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Talvisota, la verdad del comunismo

En su novela, Xavier Horcajo se pregunta por qué el comunismo en España está mejor visto que otras doctrinas totalitarias

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Soldado en posición durante la Talvisota | Wikimedia Commons

El invierno en Finlandia es frío. La nieve dificulta las comunicaciones y las temperaturas bajo cero hacen que sea muy complicado sostener el fusil. Las ventiscas, además, entorpecen la visión y pueden hacer que hasta los soldados más experimentados se extravíen. Por eso, tal vez, y por la inferioridad numérica, en la Talvisota (nombre en finlandés de la Guerra de Invierno, que estalló cuando la Unión Soviética trató de conquistar ese territorio a finales de 1939), los fineses se vieron obligados a protagonizar salidas rápidas y certeras, que acabasen de manera eficaz con los objetivos sin obligar a sus unidades a soportar largas jornadas expuestas a la congelación y la hipotermia. Jerónimo Espinosa, un antiguo republicano español que ganó notoriedad durante la guerra civil debido a su habilidad para inutilizar tanques enemigos, espera tumbado sobre la nieve a que lleguen los refuerzos. Está solo, y por la mira telescópica tiene a tiro a un oficial de la NKVD soviética que da órdenes a gritos a unos cincuenta hombres de rango menor. Desde donde está puede verle bien, de frente, observar cada rasgo de su cara. Por desgracia, como cada vez que ha avistado a un enemigo desde sus tiempos en el frente español, una desilusión imperecedera le invade el pecho. No es Cara Picada. Le matará igualmente, pero no hasta que hayan llegado sus compañeros. Enfrentarse él solo a tantos enemigos sería un suicidio absurdo. Ha esperado demasiado, además, y ha comenzado a sentir ese temido cosquilleo en el pie izquierdo. Se le está congelando. Intentar un asesinato certero y una huida rápida ya no es posible. Consciente de su situación, decide resignarse y seguir esperando. Cuando al fin llega el resto de su unidad obvia el hecho de que necesita atención urgente y se pide al oficial para él. Cogiendo aire y apuntando bien, descerraja tres disparos lejanos que aciertan en la cabeza del infeliz.

Con esa escena comienza Talvisota (Actas), la última novela de Xavier Horcajo que narra la historia de "amor, venganza y odio" que llevó a un malagueño a perseguir durante años a un espía soviético por diferentes frentes de guerra. Pero en realidad se trata de un testimonio, de un argumento que sirve para ilustrar una realidad que, en opinión del autor, parece olvidada: "la verdad histórica que se esconde detrás del marxismo, del leninismo, del estalinismo o del trotskismo". Es un aviso contra todas las doctrinas totalitarias, que lo único que buscan es cercenar las libertades con el fin de ostentar el poder absoluto sobre una población, y sobre todo es una exposición que busca informar acerca de lo que pasó, también en España, en nombre de unas ideas que todavía hoy resuenan con fuerza en diferentes sectores de la población. Mientras que en muchos países los símbolos soviéticos son tan condenados como los nazis, Horcajo se hace una pregunta: ¿Por qué en España no? Este medio se ha reunido con él para que lo explique personalmente.

LD: ¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?

Xavier Horcajo: Pues mira, surge de dos cosas. La primera tiene en el fondo retiniano el interés de hacerle un homenaje a una persona que yo conocí, que es el protagonista, Jerónimo Espinosa. A él, no todo lo que le pasa en el libro le sucedió, aunque sí que todo lo que pasa en el libro le sucedió a alguna persona. El truco del narrador es incorporar en una sola línea de vida las experiencias de diferentes personas.

LD: ¿No es ficcional?

XH: No. En absoluto. Yo diría que el 90 por ciento del libro está constatado. Yo he hecho viajes, tanto por España como por Finlandia, y he entrevistado a varias personas que me han contado lo que vivieron. Jerónimo era un señor mayor, al que yo conocí en París cuando Franco todavía estaba vivo, muy añorado de España, que estaba casado con una mujer finlandesa y que me contó su historia de amor juvenil en Málaga y su recorrido por todos los frentes en busca de una venganza que al final pudo consumar. Esa historia es verídica, aunque la venganza no sucedió realmente como aparece en el libro.

Pero volviendo a tu pregunta inicial. El detonante que me empujó a escribir esta historia fue una visita a la Universidad Complutense en la que yo veo, en un hall, una foto colgada de Stalin… Eso me revolvió las tripas, porque existen muchos países, sobre todo después de que Alexandr Solzhenitsyn escribiese Archipiélago Gulag, en los que la hoz y el martillo son tan ofensivos y están tan mal vistos como la esvástica nazi.Y eso en España no sucede…

LD: Un argumento esgrimible sería que el comunismo no tiene por qué acabar siendo estalinismo; que el estalinismo es una aplicación particular y extrema del ideal comunista…

XH: Yo discrepo un poco. Hay países en los que el testimonio de personas que sufrieron la política del terror soviética, como Solzhenitsyn, es suficientemente contundente como para generar el rechazo a cualquier ideal que recuerde a aquello; y hay otros en los que se le quita importancia y se salva la ideología… Pero lo importante es saber que el problema soviético no nace con Stalin. En el libro sale bien reflejado. Lo que viene a decir es que ojo, porque fue el propio Marx el que situó el origen del propósito del mal. Luego es verdad que antes de morir se retractó, y que acabó diciendo que el marxismo era una barbaridad… Fue Lenin el que estableció los primeros gulags, fue Lenin el que hizo las primeras checas… El que convirtió monasterios en el mar blanco, de la época de Catalina la Grande, en grandes centros para encarcelar gente por sus ideas, por ser homosexuales, por ser poetas… Por ser judíos… El antisemitismo soviético no se ha tratado en profundidad. Stalin mató más judíos que Hitler…

Y eso puede verse bien en los países de Europa del este, como Polonia, que sienten el mismo rechazo por los nazis que por los soviéticos. Esa vacuna contra los totalitarismos, también los de izquierda, es algo que los países del sur no tenemos. En la Francia de entreguerras los comunistas decían que francés se era de origen, pero que lo realmente importante, su sentimiento, era soviético. En España pasaba igual. Una cosa que ha pasado aquí es que los argumentos de Solzhenitsyn se han atribuido a los franquistas, que los utilizaban para cargar contra las ideas de izquierdas, y han perdido legitimidad… Por eso, tal vez, la bandera de la hoz y el martillo no está estigmatizada, y es enarbolada en diferentes actos públicos… A nadie le repugna. Sin embargo hay países en los que sí. Ahí es donde yo me di cuenta, y entendí el asunto como una especie de exigencia moral, escribir un relato que ilustrara, a través de un personaje, las barbaridades que implica una ideología como el estalinismo, y lo que hubo antes del estalinismo también. No hay que olvidar que fue Trotsky el que inauguró las purgas en el ejército rojo; Nin, aunque es verdad que murió como un mártir, de santo no tenía nada…

Lo que hicieron en Rusia paulatinamente fue cargar contra la familia, considerada un estorbo; contra la religión, considerada un estorbo; en el ejército establecieron la figura de los comisarios políticos al lado de los oficiales. Lo hicieron para acabar con las jerarquías, peligrosas porque podían hacer que algunos oficiales ostentaran demasiado poder… También dentro del partido existieron unas purgas terribles… En un momento determinado en Rusia se fusilan a 4 millones de personas al año. Stalin practicó el exterminio con ciertas personas, las más cercanas, que él consideró que le habían traicionado… Y digo exterminio porque no solo las hizo desaparecer a ellas, sino también a toda su familia… Su objetivo era establecer un estado de terror absoluto, deshumanizar a la gente, ir restando libertades, convertir al ser humano en esclavo, preparar el terreno para que fuese más fácil mantener el poder absoluto.

LD: Mucha parte del libro se centra en España. Hay una frase que me ha llamado la atención, y es la que dice que los propios dirigentes de la República tranquilizaron a los asesinos de Calvo Sotelo, que querían huir fuera del país, diciéndoles que la Guerra Civil estaba a punto de estallar, y que una vez estallase su caso se olvidaría.

XH: Eso sucedió, sí. Hubo dos dirigentes socialistas, próximos a Prieto, que les dijeron eso. Y es que hay una pregunta que debemos hacernos. ¿Qué hacían espías soviéticos en España años antes de que comenzase la guerra? Durante el conflicto, además, dentro del ejército republicano muchos líderes comunistas se hicieron con el control de los frentes. Cambiaron los símbolos, los saludos… Pero una vez perdida la guerra desaparecieron… Si se indaga en esas personalidades comunistas españolas, se descubre que muchos de ellos estuvieron en Moscú en los años treinta, antes de 1936, formándose en la utilización de explosivos, en técnica bélica, táctica… Líster estudió en la Academia Frunze, por ejemplo. ¿Qué hacía el PCE enviando a los hombres más destacados de sus juventudes a Moscú, años antes de que estalle la guerra, para formarse bélicamente? Esa es una pregunta que nadie se ha planteado hasta ahora. El PCE debía tener algo más que una intuición de lo que iba a pasar en España unos años después.

Y volviendo a Stalin, creo que es importante conocer los métodos utilizados en los interrogatorios, en los que se dice que era frecuente encontrar en el suelo orejas, pezones o trozos de dedos después de las torturas, que lo que buscaban eran testimonios incriminatorios que les justificasen a la hora de nombrar a alguien enemigo del estado. Creo que eso es a lo que más se le ha quitado importancia aquí. Se dice que bueno, sí… eso pasaba, pero pasaba en Moscú. Y no. Pasaba en Moscú, pasaba en España, y los métodos también se intentaron llevar a Finlandia durante la Talvisota. En Finlandia, mucho antes de la invasión, tiraron a 500 paracaidistas soviéticos que hablaban finlandés, para agitar una revuelta pro-bolchevique… Pero allí les detuvieron y les juzgaron.

LD: Pero, volviendo a los de antes ¿Los republicanos ya sabían que iba a estallar la guerra?

XH: Yo creo que los comunistas tenían un plan para España. Querían convertirla en un estado satélite, instaurar ese mismo socialismo que ya habían establecido en Rusia. ¿Y la guerra podía ser un instrumento para llegar a eso? pues sí, evidentemente. Era un instrumento rápido en el que ellos se implicaron absolutamente. Aquí se ha vendido la idea de que la URSS había sido solidaria, había enviado tanques y asesores militares y nada más. Pero no. No solo, me refiero. Enviaron soldados y tanquistas, y así descubrimos, por ejemplo, que los soldados caucásicos no tenían el mismo pasaporte que los blancos rusos, ni los mismos derechos. Existía un racismo soviético que ha sido encubierto.

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Xavier Horcajo

LD: En el libro está escrita también la siguiente frase: "Significativamente, los comunistas finlandeses no dudaron en alistarse para combatir a los camaradas invasores. (...). ¡Qué diferente fue en España!".

XH: Hombre. Yo creo que el estallido de las dos crisis, la española y la finlandesa, tiene naturalezas distintas. En España hubo un alzamiento militar hacia un régimen que tenía unos postulados desviados, casi bolcheviques. Estalló una guerra civil, y uno de los bandos estaba ya impregnado de ideología soviética. En Finlandia las cosas son distintas. Stalin buscaba conquistar un territorio que tenía un componente estratégico fuerte, que había pertenecido a Rusia en la época de los zares y que le podía servir de parapeto en el caso de que Alemania decidiese invadirles en algún momento determinado. Lo que sí que es cierto, y llamativo, es que los finlandeses comunistas dieron una lección, porque al sentirse invadidos por medio millón de soldados rusos, tomaron las armas contra los camaradas. No sé si hubiera pasado lo mismo en Francia, por ejemplo.

En la novela se ve bien, cuando Jerónimo, una vez acabada la guerra, se ve obligado a huir fuera de España y ve cómo en Francia quienes dominan el ferrocarril son los comunistas, por ejemplo. Él decide seguir subiendo, buscando venganza contra ese personaje que le ha arebatado lo que más quería… En el fondo la novela es una historia de amor, de venganza y de odio. Cuando el protagonista consuma su venganza, se da cuenta de que está vacío, de que el motor de su vida hasta entonces había sido un odio animal, un desapego por la vida que le había llevado a arriesgarlo todo en diferentes guerras con el único objetivo de encontrar y liquidar a una persona concreta. Al final se da cuenta de lo más importante, que ser esclavo consiste en vivir con miedos, y de que eso es común a muchas ideologías, entre las que se encuentran las que proponían Marx, Lenin, Stalin, Trotsky…

LD: Una cosa que me llama la atención es que, incluso antes de que se desate todo, cuando el protagonista acaba de conocer al espía soviético, nunca termina de creerse todo lo que le dice…

XH: Sí. Cara Picada es el personaje del espía ruso enviado para captar, pero sobre todo para establecer contactos con los líderes de izquierdas, sindicalistas comunistas y demás. Él se aproxima a Jerónimo y a sus amigos de la fábrica para que le digan quienes son esos líderes que busca, y los chicos se acercan a él porque, en ese momento, el georgiano representa al país de moda, a la ideología de moda, y tienen curiosidad por preguntarle algunas cosas… Poco a poco, también, le van poniendo algunas pegas, por supuesto, porque también les llegaban informaciones contradictorias. En España en esos momentos existía una mayor apertura mediática que en la URSS, y aquí llegaron publicaciones, por ejemplo anarquistas, en las que se cuestiona el estajanovismo, entre otras cosas… Esto de trabajar por nada, explotados, para cubrir unos objetivos y unos récords, amparados únicamente en el desarrollo del estado… Ellos le dicen que tampoco ven que los líderes rusos sean trabajadores… "Son todos intelectuales, pero ¿dónde están los trabajadores al poder, que ustedes proclaman?", le preguntan.

Son planteamientos interesantes. Por ejemplo, ¿de dónde sale Stalin? Pues era el financiador. ¿Y cómo financiaba? Pues a través de unos gangs mafiosos que nada tenían que envidiar a los que podía haber en Chicago durante los años treinta. Garitos de prostitución; garitos de opio; garitos de armas; tráfico de blancas; extorsión… Ese dinero que recogían los gangs mafiosos que lideraba Stalin en Tiflis o en Bakú era enviado al partido. Eso es lo que hizo que Lenin se fijara en él. Y le puso Stalin porque no recordaba su nombre… Esas cosas son rigurosamente ciertas y las hemos sabido desde hace pocos años para acá.

LD: ¿Puede ser que el régimen soviético no sufriese tanto descrédito internacional como el nazismo, por ejemplo, porque fue uno de los aliados que ganó la guerra?

XH: Sí, claro, puede ser. Porque no les convenía, o por muchas cosas. Lenin es uno de los grandes mitos tabúes de la historia. Nadie se ha adentrado en serio en la personalidad de Lenin. Los soviéticos practicaban el culto a la personalidad, sobre todo de los fallecidos, y tergiversaban la historia. Todo ese lío de borrar de las fotografías a las personas que caían en desgracia… Tenían un sistema organizado, casi sádico, con el que se cargaban a lo que no les convenía… Por ejemplo, el caso de los poetas ciegos ucranianos, que eran unos poetas que vendían ideas relacionadas con el terruño, eso de que uno puede ser pobre, pero que se puede ser feliz con el trabajo modesto, con el ganado, en el territorio de los antepasados… Los soviéticos las consideraron doctrinas contra el estado, que defendían a los pequeños propietarios, y claro, los exterminaron. O también, por ejemplo, los casos de canibalismo que taparon… En España no se conoce la miseria extrema que llevó a la gente a practicar el canibalismo, sobre todo en Ucrania, pero también en Moscú… Tampoco se sabe que existían una serie de cupos que se tenían que cumplir, de fusilamientos, de encarcelamientos, de deportaciones… ni que eso hacía que muchas veces, si no se llegaba al número establecido, los policías parasen por la calle a una mujer cualquiera con su niño, la metiesen en una furgoneta y que llevasen al niño a uno de esos centros de reeducación de los enemigos del estado. La mujer después aparecía en Siberia y ahí no había habido ni juicio, ni nada. Era el régimen del terror puro, para que la sociedad funcionase tiesa como una vela… Y lo que se conseguía con eso era despojar a la gente de humanidad…

LD: El libro se llama Talvisota pero en él tiene tanto peso la guerra civil española como la invasión soviética de Finlandia...

XH: Sí. Ya sabes que los títulos se buscan para impactar, para que se recuerden y para que definan algo. Este título define el impulso de determinadas juventudes que se acercan a determinadas ideologías muy arriesgadas, que pueden salpicarte, convertirte hasta la médula y hacerte un esbirro en un momento dado.

Hay una escena en la novela en la que el protagonista se encuentra en el frente finlandés con Haartman, el famoso actor de Hollywood que luchó en el bando nacional en la guerra civil. Allí se miran y se dicen que da igual que hubiesen luchado en diferentes bandos antes, porque por lo que peleaban era por la libertad, pero simplemente en otro escenario y de diferente modo…

LD: Para traer la conversación más al presente. ¿Están renaciendo en España esas ideologías extremas, tanto de izquierdas como de derechas?

XH: Da la sensación de que sí, de que se está polarizando la sociedad. Esas ideologías, de izquierdas y derechas, como tú bien dices, son propias de gente inmadura, de gente que no valora cosas mucho más importantes. Y sí. A mi me parece que en España, donde esas ideologías se evaporaron durante la Transición, esa polarización ha vuelto sobre la base de la irracionalidad y de la cobardía; de ser acríticos.

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