
En las noches barcelonesas de los años 70, con mucha más permisividad que en las madrileñas, destacaba una "vedette", Dolly Van Doll, que fue de las pioneras en su género en cambiar de sexo. Ya había otras que incluso habían triunfado en el cine, como Capucine, en las revistas musicales Coccinelle y en los cabarés Amanda Lear, a quien Salvador Dalí convirtió en una de sus musas.
Dolly había nacido en Turín en 1938 como Carlo Ángelo y ya de niño manifestaba sus inclinaciones femeninas. A los diez años, tras soportar humillaciones de sus compañeros de colegio, confesó a su madre que quería ser como ella, o sea mujer. A su padre biológico no lo había conocido y el que ejercía como tal, se desentendía de Carlo.
Su juventud fue amarga, de tanto fingir lo que no era. ¿Y a qué dedicarse, dada su condición sexual? Siguió unos estudios de sastrería profesional. Pero donde comenzó a ganar algún dinero fue trabajando como botones en varios hoteles. Llamaba la atención: era guapo.
Hasta que un día optó por ser artista de cabaré. Y como tal se paseó por locales de Alemania. En París encontró el lugar más favorable a su género de espectáculo, pero le obligaban a actuar en siete salas cada noche. Decía entonces llamarse Carla Follis.
Dolly Van Doll confesaba: "Mi naturaleza ha sido un error absoluto. Yo he nacido con piel de mujer, con formas de mujer, con espíritu y ademanes de mujer aunque tenga atributos masculinos, mis genitales".
Resolvió someterse en 1964 a una operación de cambio de sexo en Casablanca. Era una pionera entre la artistas "trans" que pasaban por el quirófano. Luego se estableció en Barcelona llegado el año 1971. Y a partir de entonces comenzó a desarrollar su actividad artística en aquellos lugares canallas, de golfería, donde Dolly Van Doll fue convirtiéndose en una de las reinas de la noche. No sólo era la estrella de su espectáculo, también empresaria. Ganaba ya mucho dinero.
¿Y sus amores? En su biografía consta que en París el barón Jean Luc Vermont había perdido la cabeza por Dolly, quien ante la insistencia del aristócrata en acostarse con ella y acaso convertirla en su amante, acabó revelándole su verdadera identidad sexual.
En 1969, estando en Alemania, cayó enamorada en los brazos de un obrero de la factoría Siemens, hasta que éste descubrió el pastel.
Y ya viviendo en Barcelona es cuando llegó a su vida un empresario catalán, Fernando Vila, con quien ha estado conviviendo hasta su muerte, victima de un derrame cerebral.
Dolly Van Doll escribió su biografía: "De niño a mujer", parafraseando el título de una conocida canción de Julio Iglesias dedicada a su hija Chabeli. Contaba su vida en medio de la miseria de su hogar, hasta que un día, siendo adulta, pudo conocer a su verdadero padre. Aun luchando por sobrevivir, confesó que jamás cayó en la prostitución.

