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¿A quién teme Podemos?

Un Albert Rivera sin contaminar es un peligro para un sistema corrupto y endogámico. Por ese le teme Pablo Iglesias.

Asís Tímermans
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Mientras los de la derecha sean ese tipo de gente nos están haciendo un regalo, porque ganamos nada más entrar. Pero con esos no nos vamos a jugar los cuartos. El problema está en la capacidad que están teniendo de comunicar políticamente UPyD y Ciutadans... y no digamos ya un tipo como Albert Rivera... (Pablo Iglesias. Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista, septiembre de 2013).

Podemos aprovecha la crisis –la económica y de la corrupción– para normalizar una opción que en otro escenario no tendría oportunidades. Por eso, los ataques a Podemos no le hacen daño si vienen de personas o instituciones que encarnan esa crisis. Sensu contrario, sí temen a quienes pueden mantener un discurso ideológico contrario con ilusión y sin lastres.

Esto es especialmente aplicable al debate público. Cuando Iglesias debate con miembros del PSOE, o con los pocos que en Izquierda Unida puedan resistírsele, se saben objeto de un chantaje dialéctico: en la medida en la que no le apoyen, son casta.

Cuando participan en el debate personas como Alberto Garzón o Tania Sánchez, no solo existe respeto, sino complementariedad: su misión común es conformar el liderazgo de la izquierda radical. No se trata de impulsar o no a Izquierda Unida, sino de ver cómo su activo –estructura, medios, cargos públicos y algunas personas– pueden ponerse de la mejor manera posible al servicio de una opción ganadora. La que liderará Iglesias.

En el caso del PSOE, algunos se mostraron desde el primer momento dispuestos a ceder al chantaje. Los guiños de Eduardo Madina a Podemos en su campaña para optar a la Secretaría General del PSOE auguraban un rápido suicidio del viejo partido de la izquierda de haber conseguido su objetivo.

Desde una posición intelectualmente más sólida, un destacado miembro del PSOE, profesor de Economía en una universidad católica y con grandes posibilidades de ser el próximo alcalde de Madrid, protagonizaba en un debate televisivo sostenido tras las elecciones del 25 de mayo de 2014 una equivocada y sonrojante sumisión al líder moral de la izquierda. Los líderes del Partido Socialista se encontraron con que la "formación de moda" y el líder al que todos escuchaban les calificaba como "derecha" o "casta", y les resultaba difícil defenderse de sus acusaciones sobre prebendas, corrupciones o puestos en consejos de administración. Algunos optaron por la sumisión y el colegueo, ante el regocijo de Pablo Iglesias. Su insistencia en esa vía solo confirmaría el papel de "líder moral de la izquierda" que asumió Pablo Iglesias.

En el campo del Partido Popular no se daban por aludidos. En general, el PP no promueve a sus propios miembros para defender sus posiciones –con excepción de unos pocos políticos vocacionales como García Albiol–, sino a periodistas afines, algunos de completa sonrojante sumisión y eficacia discutible. Muchos actúan como si el fenómeno Podemos solo afectase a la izquierda, sin percibir que Podemos sí les quita votos, les resta credibilidad y radicaliza la vida política.

Iglesias, experto en comunicación, era consciente hace solo un año de que su discurso radical necesitaba ser normalizado. Al concederle algunos medios de derechas el papel de representante de la izquierda consiguieron instalar en una posición central del espacio político un discurso que en casi toda la Europa Occidental es marginal. Al disputar algunos miembros del Partido Socialista un discurso radical, en vez de reafirmar el propio de una socialdemocracia moderna, terminaron por normalizar un discurso que, por su propia esencia, no podía ocupar el centro del debate.

¿Qué cambio podría promover al respecto el Partido Popular? En las formas, promover excelentes comunicadores, cercanos al ciudadano normal, que no estén ni siquiera estéticamente manchados por la tolerancia hacia la corrupción o la insensibilidad ante los más afectados por la crisis. En el fondo, renovarse por completo, eliminar en sus filas toda corrupción, depurar a quienes se han mostrado tolerantes con ella, proponer un discurso ilusionante contra la crisis y en favor de los más débiles... Poca cosa.

¿A quién teme, entonces, Podemos? No a una Izquierda Unida que se ha rendido. Ni a unos partidos como el Socialista y el Popular cuya regeneración sería improbable, complicada y tardía.

Podemos teme a los que representan regeneración, ilusión y futuro.

Albert Rivera y UPyD. Esos sí me preocupan. Esos sí son nuestros adversarios. De hecho hay veces que hay gente que ha llegado a decir "qué bonito sería un gobierno con gente honrada como Revilla, Pablo Iglesias y Rivera (Pablo Iglesias. Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista, septiembre de 2013).

Obviaré la figura de Revilla, porque pienso que, además de no ser potencialmente dañino para Podemos, que su mera existencia responde más al interesado capricho de ciertos poderes fácticos que a una demanda social. Con muchos matices que no vienen al caso.

Hasta el 25 de mayo, solo dos líderes políticos –y sus dos formaciones– representaban la "gente normal" a la que teme Iglesias: Rosa Díez y Albert Rivera.

Iglesias explicaba su temor por UPyD en marzo de 2013 en la conferencia Comunicación política en tiempos de crisis, dentro de las jornadas Organizando la Resistencia que cada año organizan en Zaragoza las Juventudes Comunistas:

UPyD es el partido más inteligente de este país. Es un partido ganador, solo utiliza significantes ganadores. Siempre se posiciona con la postura razonablemente mayoritaria y popular [...] es el partido que elige buenos portavoces.

Iglesias ha ejercido profesionalmente durante años como experto en comunicación. También ha empleado sus conocimientos, sin ningún escrúpulo, impulsando la censura que en su refugio –la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid– se aplicaba a quienes perjudicaban el poder absoluto de la izquierda radical.

Dirigió y controló a los estudiantes que boicotearon una charla de Rosa Díez. Él mismo cuenta cómo aconsejaba a una de las participantes. Y la respuesta de Díez:

¿Es buena comunicadora Rosa Díez? Muy buena. Yo la he visto en mi facultad, que cada vez que va le montan un pollo de narices, aguantar el pollo con inteligente estoicismo (...) En una de estas acciones que hicieron, hablé con una de las estudiantes que se dirigían a ella y le dije: "Pídele que te mire a los ojos, porque si consigues que te mire a los ojos, ya la tienes". Le dijo tres veces "míreme a los ojos, señora Rosa Díez". Y no le miró a los ojos. ¡Qué buena! Tiene un asesor de comunicación mejor que yo, porque lo está haciendo muy bien.

Pero las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2014 perjudicaron a UPyD, pese a sus buenos resultados. Una cierta percepción de estancamiento, y el papel de fuerza regeneradora que le robó Podemos provocó decepción. La revelación, poco después, de que Rosa Díaz participaba en una sicav –instrumento de inversión contra el que su partido se había pronunciado– dañó una imagen regeneradora peligrosamente centrada en la figura del líder. Las posteriores discusiones sobre la necesidad de colaborar con Ciudadanos, enfangadas por las formas de los dirigentes más cercanos a Díez, puso a UPyD en una delicada posición de la que solo saldrá si hace de la necesidad virtud, dando un audaz salto adelante en lo que debería ser su objetivo político.

Pero la persona –más que la formación política– que por sus características más preocupa a Iglesias es Albert Rivera. Merece la pena transcribir completa la reflexión de Iglesias, porque no solo revela a quién teme el líder de Podemos, sino sus razones para temerlo:

Esto es la gente normal. Esta es la percepción: una cuestión de imagen una cuestión de estilo, un discurso antiélites… Mientras en la derecha sean ese tipo de gente, nos están haciendo un regalo, porque ganamos nada más entrar, Pero con esos no nos vamos a jugar los cuartos (...) El problema está en la capacidad que están teniendo de comunicar políticamente UPyD y Ciutadans...Y no digamos ya un tipo como Albert Rivera, al que yo entrevisté en La Tuerka y qué bueno es, qué bueno es. Es mejor que cualquier dirigente de la izquierda a la hora de enfrenarse con preguntas difíciles. Eso es lo que me preocupa más.

Con Rivera, con Toni Cantó, con Rosa Díez, es otra cosa porque son capaces de generar enormes consensos y entusiasmos de la gente que está harta...

Sería largo analizar el papel de Ciudadanos, sus posibilidades de convertirse en alternativa y las estrategias a seguir. Pero temo que la irrupción de Podemos ha puesto a la formación que dirige Albert Rivera en una posición con poco margen de actuación. Ciudadanos no es una fuerza que quiera explotar las contradicciones de sus adversarios políticos y las grietas del sistema para derribarlo. Ciudadanos pretende hacer realidad lo que la Constitución prometía: Estado de Derecho, igualdad de los españoles, libertad individual, separación de poderes, control de los cargos electos... Ciudadanos es una fuerza regeneradora, y tiene la ventaja de no tener el lastre del pasado.

El Podemos de la derecha solo puede ser Ciudadanos. Pero su configuración como fuerza regional y sus limitaciones para actuar como fuerza antisistema lo lastran. Es un drama que una clase política endogámica y de tan bajísimo nivel haya convertido a gente normal, buenos profesionales y respetuosos con el Estado de Derecho, en elementos antisistema. Pero es una realidad que hay que gestionar: un Albert Rivera sin contaminar es un peligro para un sistema corrupto y endogámico. Es un antisistema. Pablo Iglesias se apropia fácilmente ante "la casta" de los conceptos democracia, derechos humanos, decencia y patriotismo. El único que se los puede disputar con autoridad es Albert Rivera. Por eso le teme.


NOTA: Este texto es un extracto del libro de Asís Tímermans ¿Podemos?, que acaba de publicar la editorial Última Línea.

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