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Camille Paglia, "feminismo amazónico" o por qué Álvarez de Toledo no ha acudido al 8-M

Repasamos la polémica que ha envuelto a la portavoz del Grupo Popular en esta semana previa al Día Internacional de la Mujer.

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Repasamos la polémica que ha envuelto a la portavoz del Grupo Popular en esta semana previa al Día Internacional de la Mujer.
Cayetana Álvarez de Toledo

Antes de que se diluya por completo la última de las polémicas que ha protagonizado Cayetana Álvarez de Toledo en esta semana previa al 8 de marzo, tal vez resulte útil hacer un repaso tardío de los diferentes actos de la tragicomedia. Todo comenzó el martes, cuando la portavoz del Grupo Popular en el Congreso anunció que no acudiría este año a la manifestación del Día Internacional de la Mujer, pese al criterio establecido desde Génova, y expresó sus discrepancias con buena parte de las feministas en la actualidad.

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Camille Paglia

En concreto, explicó que para ella las mujeres no son "un bloque granítico" —"no todas pensamos lo mismo; no todas somos iguales; no todas sentimos lo mismo; no todas nos identificamos de la misma manera", enumeró—, y señaló que, desde su punto de vista, "uno de los grandes problemas que se está manifestando" es precisamente la idea de la "colectivización de la mujer". Su argumentación giraba en torno a una convicción que ya había defendido en ocasiones anteriores: que las mujeres no son el objetivo señalado de una ideología concreta que las ataque "por el hecho de ser mujeres"; y que, por tanto, la violencia machista no puede ser abordada políticamente como si se tratase de una represión ideológica. Partiendo de ahí, se definió como una "feminista amazónica, de la escuela de Camille Paglia", y criticó duramente la "victimización de la mujer". "No nacemos víctimas", dijo, para argumentar después que "la victimización es el primer paso al dominio y el sometimiento por parte de otros: los listos vienen a decidir lo que tienen que hacer las víctimas". El último matiz importante en su discurso llegó cuando subrayó la relación inevitable que existe entre la libertad y la responsabilidad de cada persona. "Nuestras hijas no nacen víctimas", dijo, "y si les estamos enseñando que nacen víctimas les estamos enseñando lo peor que puede haber para salir adelante". En su opinión, lo que habría que hacer, por el contrario, es enseñarlas a "creer en sí mismas, en su libertad y en su responsabilidad también".

Automáticamente, su intervención suscitó una catarata de reacciones diversas en el seno de los distintos partidos. Las más críticas con ella cuestionaban su "feminismo amazónico" utilizando otro argumento conocido: añadirle etiquetas al movimiento es una forma velada de engrosar la lista de acepciones del término y, por tanto, también de tergiversar su significado básico, que se limita a la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres. Pero más allá del debate generado en torno a quién tiene la última palabra sobre lo que es el feminismo —o en torno a quién defiende verdaderamente la "igualdad real", tan mencionada por todos—, el arma más llamativa, utilizada por el PSOE, para atacar a la diputada del Partido Popular consistió en desmerecer las reflexiones de la propia Camille Paglia, una de las intelectuales feministas más influyentes del pasado siglo, conocida por sus críticas a muchas de las actitudes asumidas por el "feminismo hegemónico" en Estados Unidos.

Concretamente, la cuenta de la Secretaría de Igualdad del PSOE de Madrid publicó un tuit rescatando una entrevista a Paglia en El Confidencial bajo el mensaje: "Pensamiento para la reflexión de la gurú feminista de Álvarez de Toledo: 'Gracias a los hombres las mujeres tenemos lavadoras'. Leed, leed, no tiene desperdicio". Acompañaban el texto varios emoticonos que parecían querer representar a una persona enajenada. En respuesta a esa estrategia, algunas destacadas voces discordantes del feminismo patrio señalaron hacia lo que les parece una forma reduccionista de presentar a una intelectual influyente. Una actitud que, a su parecer, sólo demuestra el desconocimiento de su obra y de sus aportaciones al debate feminista en las últimas décadas. Llegados a este punto, toca preguntarse: ¿quién es Camille Paglia?

La voz de la autocrítica

Camille Paglia es profesora de Humanidades y de Estudios de la Comunicación en la Universidad de Arte de Filadelfia, además de ensayista. Se adhirió al activismo feminista "antes de la irrupción de la segunda ola", en la década de los sesenta, según ella misma dice, y desde entonces ha presenciado de cerca las distintas controversias internas que han acompañado la evolución de las posturas políticas del movimiento en los últimos cincuenta años. Sin dejar de considerarse feminista nunca, siempre se mostró crítica con las actitudes que consideraba dogmáticas o intransigentes, además de profundamente equivocadas; pero su actitud a la contra ha sido tildada en múltiples ocasiones de excesivamente beligerante y ofensiva. En 1990, después de varios rechazos de numerosas editoriales, consiguió publicar su libro Sexual Personae (Deusto), que le acarreó duras críticas por parte de ese mismo feminismo que se sigue jactando de combatir. Desde entonces se ha convertido en una de las figuras recurrentes del debate público estadounidense sobre feminismo, ofreciendo conferencias en universidades y publicando periódicamente columnas en la prensa.

Precisamente desde esos altavoces ha esgrimido constantemente sus contraargumentos, entre los que destacan una crítica feroz a autores como Lacan o Foucault y al postestructuralismo francés, al que considera responsable de muchas de las interpretaciones erróneas que protagoniza el feminismo hoy en día; una reivindicación de la independencia de la mujer, de su individualidad y de su responsabilidad a la hora de desenvolverse libremente en las sociedades en las que sí que tiene garantizados sus derechos; y una oposición radical al "victimismo que infantiliza a la mujer", y que sobredimensiona la opresión machista sin considerar nunca todas las aportaciones masculinas que han favorecido al bienestar femenino y al desarrollo del propio feminismo. Desde ese punto de vista, puede pensarse que las posturas de Paglia encajan a la perfección con las declaraciones de Álvarez de Toledo; sin embargo, eso se debe a que se tratan únicamente de las críticas que ha dedicado a lo que considera una forma de extremismo. Su visión acerca de los verdaderos retos en los que debería centrarse el feminismo en la actualidad, por otro lado, podrían no encajar tanto con las ideas de la portavoz del Partido Popular.

Así lo explicó la sexóloga y ensayista Loola Pérez, una de las voces que, desde dentro del feminismo, más ha criticado sus excesos e incongruencias en nuestro país —de hecho, ha publicado recientemente Maldita feminista (Seix Barral), un ensayo en el que trata estos asuntos—. Pérez considera que la utilización de Paglia por parte de Álvarez de Toledo sólo se debe a un interés oportunista para criticar a la izquierda, y que si conociese en profundidad su obra también podría hablar de sus posturas con respecto a temas como el aborto legal, la homosexualidad, el Me Too o las drag queen, además de su profunda visión acrática que se revuelve duramente contra la coerción del Estado. Ante ese recordatorio, algunas personas han defendido a la diputada popular argumentando que considerarse de una escuela no significa necesariamente estar de acuerdo con cada uno de sus postulados, pero más allá de todo eso, las reivindicaciones de Pérez iban más encaminadas a rescatar los grandes rasgos que definen de una forma más completa el pensamiento de Paglia, para evitar precisamente su reduccionismo.

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