo. Nuestro desarrollo sociopolítico es consecuencia de los valores que el islamismo quiere destruir y por paradójico que nos resulte, ahora que volvemos a encontrarnos ante el dilema electivo de libertad o seguridad tendremos que optar por la seguridad ya que sin ella la libertad no será más que una palabra vacía o una burla en boca del sacrotirano de turno.

Y esa autolimitación de nuestras libertades me temo que tendrá que pasar -mejor temprano que tarde- por la aprobación de políticas de reciprocidad religiosa, impidiendo por ejemplo la financiación y construcción de mezquitas por parte de aquellos estados musulmanes que impiden o persiguen a otras religiones. Y esa autolimitación debería implicar la expulsión inmediata o la prisión de quienes hagan apología del islamismo y por una regulación más realista y responsable del derecho de asilo y de las reagrupaciones familiares in extenso, y limitar la tolerancia de ideas medievales e intolerantes que hemos amparado con un relativismo ético y cultural que acepta sin pestañear la violencia domestica y la discriminación de la mujer y la persecución de los homosexuales y de los ateos, infieles y malos creyentes. Y todo eso, lamento tener que escribirlo, pasa también por el control e incluso la prohibición democrática del proselitismo violento de la única religión actual en cuyo nombre se asesina a miles de inocentes - mayoritariamente musulmanes- cada año.

Su Dios no lo quiere y, además, nosotros no se lo vamos a permitir.

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