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Reynaldo Sietecase: "Uno también se puede reír con el desconsuelo"

El poeta argentino conversa con LD a propósito de la publicación de su primera antología en España, Nadie es de nadie (Pigmalión, 2019).

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Reynaldo Sietecase (Rosario, Argentina, 1961) daría su dinero y su vida por ahuyentar la soledad de una falda. Conocido, sobre todo, por sus labores periodísticas –en su tierra, conduce el exitoso magacín La inmensa minoría en Radio con Vos– y narrativas –lanza sus novelas con Alfaguara; la última, No pidas nada–, escribe poesía desde la adolescencia y ha publicado, libro arriba/libro abajo, una decena de poemarios. Uno de ellos, Cierta curiosidad por las tetas (Torres Agüero Editor, 1992), le valió la amistad de Joaquín Sabina. Los suyos son versos carnívoros, divertidos –"Para subir al cielo / se necesita / buen humor"–, reniegan de lo solemne y, como el tango, beben del abandono.

LD entrevista al periodista, novelista y, sobre todo, la ocasión manda, poeta argentino con motivo de la publicación de su primera antología poética en España, Nadie es de nadie (Pigmalión, 2019).

P: Usted escribe poesía desde los 16-17 años. ¿Recuerda algo de sus primeros versos?

R: Sí, claro: que eran muy malos (risas). Mi comienzo con la poesía tiene dos razones: una, directa, la muerte de mi madre. Fue muy chocante, me mandó hacia dentro y creo que me hizo escribir mi peor poema. En paralelo a eso, acompañé bastante a mi padre en esa época. A él le gustaba mucho la música popular, tocaba la guitarra, cantaba… Íbamos a ver a algunos grupos vocales muy ligados al folclore argentino. Y ahí, cada tanto, aparecían poetas: Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana… todos muy ligados al folclore, a la canción folclórica, poetas importantes que son muy ninguneados por la cultura oficial argentina, porque eran comunistas, porque hacían una poesía muy social, pero que hacían muy bien versos en público. Recuerdo un poema de Tejada Gómez que después cantó Mercedes Sosa que decía exactamente: "Hay un niño en la calle". Me conmovió mucho ver a esos poetas. También a Jaime Dávalos. Y creo que mi interés por la poesía tiene que ver con eso. Me fascinó ver a esos tipos ahí diciendo. Y de ahí, a la lectura más intensa de poesía. Yo leía bastante, porque en mi casa había muchos libros por suerte. Yo suelo decir que tener libros en una casa no garantiza que leas, pero no tenerlos hace que no leas. Recuerdo haber comprado libros de Miguel Hernández. Uno de mis primeros libros de poesía comprados por mí fue El rayo que no cesa. Mi primera poesía es más social; después, me voy más hacia el lado de la ironía, del humor. Recojo una tradición más vinculada a Oliverio Girondo, a Tuñón, a esos poetas más vinculados a lo urbano y a la cita popular, pero no tan ligado a lo social.

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Reynaldo Sietecase durante la entrevista | Sergio Sánchez M.

P: Y, también de joven, escribía en los muros de Rosario, su ciudad natal, versos de poetas desaparecidos o exiliados.

R: Sí. Ese es quizás el otro comienzo más formal al mundo poético. Era el momento del fin de la dictadura, de sus últimos años. Se podían hacer cosas en la calle sin tanto riesgo. Armamos un grupo que se llamaba "El poeta manco", porque era muy difícil publicar. Entonces, se nos ocurrió la idea de un poeta que no tenía manos directamente. Jugamos con esa idea, armamos un grupo que editaba una revista y que hacía acciones poéticas en la calle, eventos en la plaza donde había músicos, artistas de todo tipo… Como empezaban las pintadas en las paredes vinculadas a la dictadura, "Lucha y se van" era la consigna más fuerte que había en ese momento, vinculada a "Lucha y vuelve", del peronismo, empezamos a pintar versos en las paredes. De Juan Gelman, que estaba exiliado, o Paco Urondo, Ariel Canzani o Roberto Santoro, todos poetas asesinados, y abajo poníamos, de nombre de autor, "El poeta manco". Y la gente se pensaba que era un personaje, una persona. Y nosotros alimentábamos ese mito: "Yo lo vi, le falta un brazo, es un hombre grande...". Hicimos un juego con eso. Los poemas duraban mucho en las paredes. Las juventudes políticas no tapaban los poemas; entre ellos sí se tapaban sus pintadas. Fue un momento para mí muy interesante. Unía un compromiso político con la poesía. No necesariamente se podía generar resistencia a la dictadura desde la política; también desde la poesía y desde la literatura.

P: Que a usted se le conozca más como periodista y como novelista que como poeta denota…

R: Denota la suerte de invisibilidad que tiene la poesía. Hay mucha gente que se ha enterado de que soy poeta ahora porque vengo a España a presentar una antología. Lo han visto en las redes. En el canal donde trabajo no podían creer que viniera a presentar un libro de poemas. Con la novela pasa como más normal. Pero ahora, en pleno cierre de campaña electoral en Argentina, cuando les dije que venía a presentar un poemario, no lo podían creer. Me decían: "¿No lo puedes postergar?" (risas). Nunca dejé de escribir poesía: escribo poesía, tengo diez libros publicados, pero es un camino más misterioso, va por otro lugar. Yo me reivindico poeta, leo mucha poesía, estoy en contacto con poetas y con músicos. En mi programa de radio, todos los días, a las doce, leo un poema. No mío, por supuesto. Pero leo un poema. Al principio me decían que estaba loco: leer poesía en un programa de actualidad… pero es mentira que la gente no la reciba bien: la gente me pregunta "qué vas a leer mañana", por el poeta. Hay que saber elegir, debe ser algo que tenga, entre comillas, cierta popularidad, fácil de recibir. Estoy tratando de unir mis dos oficios terrestres: uno el periodismo, y el otro tiene que ver con la literatura, y dentro de la literatura, la poesía. Y, lentamente, la gente que me quiere lo va entendiendo. No separo más la hacienda.

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P: ¿Se equivocaba Celaya en eso de que la poesía es un arma cargada de futuro?

R: No lo sé. Fueron versos que allá sonaron muy mucho, por decirlo de alguna manera. La poesía tiene cierta intimidad que le otorga una nobleza fundamental. Saber que un poema no cambia nada pero que, a su vez, es imprescindible, le da un valor extraordinario. La poesía lo mejora todo: el lenguaje, hace que las cosas adquieran un orden virtuoso. No sé cómo explicarlo. Es una metáfora lo del arma cargada de futuro, es evidente. Es imprescindible, como la música. Para mí, reúne verdad y belleza, aun en su fase más delirante. Hay cosas que sólo se pueden decir desde la poesía. "No hay extensión más grande de mi herida", el verso de Miguel Hernández. ¿Hay alguna frase que pueda resumir el dolor como esa? Joder… "Esa mujer se parecía a la palabra nunca", Juan Gelman. Puedes escribir diez ensayos sobre una pérdida, pero en ese verso ya está. No podría dejar de hacer poesía.

P: Usted es un poeta al que le gusta ir por libre. No es un poeta colegiado. Lo refiere muy bien Mariano Schuster en el prólogo de Nadie es de nadie: "No pertenece a ningún grupo literario, ni escuela, ni cenáculo autorreferencial. No busca congraciarse ni formar parte de antologías o suplementos literarios, prefiere relacionarse con colegas y músicos".

R: Está bien visto eso. Es que no participo. Mi poesía sufre bastante ninguneo por parte de los círculos poéticos oficiales. Es muy difícil que me inviten a festivales. Estoy fuera de ese mundo. Creo que los poetas me ven como un ajeno. No sé si porque trabajo en el periodismo. "No puede ser que este tipo hable de política y haga poesía". Me he ido separando, salvo de aquel grupo original, el del "Poeta manco", y en el que no sólo había poetas, también actores, etcétera. Sí tengo relación con los poetas que quiero, leo, admiro, pero estoy fuera del colegio, como le llamas tú. Pero no me preocupa. Uno de mis grandes maestros, Mario Trejo, un gran poeta que tiene un libro fundamental, El uso de la palabra, que es extraordinario, lo publicó Lumen hace como treinta años, es casi desconocido. Y para mí es uno de los grandes poetas argentinos de los últimos treinta años. Eso también lo tiene la poesía: que nadie te conozca, que nadie te dé ni cinco, que tu poesía no valga nada y, a la vez, valga muchísimo. Esa contradicción, esa inutilidad hace rica la poesía. Conozco grandes poetas que no publican porque no pueden. O que no los conoce nadie. Nosotros ayudamos a publicar a María Meleck Vivanco, una poeta surrealista que ya murió, y llevaba treinta años sin publicar. Le decías: "María, hay que publicar". Y ella te decía: "Sí, bueno...". Decía Nicanor Parra, el poeta chileno, que la poesía no es un artículo de lujo, sino de primera necesidad. Cuando uno descubre eso…

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P: Hablemos de lo que hay en esta antología. El amor o, si lo prefiere, el deseo que encontramos en los poemas recogidos en Nadie es de nadie es muy carnal, bulle.

R: Sí, estoy de acuerdo. Sobre todo, en mis primeros poemas. Este libro es una antología personal. Hay poemas que tienen treinta años de distancia en este libro. Mis primeros tres libros están muy ligados al deseo y a la cuestión erótica como gesto provocativo. Después hay poemas que van por otros sitios, con otras intenciones, pero está muy fuertemente instalado el deseo.

P: ¿Por qué no habría de morder el amor?

R: Claro. ¿Por qué no habría de dejar cicatrices? Uno de mis libros se llama El amor muerde. Después, basado en el poemario, monté un espectáculo durante tres o cuatro años con una cantante, Sandra Corizzo, muy talentosa. Es muy divertido hacer poesía en público. Me recuerda a los poetas que escuchaba cuando era joven. Hay un prejuicio de que la poesía es aburrida. Sin embargo, cuando hacemos estos espectáculos, funciona. Juan Gelman, antes de morir, estuvo haciendo algo muy bonito con Rodolfo Mederos, un bandoneonista. Es más, lo hizo en el Congreso de la Lengua que se hizo en Rosario en 2004. Y Mario Benedetti con Viglietti.

P: También hay melancolía, añoranza, decepción: "Viniste por Venecia / y te llevé a Vietnam".

R: La pérdida, sí, sí. La poesía habla mucho del abandono, como el tango. Tengo buena relación con los músicos. Me escribió algo para el libro Andrés Calamaro, tengo buena relación con Sabina. Creo que por temática también: la del amor, el desamor, tan presente en la canción popular.

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P: Y también encontramos contradicciones. Y buen humor.

R: Estuve leyendo a Karmelo Iribarren y veo que tiene esa cosa también con el amor, el desamor. Es un poeta que tiene ese juego, que toca esas mismas cuerdas. Uno también se puede reír con el desconsuelo. También tengo una influencia que viene de Brasil. Bueno, "Nadie es de nadie" es el verso de un poeta amigo mío brasilero. Él me decía siempre que la diferencia con los argentinos es que ellos bailan la tristeza, se ríen de la tristeza. Eso viene de lo negro, de lo africano. Y me influyeron mucho. Pueden decir la cosa más triste sambando.

P: Hay una serie de poemas en los que pesa considerablemente la memoria: a los padres, a la hermana loca, a la abuela, "Memoria de una calle".

R: Tengo ascendencia siciliana. La sangre no es agua. Y faltan poemas ahí: tengo dos hijos y a cada uno de ellos les hice un poema. Cada uno de ellos tiene un poema, es curioso eso. Mi hermana. De pequeña estaba loca, y se mostró molesta al principio y luego se dio cuenta de que era una elegida (risas). Es verdad, están los poemas familiares ahí.

P: Para finalizar, "¿Qué le pueden robar / a quien no tiene nada?".

R: Nada. Me gusta mucho ese verso. Yo iba a un lugar que era muy peligroso a ver a una mujer, y ella me decía: "Cuidado, que te pueden robar". ¿Qué me iban a robar? (Risas) Mientras no te roben el entusiasmo, la pasión, y eso es imposible… son intangibles, como la poesía. De esos diálogos, ella me regaló un verso. Y eso es lo otro interesante: en todos los sitios hay poesía. Cuando dicen que la gente no entiende la poesía: ¿cómo no van a entender la poesía, si entienden el habla popular? A mí me gusta mucho cruzar la cita culta con lo popular. Cuando la gente en Argentina le dice a Gardel "El Mudo", eso es poesía. ¿No es curioso? ¡Es maravilloso! ¡Y eso es popular! "Lo que mata es la humedad", se dice allí. ¿Cómo va a matar la humedad? Es poesía. La poesía está en todos los lados.

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