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Robe Iniesta: "Llega un momento en que pierdes la fe en todo, dejas de creer en todo"

Hablamos con el compositor sobre su segundo álbum en solitario, Destrozares, la biopsia musical de un cabreo, un bofetón resignado.

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Hablamos con el compositor sobre su segundo álbum en solitario, Destrozares, la biopsia musical de un cabreo, un bofetón resignado.
Robe Iniesta | Dani Placios

Robe Iniesta (Plasencia, 1962) presenta Destrozares. Canciones para el Final de los Tiempos en la sala Truss Madrid de un Barclaycard Center –antes Palacio de los Deportes– sitiado por un ejército hiperhormonado de beliebers. Su segundo álbum en solitario –él prefiere llamarlo "proyecto paralelo", de ahí las cursivas– es la biopsia musical de un cabreo, un bofetón poético resignado. Corta como un carnívoro cuchillo. Duele gustando –o gusta doliendo, que elija el lector–. Pone firme a quien lo escucha. Exige pensar.

El artista atiende a LD a penúltima hora de la tarde del miércoles, escudado por sus músicos –Carlitos Pérez (violín), David Lerman (bajo, saxo, clarinete), Alber Fuentes (batería), Lorenzo González (coros) y Álvaro Rodríguez (piano y acordeón)–, mitigando el cansancio con una taza de café –por fortuna, comprobarán cómo el cantante arranca parco en palabras, pero se va soltando poco a poco– y destrozando su careta de lobo asustaperiodistas con amabilidad, sencillez y sentido del humor. De Extremoduro no se habla una sola palabra.

P: Robe, ¿es el optimista un pesimista mal informado?

Robe: (Suspira) En estos tiempos, puede que sí lo sea. No sé… algunos periodistas me estáis diciendo que el disco es pesimista; otros que triste…

P: En mi opinión, lo que transmite es hastío.

R: Sí. Enfado. Estoy un poco mosqueado con todo.

P: "Que yo soy un poeta / y mi vida una letra / que escribo en hojas en blanco". ¿Se siente cómodo en esa definición?

R: Sí, muy cómodo. Todo está por hacer y el camino lo puedo elegir en cualquier momento.

P: ¿Qué tipo de monstruos alumbró el sueño de la razón?

David: ¡Uff! Todos.

Lorenzo: El monstruo que somos cada uno. Y ahí lo dejo.

David: Hay una cosa que dice Chaplin: que pensamos demasiado y sentimos poco. Yo creo que tiene un poco que ver con eso. Muchas veces, pensando, las cosas se vuelven frías y hay otras que no se tienen en cuenta. No sé si quiere decir eso, pero para mí sí.

P: A la hora de ubicar el álbum, pienso en las pinturas negras de Goya y en el carnívoro cuchillo de Miguel Hernández. ¿Acierta mi GPS?

R: Sí. Nos hemos dado cuenta de que las pinturas de Goya se hicieron hace mucho tiempo y que tienen ahora total vigencia. Son cosas que estamos viviendo ahora, que no se han pasado de moda. Los hombres seguimos siendo los mismos, seguimos pensando de la misma manera. Han cambiado las cosas y las maneras de matarse, pero los hombres seguimos igual: con una garrota o con un tanque. Todo sigue igual de estancado.

P: En Destrozares, ¿usted ha atropellado a Nietzsche o, más bien, ha sido Nietzsche quien le ha atropellado a usted?

R: Yo no creo que el pobre hombre, que lleva muerto su tiempo (risas), me haya atropellado a mí. Cuando coges unas frases de un texto, las sacas de ahí, les das otro sentido… es un poco atropello. Sobre todo cuando, al final, estás diciendo lo contrario de lo que estaba diciendo él. Por eso me parece un poco atropello. He usado sus palabras para decir lo que yo quería. Y encima es, seguramente, lo contrario de lo que estaba diciendo él.

P: Soltando su "parte animal", dice que no cree "en la moral de la sociedad". ¿Es esa expresión un oxímoron?

R: Bueno… (Se encoge de hombros).

David: No debería. Yo creo que hay una hipocresía moral. La moral se intelectualiza pero no se lleva a la práctica. Todo el mundo sabe que está mal que la gente se muera de hambre, a nadie le parece bien, pero luego, del dicho al hecho…

P: Y, acto seguido, niega, contundente, la existencia de Dios.

R: Ya está bien de andar con gases calientes (risas), ¿se dice así?

P: Paños calientes.

R: ¡Eso, quería decirlo de una vez! De todas formas, es algo que escribe Gaia. Esa canción es una carta que escribe la Tierra, no soy yo. Es la Tierra la que dice: "Ya, ya se acabó. Dejaos de Dios, que aquí, la que está, soy yo". "No miréis alrededor buscando dioses, ni santísimas trinidades ni pollas. Aquí estoy yo, vais a acabar conmigo y, seguramente, yo con vosotros". Es un poco ir a decir las cosas sin tapujos, pum. Como un bofetón.

P: En "Hoy al mundo renuncio", dice que, harto de ver "lo que quiera que sea lo que vea", decide renunciar. ¿Plantar cara ha dejado de tener sentido?

R: Bueno, también el disco está compuesto en un momento de enfado y de cabreo. No hay que tomarlo al pie de la letra. "Esto es lo que habría que hacer, una guerra nuclear es lo mejor…". Es hablar con exageraciones. No hay soluciones concretas. Tiene que haber un cambio de todo el mundo desde dentro. Plantar cara siempre hay que hacerlo, pero llega un momento en que parece que no vale nada, para nada, y que plantas cara a ciertas cosas, pero luego pasa el tiempo y todo sigue igual. Claro, llega un momento en que te cabreas y mandas todo a la mierda.

P: También canta, sin tapujos, que ha perdido el interés en la "puta Humanidad". ¿Desde cuándo, cómo y por qué?

R: Un poco por lo que te digo, por el propio enfado y por ver que las cosas siguen yendo igual, que nada cambia. Que hay gente que pasa hambre desde que éramos pequeños y ahora ya son mayores y siguen igual o peor. Ha habido tiempo para solucionar los problemas o, al menos, de verlos con una visión distinta. Y están ahí, como enquistados. El hambre en el mundo sigue siendo una cosa normal y corriente, que existe, que parece que no se puede hacer nada por ello. Llega un momento en que pierdes la fe en todo, dejas de creer en todo, y hay un hastío y un cabreo.

P: En "Del tiempo perdido", dice que "para hacerle al mundo mejoras y para volver" y "para ser mejor" necesita "tiempo". ¿Es el tiempo el bien más escaso?

Lorenzo: En ocasiones sí, pero otras pienso que hay gente con demasiado tiempo (risas).

R: Con internet, ¿no? (risas).

Lorenzo: En este proyecto, en concreto, hemos priorizado el tiempo, la delicadeza y el mimo con el que hemos cuidado los detalles.

P: En esa misma canción, después, canta: "Del tiempo perdido / en causas perdidas, / nunca me he arrepentido". ¿Ha invertido usted el tiempo suficiente en ese tipo de causas?

R: Mucho, mucho. En causas que siguen igual, en cosas que… (Piensa) A veces te cabreas, porque no adelantas nada, pero tampoco me arrepiento del tiempo que he empleado haciendo cosas por causas perdidas. Lo sigo haciendo, de hecho, y sigo intentando ayudar a cambiarme a mí, a cambiar el mundo y a cambiarlo todo. De eso no me arrepiento. Pero siempre hay momentos de altibajos en los que quieres tirarlo todo a la mierda. Siempre hay que hacer algo bueno... más que por los demás, por ti mismo.

P: "Puede que haga bien, puede que en remar / contra la corriente". ¿Seguir la corriente es una tarea de peces muertos?

R: Tela con la pregunta… (Piensa) Yo a eso lo llamo inercia. Hay mucha gente que se deja llevar por ella. Yo creo que hay que usarla bien. Hay inercias positivas. Pero luego está la de hacer las cosas sin pensarlas, y esa es negativa. Dejarte llevar por la corriente, porque las cosas van saliendo así, porque cuesta más trabajo pararte y empezar de nuevo… eso no mola. Hay que ir siempre a contracorriente y planteártelo todo. No cansarte de planteártelo todo.

Álvaro: Y hay muchos peces muertos.

P: Escuchando "Por encima del bien y del mal", me pregunto –y le traslado a usted, a su vez, la cuestión–: ¿conseguirá el amor salvarnos de la destrucción?

R: Si no es el amor, no va a ser nada lo que nos libre. Sería lo único. Es lo que está al lado contrario del egoísmo, del odio, de que te dé igual lo que estamos haciendo con el planeta… Es lo único, si es de verdad lo que tenemos. (Piensa) A veces, el amor se convierte en egoísmo. El amor a tus hijos hace que, a veces, seas egoísta, quieras para ellos… Es fácil hacerse egoísta si tienes familia. El amor a los tuyos, a tus amigos… Habría que dejar al amor un poco pelado, sin esas cosas que se convierten en amor para unos y odio para otros. Habría que purificar el concepto.

P: Y, Robe, ¿qué nos salvará de la mediocridad?

R: Uff…

Álvaro: Estás afinando mucho, eh, tío. (Risas)

R: No lo sé. Creo que también tiene que existir, que tiene que haber de todo. Hombre, que no haya solo mediocridad. Además, lo de bueno y malo es una cosa difícil de clasificar.

Álvaro: A veces, una misma cosa puede ser a veces mediocre, a veces suprema…

R: Y según para quién. Es difícil esto sí, esto no… esto es mediocre, esto es malo… Tiene que haber ahí una gama, ¿no?

P: En el álbum, como en el resto de su obra, aparece la televisión como un objeto idiotizante y peligroso. ¿Es la tele el cáncer terminal del primer mundo?

R: Pues sí, pero no solo la tele, como pueden creer muchos chavales jóvenes, que dicen: "Yo no veo la tele". También es un ordenador. Hoy día, no me refiero a una televisión, sino a una pantalla a la que estás pegado, cogiendo información mientras te bombardean con publicidad. Cuando estás en un ordenador, te estás tragando la publicidad y encima sin enterarte la mayoría de las veces. El ordenador es una televisión con más canales. Sí, desde luego, es el cáncer terminal del primer mundo.

Álvaro: El matador de peces.

P: En mi opinión, "La canción más triste" es también la más intimista. ¿En qué medida podría entenderse como un Confieso que he vivido nerudiano?

R: Bueno… sí tiene que ver conmigo, pero también es una canción para que cada uno se identifique con ella. No estoy contando mi vida tal como es; estoy intentando sacar sentimientos…

P: Disculpe, reformulo la pregunta: ¿cuál es el grado de exposición de esa canción?

R: Bastante, bastante. Más de la que suelo hacer. Pero bueno, vas evolucionando, vas cambiando, y te da igual decir ciertas cosas. Te da lo mismo exponerte más o menos. Quizá, siendo un poco más valiente, eres capaz de exponerte más y pensar que, si la gente habla de tus carencias y errores, te da igual que lo haga.

P: ¿Hay ahora repertorio suficiente para montar una gira?

R: Claro, claro que lo hay. Este disco dura cincuenta y tantos minutos; el anterior, cuarenta y tantos. Lo tenemos hecho.

P: Muchas gracias por todo.

R: A ti. Me has hecho pensar (Risas).

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