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Zoé Valdés

'Los que vivimos'

Ayn Rand ha sido no sólo una gran escritora, sino también, y muy por encima de todo, una inmensa pensadora anticomunista y antifascista.

Ayn Rand ha sido no sólo una gran escritora, sino también, y muy por encima de todo, una inmensa pensadora anticomunista y antifascista.
Ayn Rand | http://www.grandespymes.com.ar/

Ayn Rand debiera ser estudiada en todas las universidades de Estados Unidos y del mundo. Huyó de la Unión Soviética hacia Estados Unidos y allí se convirtió en la gran figura anticomunista que es mediante sus libros, sobre todo a través de aquella primera novela Los que vivimos, que narraba una historia de amor dentro del "paraíso" bolchevique. Con el tiempo y pese a la celebridad alcanzada a base de trabajo, la escritora no sólo ha sido borrada —aunque miles de personas todavía la lee ávidamente—, sino que además ha sido juzgada por ese gran poder comunista que se ha ido instalando en las mentes de periodistas y políticos de la ultraizquierda que ha logrado el dominio del ser en buena parte del planeta.

Ayn Rand, inclusive si algunas de sus teorías no me parecieran adecuadas, ha sido no sólo una gran escritora, sino también y muy por encima de todo, una inmensa pensadora anticomunista y antifascista; nadie podrá discutir esta verdad, pese a que el odio intente cada día condenarla.

Los que vivimos pudiera ser una historia ocurrida en Cuba, o en cualquier país oprimido por los comunistas, quienes (lo primero) son seres ganados por la envidia y el desprecio. De hecho, escribí mis novelas La nada cotidiana y Te di la vida entera, sin haber leído y sin conocer a Ayn Rand. La leí décadas más tarde. De modo que la similitud con la historia la provoca solamente el contexto. Esto escribió sobre ella Gorka Echevarría en un artículo para La Ilustración Liberal.

La joven Kira, protagonista de Los que vivimos, es hija de unos comerciantes a los que el comunismo ha despojado de sus bienes. Poco a poco, y movida por la necesidad, su familia se transforma: las cartillas de racionamiento, la escasez, la penuria, obligan a sus miembros a hacer lo imposible por sobrevivir en un mundo donde la tristeza y la desesperación se propagan como un incendio en un bosque seco. En el prólogo, Rand escribe que escuchó por primera vez el principio comunista de que "el hombre debe vivir para el Estado" cuando contaba doce años, y que comprendió que ahí residía el mal. "Este principio era malo y (…) no podía conducir a nada que no fuera malo".

Ahora como entonces, mucha gente se pregunta por qué hay quienes otorgan a otros el derecho a disponer de sus vidas.

Pero volvamos a la novela. Kira se enamora de un anticomunista ferviente. Ahora bien, la historia de amor se irá complicando a medida que su pareja, Leo, se muestre incapaz de luchar contra el sistema con el mismo arrojo que ella. Por si esto fuera poco, Kira experimentará una poderosa atracción por un comunista llamado Andrei y sobrado de coraje. A resultas de su amor por Kira, Andrei descubrirá la alegría de vivir y las incoherencias del sistema por el que tanto ha luchado, lo que le llevará a tomar un camino sin retorno.

El desenlace de la novela está dotado de un dramatismo tal que cuando se llevó al cine, en 1942, cosechó un gran éxito en Italia, con Alida Valli en el papel de Kira y Rossano Brazzi en el de Leo. No obstante, estuvo poco tiempo en cartelera; y es que Mussolini advirtió que, aunque la cinta era anticomunista, su lacerante crítica podía aplicarse a cualquier régimen dictatorial. Ahora bien, a los italianos les dio tiempo a dar la vuelta al título y hablar, paródicamente, de "los que morimos" (noi morti).

"Los que vivimos no es una novela sobre la Rusia soviética, sino sobre el Hombre contra el Estado", proclamó Rand. Y añadió: "Es una historia que trata de la Dictadura, de cualquier dictadura, en cualquier lugar, en cualquier época, sea en la Rusia soviética o en la Alemania nazi".

Vean en esos párrafos anteriores un resumen excelente de lo que es esencialmente la novela, tal como pretendo que sea mi escritura toda: un compendio de denuncias a través de historias de personas que han vivido y sobrevivido bajo dictaduras y tiranías comunistas o social-comunistas (nazismo), bajo cualquier época.

El que pretenda intimidarme, callarme, usando cualquier método, sabe que lo tendrá crudo. Porque la opinión y el pensamiento de un escritor, de toda persona, que ha vivido el comunismo, el horror y la persecución dentro y fuera de su país, y el exilio obligado por el mero hecho de pensar, de escribir, de opinar, no puede ir por encima de la soberbia, del odio, de la mentira, y del desprecio por la vida y por la libertad de expresión de algunos que se hacen llamar analistas o periodistas.

Los que vivimos, como los que sobrevivimos, estaremos siempre para contarlo, y ojalá siempre podamos contar con espacios que reciban nuestras opiniones y nuestros testimonios.

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