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Un delicioso Diccionario Psico-Lógico Chusco del castellano

Las que forman nuestro Diccionario son greguerías o casi, pero precedidas de una palabra castellana nueva.

Las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son el antecedente perfecto de este nuevo diccionario | Wikipedia

He tenido que ir como un poseso a El Jardín de las Delicias de El Bosco para comprobar si estaba o no. Me refiero a un libro. Porque, si hay libros deliciosos, ¿cómo no iba a estar alguno en ese espectacular tríptico? Hallé dados, naipes, paraísos, empecatamientos, monstruos y, al llegar al infierno, allí estaba: un manuscrito y lo que parecía un libro sobre la cabeza de una figura. Pero, claro, El Bosco, precedido muy poco por la imprenta, no sabría aún que hay libros deliciosos y no se le ocurrió que debería haber introducido uno en su Edén.

¿Qué es o qué hace a un libro delicioso? Hay libros deliciosos y libros que no lo son. Hay libros importantes, véase, por ejemplo, el colosal Principia mathematica de Newton, que no son deliciosos y hay libros deliciosos que son importantes, como El Quijote. Pero hay libros en los que ser deliciosos prima en una primera lectura sobre el ser importantes, algo que ya se verá en el tiempo.

La palabra "delicia" procede del latín arcaico, lacère, que tiene el significado de atraer, de seducir, de permitir esperar placer o gozo. Delicia es derivadamente el placer causado por algo si bien suavemente, como matiza el uso considerado por María Moliner. Dicho con claridad, un libro delicioso es un libro que tiene la virtud de causar un gozo suave en el espíritu de quien lo lee. De esa clase hay bastantes libros y en ella estará pronto el que presentamos.

Lo que hace a un libro delicioso es la sencillez de la forma, ser asequible a todos los públicos. Pero no es suficiente. Además, ha de ser un libro que aporta novedades y que hace crecer al lector. Tampoco basta. Un libro delicioso debe ser el escaparate tras el que puede contemplarse la arquitectura neuronal de un ingenio que descubre relaciones y entidades donde antes no las había. Ni eso colma el vaso. Sobre todo, para ser delicioso un libro debe inducir a la sonrisa, a un mohín de complicidad con las ocurrencias y a un guiño al sentido del humor en castellano.

El Jardín de las Delicias, de El Bosco
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El de Jesús Gil Roales-Nieto, un Diccionario, no cualquier diccionario, sino un Diccionario Psico-Lógico Chusco de la Lengua, Laringe, Cuerdas Vocales, Dientes y Labios Castellanos, así, como lo leen, es un libro delicioso. Ya comentamos otro de sus libros en esta sección hace dos años ya largos. En aquél (2) daba cuenta de la burla que logró hacer de una adversidad, a pesar del sistema hostil, y de cómo logró sobrevivir a la supervivencia. Ahora nos lleva a las librerías y plataformas de venta un desfile de palabras nuevas, que no se encuentran en ningún otro diccionario castellano porque consiste, esencialmente, en palabras sugeridas por el juego, la relación inesperada, la broma, la reformación y la sutileza.

Lo de introducir la palabra "chusco" en el título se debe, creo, a la sencillez, tal vez la inseguridad del autor, que sigue pensando que lo que ha hecho no tiene importancia alguna salvo la de entretener a los curiosos de la lengua castellana tan apreciada en el mundo como menospreciada en algunas partes, las separatistas catetas, de España. Pero "chusco", que puede significar graciosillo, aunque basto e incluso rayano en el mal gusto, en el andaluz de mi infancia significa pan, un pan de munición, que era el que se daba a los soldados, algo más que necesario para la vida.

En realidad, el Diccionario "chusco" de Jesús Gil Roales-Nieto es un pan delicioso que sirve para la alimentación de la lengua castellana y su continuo enriquecimiento. Pero pasemos a las pruebas sin más dilación. Cuando tuve conocimiento de los primeros esbozos del libro, hace ya meses y por deferencia del autor, escribí un texto en el que integraba algunas de las nuevas palabras propuestas en el chusco-diccionario que acorto y altero un poco:

Asombrerado quedé cuando el llorador acabobó. Más que un maextro parecía un mago de coz. Pensé aclimatarlo dispareándole dos balas de biento convenientemente estátolistas en un saxoafónico. Pero luego depensé. Sería una noverdad que no aprovechara la ceremomia para aparecer bifamado. Así que preferí seguir siendo nadista y conrestar. Me fui a fascenar. En la alucena, repasé mis argumientos, me tomé un hipnotimo creyendo que tenía efectos sedaantes. Conté los miles de pares de ladridos de un bichucho y me fui a un alcobar con la esperanza de almacenarme.

Aunque pueda recordarnos a algunas piruetas de James Joyce en Finnegans Wake, aquella suya era una novela. Ante nosotros y, a primera vista, ya se percibe que lo que nos ocupa es un diccionario castellano puro, alborotado eso sí, pero castellano.

En efecto. Se entiende mejor si se definen las palabras empleadas. Véanse algunas:

Asombrerado: Que lleva puesto un sombrero
Llorador: Orador de discurso plasta y que inspira pesadumbre.
Acabobó: Se acabó tontamente.
Maextro: Maestro con experiencia
Mago de Coz: Ilusionista algo bruto
Aclimatarlo: Asesinar aprovechando el clima.
Dispareándole: Disparándole balas de dos en dos, o de cuatro en cuatro y así, sucesivamente.
Biento: Corriente de aire analfabeto
Estátolistas: Que estaban perfectamente dispuestas para su uso.
Saxoafónico: Instrumento de viento que apenas se escucha

Para comprender lo que queda del texto, habrá que comprar el Diccionario chusco y leer sus entradas. Todas son amenas, muchas son brillantes e ingeniosas y las hay asimismo geniales. Les anticipo algunos ejemplos por orden alfabético:

Alucenar: Cenar a la luz de la luna.
Ansioso: Plantígrado intranquilo.
Beneoficio: Trabajo útil y provechoso. (Maleoficio sería un trabajo inútil o impagado, pero se le olvidó).
Bifamar: Hacer doblemente famoso a quien, si por sus méritos fuera, nadie debería conocer.
Bípedo: Animal que se tira los pedos de dos en dos... Claro que peor es lo del cuadrúpedo.
Borrico: Asno acaudalado.
Burrócrata: Encargado de encontrar una dificultad a cada solución que propongas.
Cacófonos: Teléfonos tan caros que pueden considerarse un robo.
Calamitad: Desastre a medias.

Saltemos un poco para llegar al final:

Ultratumbona: Verdadero descanso eterno; realidad, mate­rial o espiritual, que se supone que existe después de la muerte para los vagos.
Ultrajear: Insultar con elegancia.
Urinarios: Mingitorios públicos exclusivos para la raza elegida bajo el régimen nacionalsocialista.
Vacanaciones: Países con numerosas fiestas y días de des­canso.
Vergozoso: Que disfruta viendo algo prohibido, o "mal visto", sin turbación del ánimo ni repugnan­cia moral alguna.
Webos: Testículos digitales.
Zángano: Culo holgazán.
Zurdos: Pareja de izquierdistas.

En doscientas y pico de páginas desfilan ante nuestros cada vez más asombrados y festivos ojos cienes y cienes de palabras nuevas, derivadas arbitraria pero intencionadamente del castellano, que abren nuevos rumbos al significado mediante unos métodos de alteración que tienen algo que ver con las transformaciones geométricas en el plano como los giros, homotecias, traslaciones o inversiones, por poner unos referentes. Hay semejanza con la palabra original, con la figura inspiradora, pero…su nueva apariencia ya resulta ser otra cosa.

Es de recibo significar algunas de las estrategias de amplificación de significados mediante metamorfosis del orden o posición o significación de letras y significados, que al autor ignora que ha empleado porque considera que lo suyo no son más que ocurrencias, términos sugeridos por diferentes impulsos desconocidos a lo largo de la vida que, al final, han terminados encerrados en este diccionario/ficcionario. Veamos algunas dentro del capítulo correspondiente a la letra A:

1.-Usar términos ya consagrados para aportar sentidos novedosos por nueva relación entre sus partes. Por ejemplo, Abandonar es una palabra incluida en el Diccionario al uso, pero dotando de un significado preeminente a "donar" y usándolo como verbo influyente, permite añadir a su acepción habitual la apreciación de que se deja solo algo en calidad de donación, esto es, voluntariamente con el fin de que el que lo encuentre lo haga propio.

2.-Añadir prefijos o sufijos anómalos para dar a luz una nueva palabra para así inventar nuevas extensiones y alcances expresivos. Por ejemplo, Ataquicardia: Afectación dañosa o agresión violenta al corazón.

3.-Otras veces se cambia una letra. En Aburrarse vuelve a inspirarse en un término existente, que significa embrutecerse, para establecer una relación con "aburrirse" no explícita para el lector y construir una significación "capicúa": "Perder el ánimo por falta de inteligencia" o, podría ser también, "perder la inteligencia por falta de ánimo". En Abejarro se cambia una letra, la o de jorro por la a de jarro para reconsiderar la forma de un insecto inventado. También podría ser un jarro con la forma de un ave con faltas de ortografía.

4.-Otros ejemplos exhiben la adición de una letra para componer un nuevo prefijo que permite remarcar un significado. Así, Abusolutamente: Usar excesiva, injusta e indebidamente algo o alguien de forma ilimitada. O la sustracción de una letra, como en Afeto: Germen de amor o cariño por algo o alguien.

5.-En Aeroluna se cambia completamente el sufijo habitual sol para concretar un nuevo alcance significativo: Spray nocturno; envase con dispositivo para pulverizar por la noche el líquido que con­tiene.

En fin. La metamorfosis, la alteración, la inversión o el cambio, en general, de las letras de una palabra o la apuesta por un nuevo significado sin otro interés que el regocijo intelectual y la creación verbal, conduce a un ejercicio literario que tiene mucho que ver con las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Si las greguerías son originalidades subversivas (Carmen Bravo- Villasante) sin finalidad política, lo que hace el profesor Gil Roales-Nieto son preguerías, por usar su método, algo que hay antes de la greguería. De la Serna ya entrevió el pregénero y sentenció: Monomaníaco, mono con manías.

Las que forman nuestro Diccionario son greguerías o casi, pero precedidas de una palabra castellana nueva, motriz y desencadenante de un significado casual, original y vivaz. Decía el propio Ramón que las greguerías eran metáforas más humor. Nada que ver con la verdad ni con la moral ni con la realidad sino una nueva perspectiva de realidades cotidianas "a base de expresiones ingeniosas, alteraciones de frases hechas o juegos conceptuales o fonéticos", como se ha dicho de ellas.

Azorín, cuando analiza las greguerías ramonianas, dice que presentan "apariencia de desinterés y de inactualidad". Además, suma, "son inconexas, incongruentes—al parecer—, saltan sin orden ni método de un asunto a otro". Concluye que Gómez de la Serna parece ser un "psicólogo de las cosas".

Eso es. El catedrático Gil Roales-Nieto, que lo es de Psicología, ejerce su disciplina con las palabras y sus mutaciones. Por eso, efectivamente, su Diccionario es Psico-lógico Chusco de la Lengua, siempre que lo de chusco se refiera a un elemento nutritivo para el espíritu y no a cualquier ingrediente que lo degrade o embrutezca.

Si Cansinos Assens se refirió a alguien que proclamaba la "gracia teologal" de la greguería "fosfórica", como se las llamó, lo que hace este Diccionario es derramar "gracia psicologal" con sus nuevas palabras que demuestran que el castellano, a pesar de algunos tontos desnortados, esto es, que no perciben que han perdido o van a perder el Norte, tiene un futuro maravilloso incluso desde su propio interior.

Lo dicho, un libro delicioso.


(1) Ediciones Libres de Prejuicios, Madrid, 2018

(2) En manos del sistema. Cómo sobrevivir a la supervivencia, publicado por la editorial madrileña DIKYNSON, SL. 2016.



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