
El doctor Amir Levine, reconocido psiquiatra y neurocientífico de la Universidad de Columbia, es una eminencia a nivel mundial en el ámbito de las relaciones de pareja y uno de los primeros expertos en poner sobre la mesa la cuestión del apego en adultos. Es autor del bestseller Maneras de amar y acaba de publicar Seguridad emocional, una guía sobre la ciencia de las relaciones humanas en la que defiende que las personas "con un estilo de apego seguro" - frente al ansioso y evitativo- desarrollan relaciones más profundas y se sienten mejor consigo mismas. El autor atiende a Libertad Digital de forma telemática desde su residencia en Estados Unidos.
Levine explica de una manera muy visual el concepto de apego seguro al invitar al lector a recordar personas de su infancia que le hicieron felices, fueron sustento y refugio. "También podemos convertirnos nosotros en esa figura para otros", propone. No hay que hacer grandes hazañas y cita a la filósofa francesa Simone Weil: "la atención es la forma más pura y más rara de generosidad".
El propósito de este libro - desde un enfoque clínico y basado en neurociencia- es dar a conocer las herramientas para que cualquier persona pueda alcanzar una seguridad emocional, independientemente de su contexto o experiencias vividas: "Hay momentos difíciles y todos cargamos con un pasado, con una mochila, pero también existen lo que en enfermería se llaman comúnmente ‘ángeles’. Es decir, personas que han hecho cosas positivas por nosotros y que han dejado un rastro positivo de apego seguro que podemos cultivar para mejorar nuestra seguridad emocional. Y en este sentido, no digo que el trabajo sobre los traumas no sea importante, que lo es, pero también es importante fijar o focalizar nuestra atención en los buenos momentos y en el efecto positivo que eso puede tener", explica el autor a Libertad Digital.
Cerebros distintos

El cerebro de una persona con apego seguro es distinto al de una persona con otro tipo de apego. El primero "ahorra energía", energía que puede destinarse a otras cuestiones. Por eso, por ejemplo, resultan ser personas "más eficientes y menos susceptibles".
"Las resonancias muestran, por ejemplo, que a una persona con un apego ansioso se le activan más fácilmente las áreas relacionadas con amenazas y le cuesta más desengancharse de esos pensamientos. Sin embargo, una persona con un apego seguro se desconecta de los pensamientos negativos más rápidamente. Así que sí, el funcionamiento cerebral está ligado a nuestra forma de apego", explica. Mejorar es posible puesto que el cerebro es "maleable, tiene una enorme plasticidad y está cambiando constantemente". ¿Qué hay que hacer? "Entrenar", responde de forma concisa.
"Hay que mostrarle al cerebro que las experiencias pueden ser diferentes de lo que él cree. El cerebro es un dispositivo fascinante y, a fin de cuentas, cuando hablamos de diferentes modos o estilos de apego, son diferentes modos de predecir lo que va a ocurrir. Se trata justamente, al igual que la terapia de imprimación positiva, de evitar reafirmar esos sesgos negativos, esas creencias preestablecidas, y hacer un trabajo para decirle al cerebro ‘mira lo que tú piensas no tiene por qué ser así’. Eso es lo que permite que el cerebro cambie y de eso va todo el libro", resume el neurocientífico.
Son conceptos complejos, pero Levine propone herramientas sencillas para "usar en el día a día". "Mientras escribía este libro, me decía a mí mismo: ‘soy un médico serio, tengo que investigar nuevos medicamentos, nuevas sustancias’. Pero también pensé que podía comunicar ideas que pueden ser tan poderosas como los medicamentos, tener un impacto tan positivo y tan poderoso como las sustancias", considera.
La exclusión
Nuestro cerebro es tan sensible a la exclusión que sufre incluso si la persona que nos aparte no nos cae bien. De hecho, explica Levine un estudio en el que se decía a un sujeto que las personas que le excluían eran del Ku Klux Klan y aún así le dolía igual. Estamos programados así: "nuestros circuitos neuronales aborrecen que se nos ignore o que se nos someta a una desconexión emocional". El antídoto que propone Levine es la "hiperconectividad", sentirnos conectados a otras personas, el "tener una tribu". Tiene beneficios mentales y también físicos.
"Existe un estudio de los 90, y la verdad es que parece una locura, que habla de hasta qué punto es poderosa la capacidad de conexión. Se observó que las personas que tienen un apego más seguro tienen menos tendencia a ponerse enfermas y sufren menos síntomas. El modo de apego tiene un efecto directo en el sistema inmune. Otro estudio realizado con personas con fibromialgia concluyó que los que tenían un apego más seguro con sus cuidadores toleraban mejor la enfermedad, sufrían menos y tenían menos síntomas", explica el neurocientífico. "Realmente, esto alcanza todas las áreas de la vida, porque actuamos, compramos o trabajamos mejor", añade.
Se aplica en todos los ámbitos, con amigos, parejas o compañeros de trabajo. "Puede ser que un jefe te haga llegar a logros muchísimo más altos, puede ser en el colegio con un profesor que te valore y te impulse", especifica.
Pero hay que huir, puesto que nos conducen a la baja autoestima, de personas que establecen apegos evitativos o ansiosos. "Mucho peor que la soledad es estar con personas inseguras, con un apego inseguro, porque eso nos hace sentir más solos todavía. Personas que nos ignoran y que nos hacen sentir excluidos, es peor que estar solo. Disminuyen nuestra autoestima, nuestra sensación de control, nuestra sensación de seguridad, etc.".
Y al contrario de lo que pudiera parecer, no siempre reconocemos a esos vampiros energéticos. "El cerebro está volviendo constantemente a la escena del crimen y eso le hace daño. Ignora lo positivo que tiene, no lo ve". El libro incluye una serie de test para detectar aquellas personas que nos están dañando y aprender a apartarnos a tiempo.


