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'Los baños del pozo azul', conspiraciones y luchas de poder en la Córdoba del Califato

Jesús Sánchez Adalid regresa a la gloria de al-Ándalus, y narra un acontecimiento protagonizado por una mujer que puso en jaque al mismísimo Almanzor

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Jesús Sánchez Adalid. | David Alonso Rincón

Han pasado veinte años desde que Jesús Sánchez Adalid irrumpió de manera arrolladora en el panorama literario español con El mozárabe. Su manera de narrar la ascensión al poder de un personaje tan controvertido y enigmático como Almanzor fue celebrada por un público que, poco a poco, ha ido avalando al género histórico y convirtiéndolo en uno de los más rentables del sector. Desde aquel momento, Sánchez Adalid se ha convertido, además, en uno de los novelistas más leídos del país, y en una de las voces que más ha profundizado en un periodo de nuestra historia muchas veces olvidado.

La España de la Reconquista y de al-Ándalus es tan exótica como desconocida, al menos en comparación con otros momentos más tratados como la España de los Reyes Católicos o la de los Austrias y los Borbones. Los baños del pozo azul (Harper Collins) regresa, sin embargo, al esplendor del Califato de Córdoba e indaga en un acontecimiento clave que marcó el declive definitivo de la dinastía Omeya, con el añadido, además, de haber sido protagonizado por una mujer casi invisible para la historiografía actual: La madre del Califa Hixem II, Subh Um Walad, también llamada la vascona.

P: Son buenos tiempos para la novela histórica.

Y eso que al principio, cuando algunos autores decidimos adoptar la novela histórica como género propio, hace ya veinte años, no sabíamos, y ni siquiera podíamos imaginar, el éxito que el género iba a tener en España. Todo lo que se había hecho hasta entonces habían sido traducciones. Todo era extranjero.

P: Para ir de lo general a lo particular, ¿qué retos se encuentra un escritor, y sobre todo qué exigencias se autoimpone, cuando se plantea escribir una novela histórica?

Desde el principio, cuando varios escritores comenzamos a trabajar en novelas históricas en España, siempre tuvimos claro que debíamos ser honestos con la historia. Y la historia son las fuentes bibliográficas. Sin embargo eso solo nos sirve para ambientar las novelas. Es decir, yo no quiero contar la Historia con mayúsculas; eso se lo dejo a los historiadores. Yo me intereso más por la intrahistoria. Quiero servirme de un buen escenario histórico para contar una historia profundamente humana.

¿Pero hasta qué punto en esta novela lo intrahistórico es ficcional? Quiero decir, ¿hasta qué punto lo que le sucede a dos personajes históricos como son Almanzor y la madre del Califa, Subh, es imaginado?

Esa es la cuestión. El escritor tiene que poner su imaginación al servicio de la reconstrucción. Nosotros utilizamos todas las piezas que nos da la historiografía; que ojo, no son únicamente documentos, sino que también es la arqueología, los vestigios, los escritos de la época, las poesías… Utilizamos todo esto, y con todo esto imaginamos qué debió pasar. ¿Por qué Almanzor usurpó el poder? ¿Qué sentía la sayida cuando su hijo estaba siendo relegado? ¿Qué consecuencias tenía todo eso? Y eso es lo que al final hacemos. Los escritores montamos un armazón argumental, y después lo rellenamos, dándole color, música… Haciendo el milagro de que el lector sienta que realmente el escritor ha estado allí.

P: Se me antoja que el mayor reto para un escritor de novelas históricas es el cómo mirar al pasado, sabiendo que inevitablemente lo mirará con los ojos del hombre actual, y no con los del hombre de aquella época.

Ese es uno de los temas clave de la novela histórica: La extrapolación. Hay que tener clara una cosa: El pasado no existe. Ya fue, pero no es. Lo que es es lo que hay ahora. Entonces, nosotros tenemos que ponernos en los ojos del lector presente. Yo no escribo para un lector del año mil. Yo escribo para un lector del siglo XXI, y eso es parte también de ese juego entre la ficción y la realidad. Yo tengo que respetar lo que sabemos de aquella época, pero lo tengo que adaptar conforme a nuestra mentalidad de ahora.

P: Tengo la sospecha de que para el público menos especializado la España de la reconquista, al-Ándalus y demás, es una parte de la historia un tanto neblinosa…

Claro, es que no queda más remedio que simplificarla. Es por una cuestión práctica. Es tan complejo… Suceden tantas cosas… Al final no queda más remedio que resumirlo en un mapa y dividir entre Califato, reinos cristianos, etcétera. Es muy difícil que en un plan de estudios se pueda profundizar.

P: En ese sentido, y asumiendo que un porcentaje elevado de los posibles lectores de Los baños del pozo azul no conoce demasiado en profundidad la decadencia de la dinastía Omeya y los últimos años de esplendor del Califato de Córdoba; y que muchos de los personajes históricos que aparecen en la novela, si bien son conocidos, tampoco son demasiado reconocibles para el gran público; ¿En esta novela se hace más evidente la división entre ficción y realidad? Me refiero a ese extraño fenómeno por el cual una novela histórica se convierte en una novela completamente distinta en función de si el lector conoce los acontecimientos que narra o si, por el contrario, no los conoce en absoluto.

Mira, hablando de eso precisamente me decía un colega, catedrático de historia, que lo bueno de las novelas históricas es que despiertan el interés por la historia. El hecho de que un lector que no conoce los acontecimientos de la narración, por el mero hecho de haberse sumergido en ellos, sienta la necesidad de indagar más y mejor y de conocer la historia, es algo maravilloso. Eso es lo que buscamos los novelistas… Ahora se ha creado una asociación que se llama Escritores por la Historia, de hecho. Los novelistas históricos queremos crear esa necesidad. Además ahora contamos con unas herramientas que antes no se tenían, que facilitan precisamente eso. Si a ti antes se te despertaba ese interés tenías que ir a una biblioteca, tenías que buscar un tratado, o una tesis doctoral… ¿A que no lo ibas a hacer?

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Jesús Sánchez Adalid. | David Alonso Rincón

P: Probablemente no, la verdad.

¡Por supuesto que no! Tendrías que desplazarte… Tendrías que ir a la Universidad de Salamanca o a la Biblioteca Nacional. Y lo bueno es que ahora existen otros métodos, que no son tan rudimentarios como podrían parecer. Todos tenemos acceso directo a toda la información. Ya la tenemos a mano, con internet. Y entonces un lector comienza a leer mi novela, por ejemplo, y comienza a preguntarse qué es lo que pasó realmente entre Almanzor y Subh, qué había entre ellos, y aunque sea en Wikipedia lo encuentra. Y está bien escrito, ojo. No hay por qué tener prejuicios de ningún tipo, porque lo básico que se necesita saber se puede encontrar ahí: la época, los personajes, las circunstancias… No necesitas más. Hoy tenemos ese gran recurso. Yo soy profesor universitario, y lo decimos siempre: Es un beneficio inmenso.

Y luego, volviendo a tu pregunta, ni siquiera es necesario, en última instancia, que el lector conozca la historia, o sienta interés por ella. Tú te puedes leer perfectamente una novela histórica sin tener ningún tipo de interés histórico. Lo que te interesa es otra historia. Como bien has dejado caer, hay dos historias encerradas en una: Una desde el punto de vista de la realidad y otra desde el punto de vista de la ficción. Puede ser que alguien se lea mi novela y no sienta interés por saber quién fue Subh, pero que le de igual, porque lo que le interesa es lo que le está pasando al personaje en la narración. Y está pasando que hay una confrontación de intereses, una confrontación de fuerzas… Está el amor por medio, el desengaño, la maternidad, la ambición de poder, la traición, la locura… Todos los ingredientes que debe tener una historia. Y eso puede no estar anclado para nada en algo que sucedió realmente. Porque sucede una cosa, que la mejor novela es la vida misma. La realidad supera a la ficción en muchos casos. Por ejemplo, si un novelista se hubiese inventado lo que nos está pasando ahora en España hace cuarenta años, nadie se lo podría creer.

P: También es sorprendente leer las intrigas palaciegas de una novela ambientada en el año 994 y darse cuenta de que es exactamente lo mismo que pasa hoy día.

¡Exacto! De hecho yo leía las crónicas de la época y muchas de las cosas eran las mismas. Y llega un punto en el que acabas diciendo "qué más da todo. Somos iguales. No cambiamos". Estamos revestidos de tecnología y de modernidad pero al final caemos en lo mismo siempre: Codicia, ambición, poder, traición, falta de lealtad… Todo eso ha existido siempre. Es reconocible desde hace 4.000 años. Está en la Ilíada y en la Odisea de Homero. Es de hecho el principio de toda nuestra literatura. Es que no podemos contar otra cosa.

P: Regresando a la novela. El personaje de Subh es interesantísimo por muchas razones, pero todas ellas derivan precisamente de que es una mujer que ostenta poder dentro de la sociedad islámica. Me gustaría saber qué papel estaba reservado para la mujer dentro de al-Ándalus, ya que al fin y al cabo era uno de los epicentros culturales del mundo en aquella época.

La mujer en al-Ándalus era invisible. Estaba relegada a la intimidad del ámbito familiar. Pero eso no quiere decir que no haya determinadas mujeres que por su intrepidez, por su determinación y por su personalidad sean visibles en las crónicas. Eso es lo que llama la atención. Y eso es por ejemplo lo que me lanzó a mí a escribir esta novela. Subh encabezó una revuelta contra Almanzor, sustrajo el tesoro del reino y lo ocultó… Eso refleja que ella tenía una gran personalidad. La llevaba en su código genético. Era una mujer del norte, que había sido pariente de la reina Toda de Navarra, una reina que tenía y que ostentó poder político efectivo… Subh hace valer todo eso que había recibido una vez llega al harén del Califa. Con muchas más dificultades, pero lo hizo, de una forma u otra. Y lo hizo además de una forma muy femenina, agotando todos los cauces del diálogo primero, y viendo siempre el camino a largo plazo.

P: Sin embargo no deja de ser llamativo que para profundizar en su figura hayas escogido uno de sus grandes fracasos vitales.

El problema es que nuestro imaginario está ya muy conformado por el cine, y el cine es muy maniqueo y simplificador. Pero la literatura es más compleja. Todo lo que le pasa al Quijote, por ejemplo, es un soberano desastre. Todas las empresas que emprende acaban mal… En esta novela sucede lo mismo. Eneko, el hermano de Subh, ha iniciado también su propio plan para acabar con Almanzor, y es un plan más sanguinario. Pues ese también sale mal. Todos los planes que se van intercalando salen mal… El propio plan de Almanzor sale mal, porque no consigue ser Califa. ¿Y el último capítulo qué es? La componenda. La decisión de ella de zanjar las cosas, un especie de "vamos a llevarnos bien, que si no estamos abocados al desastre". Un poco como las abuelas, que ya están curadas de todo y siempre llaman a la paz cuando las cosas en casa se desmadran.

P: Ahí está también, en mi opinión, la gran paradoja que encierra la novela. La relación ambigua entre Almanzor y Subh. Cómo durante veinte años se han necesitado mutuamente, él para ir subiendo peldaños hacia su meta de ostentar todo el poder, y ella para ostentarlo en la práctica, ya que al ser mujer necesitaba a un hombre que hiciese lo que la sociedad no le permitía hacer a ella. Y esa escena, cuando se ve cómo la revuelta que ella ha iniciado contra él, de hecho, puede trocarse en su propia contra, ya que Almanzor es, en realidad, el único que la sostiene donde está.

¡Exacto! Eso es lo que a mí me gustaría que sacasen los lectores. Que esta no es una novela de buenos y de malos. Que aquí el malo no es Almanzor. Él le dice a ella la verdad. Le dice, "oye, que si yo me muero, tanto tú como tu hijo no vais a durar dos días, porque tú eres una mujer y tu hijo no tiene determinación". Y ella entonces se da cuenta, y por eso acaba todo como acaba.

P: Una curiosidad. ¿Hasta qué punto continúa esta novela la trama de El mozárabe?

La sucede cronológicamente, pero las historias son completamente independientes, no tienen nada que ver. Hay varios personajes que evidentemente aparecen en las dos y tienen un protagonismo claro, pero son dos momentos distintos y por tanto las novelas son independientes. No forman parte de una unidad narrativa ni nada por el estilo. Completando la respuesta a la pregunta que me has hecho antes, he escogido ese último episodio de la vida de Subh, ese gran fracaso, no porque fuera lo más destacado de su vida. Ella tuvo una vida apasionante de principio a fin. Sino porque era precisamente el acontecimiento histórico que me apetecía novelar. Es que fíjate todo lo que sucede en dos años, y todo lo que acabó significando para el Califato. Es muy interesante.

P: En ese sentido, y para terminar, ¿Para cuándo una novela que se adentre en el bando cristiano?

Pues precisamente es de lo que va a ir la próxima. Los años posteriores a lo que narro en Los baños del pozo azul, y desde la perspectiva de los reinos cristianos.

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Jesús Sánchez Adalid, con su novela. | David Alonso Rincón

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