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Grandes temazos españoles que fueron rechazados

Hay multitud de compositores que nunca pudieron predecir ni quién estrenaría sus canciones y mucho menos quién las llevaría al éxito.

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Diez canciones: Temazos españoles rechazados Es la Mañana de Federico

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José Luis Perales, durante un concierto | Archivo

Cuando los compositores crean sus canciones –y nos referimos sobre todo a las llamadas comerciales- nunca pueden predecir ni quién las va a estrenar y mucho menos suponer su, llamemos, recorrido hacia un imprevisible éxito. Agustín Lara, el célebre autor mexicano de infinidad de boleros, a petición un día del barman madrileño Perico Chicote, creó una pieza en homenaje a la capital de España, no a ritmo de pasodoble como le había sugerido su amigo sino de chotis, que es ritmo más castizo. Y nació "Madrid". Partiendo desde las primeras estrofas dirigidas a quien fue una de sus esposas, la gran actriz María Félix:

Cuando llegues a Madrid, chulona mía
voy a hacerte Emperatriz de Lavapiés
y alfombrarte de claveles la Gran Vía
y a bañarte con vinillo de Jerez….

Y quien estrenó la pieza en 1948 fue una desconocida Esmeralda, nieta por cierto de un Presidente de la República mexicana, Pascual Ortiz Rubio. El chotis pasó inadvertido. Tuvo que ese mismo año llegar a Madrid la gran cantante Ana María González, que es quien popularizó "Madrid". Y el bolero español posiblemente más logrado, "María Dolores", con letra de Jacobo Morcillo y música de Fernando García Morcillo (que no tenían parentesco alguno, dicho sea de paso) lo podría haber estrenado Lolita Garrido, que interpretó muchas piezas de este último maestro, pero no quiso y quien se llevó el gato al agua en la década de los 50 fue el valenciano Jorge Sepúlveda, entonces de moda como romántico vocalista.

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"El porompompero", de Juan Solano, ha pasado a la historia del disco como uno de los pasodobles más difundidos en todo el mundo, que llegó a conocerse en Japón cuando era difícil que allí cuajara una canción española. Hacia 1960 y encontrándose en Barcelona Enrique Vargas El Príncipe Gitano lo dio a conocer en el teatro Reina Victoria. Y tuvo escasa repercusión. Manolo Escobar, que por entonces comenzaba su carrera de cancionero y figuraba en la compañía del calé valenciano le pidió permiso para grabar "El Porompompero", en una versión más rumbera. Y como Enrique se había enfadado por entonces con su casa de discos, dio la aprobación. El de Almería consiguió el mayor éxito de su vida, su trampolín para independizarse y formar espectáculo propio.

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No dejamos al Príncipe Gitano, que interpretó por vez primera la zambra "Tengo miedo", de León y Solano, también en la Ciudad Condal, año 1963 en su espectáculo Aquí estoy yo. Pero a los pocos días se dijo: "¿Cómo un hombre como yo, que se viste desde la cabeza a los pies, puede seguir diciendo eso de miedo, tengo miedo, o lo de tiemblo de verme contigo? ¡Ea, que la quito de mi repertorio!"

Enterada una primeriza Rocío Jurado habló con el Príncipe Gitano, quien la autorizó para que grabara la pieza. Y la de Chipiona consiguió uno de sus primeros éxitos discográficos. A su vez, el mentado Manolo Escobar, más adelante, ya siendo muy conocido, se negó a grabar un pasodoble escrito por unos holandeses, los señores Caerts y Rozenstraten: "¡Eso es una horterada llena de tópicos! ¡La España de la pandereta! ¡Que grabe el pasodoble la tía de esos vendedores de quesos de bola…!" Tuvo que intervenir el director general de la discográfica Belter: "¡Manolo, que te vas a forrar con 'Y Viva España!', que te lo digo yo que sé del negocio un montón…!" Y Manolo, por no romper su contrato, accedió. Pero de mala gana. ¡Vendió millones de discos! Y en la fiesta de los Mundiales, cuando ganó la selección española, allí estaba el almeriense, eufórico, gritando a pleno pulmón el estribillo de "Y Viva España!".

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Juanita Reina fue una de las más grandes intérpretes de coplas. Tenía una gran voz. Y buen sentido para elegir su repertorio. Cuando escuchó "Maruja Limon", de Quintero, León y Clavero, a ritmo de zambra, le pareció vulgar: "No la estreno en mi espectáculo y tampoco la grabo, consecuentemente". Se enteró la entonces principiante Gracia Montes y con su voz de cristal como fue llamada convirtió aquel número en rumba. Fue un exitazo que nunca pudo quitar de su programa. Y en ese mismo género fue muy aplaudida "La luna y el toro", canción de Sarmiento y Castellanos, que le ofrecieron a la sin par Marifé de Triana. Pidió ésta su opinión al maestro Cisneros, director de su casa de discos, Columbia, quien le recomendó: "Ni caso, no va con tu estilo". Mikaela, aquella sevillana que medía metro y setenta y pico centímetros de estatura que, con tacones parecía casi la Giralda, fue quien hizo de "La luna y el toro" una insuperable creación, que aún se recuerda.

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En 1957 Juan de Orduña dirigió "El último cuplé". No confiaba en que la estrella elegida para su película, Sara Montiel grabara con su voz la selección de cuplés elegida para la banda sonora y tanteó desde a Imperio Argentina, luego Concha Piquer y Juanita Reina. Pero las tres le dieron calabazas. Lo mismo posteriormente que hizo Lilián de Celis. Un año estuvo en cartel la película. Y las versiones de aquellos cuplés de los años 20 en la voz de la manchega aún siguen reeditándose en discos. No me consta, desde luego, que las antes citadas lamentaran su negativa. Eso sí: la asturiana Lilián diría que su colega de Campo de Criptana no le llegaba cantando a la altura de sus zapatos, y que tenía poco menos que voz de gato.

Vayamos ahora al campo de la canción melódica. Nadie puede poner en duda que "Te quiero, te quiero", letra de Rafael de Léón, música de Augusto Algueró, fue la melodía que lanzó al estrellato a Nino Bravo. Pero con anterioridad, con la misma partitura aunque con diferente letra, la había cantado Lola Flores, a ritmo de rumba, llamándose al principio "Más sola que la una" y después "La niña ahogada", por decisión de los productores, en una extraña película que rodó en Argentina con el cómico Luis Sandrini, titulada Aventura en Hong-Kong. Pero pasó inadvertida. Y Algueró cogió un mosqueo importante, pidiéndole a su amigo letrista que le cambiara el texto. La música siguió siendo la misma. Entró en acción Raphael, que la registró en disco, mas por aquella época, finales de los 60, mantenía un pleito con su discográfica Hispavox, y en ese impasse la cinta de "Te quiero, te quiero" se quedó para vestir santos en un almacén de dicha compañía. Fue cuando finalmente un desconocido valenciano la grabó con su voz lírica y logró darse así a conocer en toda España: el ya citado Nino Bravo. Raphael se tiraba luego de los pelos, claro.

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En esa misma década de los 60 se había producido el triunfo del rockero valenciano Bruno Lomas con "Amor amargo", que triunfó en el Festival de Benidorm. Era 1966. Sus autores, Manuel de la Calva y Ramón Arcusa. Después del certamen, el Dúo Dinámico, espoleado por la difusión de aquella melodía terminó también grabándola. En sus comienzos de compositor, Luis Eduardo Aute tenía tan enfermiza timidez que no se atrevía a estrenar sus canciones. Cierto que llevaba unos años en un grupo pionero del pop español, Los Sonor. Pero en solitario no se atrevía. Y le regaló a su amiga Massiel "Rosas en el mar" y "Aleluya número 1", con las que la conocida como La Tanqueta de Leganitos debutó en el mundo del disco por la puerta grande. Aute terminaría también haciendo versiones de aquellos éxitos propios. José Luis Perales siempre muestra sus composiciones a Manuela, su mujer, antes de hacerlas públicas. Pero un día le enseñó una diciéndole que sería con destino a Julio Iglesias. Manuela, nada más escucharla, le echó una bronca: "Pero ¿es que estás tonto? ¡La vas a estrenar tú!" Asintió el de Cuenca. Se trataba de "Y ¿cómo es él?".

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En 1986 Ana Belén y Victor Manuel escucharon una canción, especie de himno pop, en su casa de discos. Era del grupo Suburbano, que esperaban lanzarla lo antes posible. Pero el astuto asturiano se les anticipó. Y con su mujer lograría una canción para ellos emblemática: "La Puerta de Alcalá". Suburbano, ni qué decir tiene, ya no se comió una rosca con su fallido estreno. José María Cano: componente de Mecano, compositor para el trío y también para otros artistas. Ofrece a Isabel Pantoja dos temas. Los escucha la sevillana. No le gustaron. "No me van, sencillamente". ¿Saben lo que desdeñó? "Hijo de la luna" y "Cruz de Navajas", que terminaron siendo estrenadas por Mecano. Y "Lía", la pensó también José María Cano para que la grabara el brasileño Roberto Carlos. Ana Belén, que husmeaba por los despachos de la CBS consiguió hacerse con la pieza. Y en 1988 deslumbró a sus múltiples admiradores con tan bellísima melodía.

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Y así, podríamos contarles más y más anécdotas acerca del caprichoso tinglado musical. Pero como se me acaba el espacio, ya está bien por hoy…

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