
L D (EFE)
Se han cumplido religiosamente con el formato de fase final por sistema de concentración. El Madrid reunía dos condiciones de las citadas: líder de la Liga ACB y, aunque las previsiones de esta edición se han matizado hasta la saciedad, si algún equipo partía con el cartel de favorito, ese era el blanco. Sin duda, el bloque que mejor llegaba a la Copa. Su baloncesto le ha dado grandes resultados en el campeonato liguero, donde presenta los mejores números en dieciocho años (18-2), también presume de ser el mejor anotador de la ACB, eso sí, seguido por los vascos, que cargaban con el sambenito de defender título, otra de las normas de mal fario.
Pero los vascos partieron con un 7-0 (m.4) y el Madrid necesitaría casi cinco minutos para inaugurar su casillero en el marcador. La iniciativa cayó en manos de los hombres dirigidos por el croata Velimir Perasovic liderados, cómo no, por el hispano-argentino Luis Scola -trece puntos al descanso-. El técnico blanco, Joan Plaza, cambió a cuatro de sus cinco jugadores iniciales respecto a los cuartos de final -todos menos Felipe Reyes-, aunque no sorprendió al estratega de Split. Los blancos empataron a los nueve minutos (15-15) y, en una racha desbocada del turco Serkan Erdogan, que anotó dos triples y culminó un contra de forma consecutiva, dispararon al Tau con un parcial de 10-2 (31-21). A partir de ahí, el Madrid, a sufrir.
A sufrir, sí. La Copa cambia el polvo por brillo y los blancos, que ya habían pasado las de Caín en cuartos contra el Gran Canaria, volvieron a encontrar muchos problemas. No pudieron jugar como acostumbran en todo el primer tiempo (42-34). Sólo Felipe Reyes y el estadounidense Louis Bullock mantuvieron el nivel de siempre desde el principio. Por eso, la tercera personal de Reyes a los diecisiete minutos, muy discutida, sembró la alarma en el banquillo de Plaza.
Bullock, que contra los canarios firmó la friolera de 33 puntos -la mejor marca individual de la Copa en diez años-, se echó el equipo a la espalda a la vuelta del intermedio. El estadounidense anotó cinco puntos seguidos y el pívot serbio Blagota Sekulic puso dos de su cuenta para sellar un parcial de 0-7 y poner las cosas casi como al principio (42-41). Ahí, en esa fase tan delicada y de ascensión blanca, le cayó la quinta personal, a los veintitrés minutos, con todo un mundo por delante, al belga Axel Hervelle. Las posiciones interiores madridistas pendían de un hilo. No quedaba más remedio que proteger al internacional español para tenerle disponible en el momento oportuno.
Perasovic, al otro lado de la mesa de anotadores, también mantenía a Scola, el par natural de Reyes, sentado y a la espera de que el pívot madridista pisara el parqué para poner en acción al poste albiceleste. El Madrid libraba la batalla con Sekulic y Edu Hernández Sonseca en la pintura y, además, con buenos resultados, pero Reyes ingresó en la pista a falta de cuatro minutos para la conclusión del tercer cuarto. Nada más salir, anotó una bandeja, sacó la falta a Tiago Splitter y transformó el tiro libre (51-48).
Volvió a defender, capturó el rebote, dio el primer pase de contraataque y permitió que el turco Kemal Tunceri asistiera a Hernández Sonseca, que se colgó del aro (51-50). El Tau pedía el tiempo muerto a gritos. Perasovic paró el juego de inmediato. El Madrid, por fin, después de seis cuartos, los del partido de la eliminatoria ante el Gran Canaria y los dos de la primera parte, funcionaba igual que en la Liga. Para entonces ya había vuelto Scola. Con todos los ingredientes y 60-57 empezó la cuenta atrás del cuarto periodo. El esloveno Marko Milic colocó a los blancos a un punto por tercer ocasión en la noche gracias a un mate en contraataque (60-59) y, por primera vez, empató por medio de un tiro libre en el siguiente ataque (60-60, m.32).
La defensa -muy bien sobre el serbio Igor Rakocevic- y el rebote de ataque configuraban el mascarón de proa madridista, que siete minutos antes de la bocina, sumó al duelo a dos manejadores de balón, dos hombres dotados para la dirección y, desde luego, para la anotación: Bullock y Raúl López. Los dos equipos estaban echando el resto. El Tau, en cualquier caso, seguía sin verse por detrás en el tanteo y, con poco menos de medio cuarto pendiente, continuaba sin saber lo que es (66-66, m.36). Pero no vivía tranquilo. Perasovic volvió a detener el partido para hablar con sus hombres en la banda. Quizá lo previó y por eso solicitó el tiempo porque, en la acción que reabrió el choque, Bullock puso a los blancos en ventaja por primera vez (66-68, m.37).
El norteamericano, sin embargo, iba a perderse la conclusión. Cometió la quinta y tuvo que marcharse. Quedaba Reyes, que aumentó la renta desde la línea de personal (66-70). A los blancos se les despejaba el camino. Mucho más con la eliminación por faltas de Scola (m.39). Y se les terminó de despejar con otro par tiros libres de Sekulic. Los blancos, líderes de la Liga, vuelven a la final en Málaga, donde también la disputaron hace seis años, última vez que el torneo se jugó en la capital de la Costa del Sol.
Pero los vascos partieron con un 7-0 (m.4) y el Madrid necesitaría casi cinco minutos para inaugurar su casillero en el marcador. La iniciativa cayó en manos de los hombres dirigidos por el croata Velimir Perasovic liderados, cómo no, por el hispano-argentino Luis Scola -trece puntos al descanso-. El técnico blanco, Joan Plaza, cambió a cuatro de sus cinco jugadores iniciales respecto a los cuartos de final -todos menos Felipe Reyes-, aunque no sorprendió al estratega de Split. Los blancos empataron a los nueve minutos (15-15) y, en una racha desbocada del turco Serkan Erdogan, que anotó dos triples y culminó un contra de forma consecutiva, dispararon al Tau con un parcial de 10-2 (31-21). A partir de ahí, el Madrid, a sufrir.
A sufrir, sí. La Copa cambia el polvo por brillo y los blancos, que ya habían pasado las de Caín en cuartos contra el Gran Canaria, volvieron a encontrar muchos problemas. No pudieron jugar como acostumbran en todo el primer tiempo (42-34). Sólo Felipe Reyes y el estadounidense Louis Bullock mantuvieron el nivel de siempre desde el principio. Por eso, la tercera personal de Reyes a los diecisiete minutos, muy discutida, sembró la alarma en el banquillo de Plaza.
Bullock, que contra los canarios firmó la friolera de 33 puntos -la mejor marca individual de la Copa en diez años-, se echó el equipo a la espalda a la vuelta del intermedio. El estadounidense anotó cinco puntos seguidos y el pívot serbio Blagota Sekulic puso dos de su cuenta para sellar un parcial de 0-7 y poner las cosas casi como al principio (42-41). Ahí, en esa fase tan delicada y de ascensión blanca, le cayó la quinta personal, a los veintitrés minutos, con todo un mundo por delante, al belga Axel Hervelle. Las posiciones interiores madridistas pendían de un hilo. No quedaba más remedio que proteger al internacional español para tenerle disponible en el momento oportuno.
Perasovic, al otro lado de la mesa de anotadores, también mantenía a Scola, el par natural de Reyes, sentado y a la espera de que el pívot madridista pisara el parqué para poner en acción al poste albiceleste. El Madrid libraba la batalla con Sekulic y Edu Hernández Sonseca en la pintura y, además, con buenos resultados, pero Reyes ingresó en la pista a falta de cuatro minutos para la conclusión del tercer cuarto. Nada más salir, anotó una bandeja, sacó la falta a Tiago Splitter y transformó el tiro libre (51-48).
Volvió a defender, capturó el rebote, dio el primer pase de contraataque y permitió que el turco Kemal Tunceri asistiera a Hernández Sonseca, que se colgó del aro (51-50). El Tau pedía el tiempo muerto a gritos. Perasovic paró el juego de inmediato. El Madrid, por fin, después de seis cuartos, los del partido de la eliminatoria ante el Gran Canaria y los dos de la primera parte, funcionaba igual que en la Liga. Para entonces ya había vuelto Scola. Con todos los ingredientes y 60-57 empezó la cuenta atrás del cuarto periodo. El esloveno Marko Milic colocó a los blancos a un punto por tercer ocasión en la noche gracias a un mate en contraataque (60-59) y, por primera vez, empató por medio de un tiro libre en el siguiente ataque (60-60, m.32).
La defensa -muy bien sobre el serbio Igor Rakocevic- y el rebote de ataque configuraban el mascarón de proa madridista, que siete minutos antes de la bocina, sumó al duelo a dos manejadores de balón, dos hombres dotados para la dirección y, desde luego, para la anotación: Bullock y Raúl López. Los dos equipos estaban echando el resto. El Tau, en cualquier caso, seguía sin verse por detrás en el tanteo y, con poco menos de medio cuarto pendiente, continuaba sin saber lo que es (66-66, m.36). Pero no vivía tranquilo. Perasovic volvió a detener el partido para hablar con sus hombres en la banda. Quizá lo previó y por eso solicitó el tiempo porque, en la acción que reabrió el choque, Bullock puso a los blancos en ventaja por primera vez (66-68, m.37).
El norteamericano, sin embargo, iba a perderse la conclusión. Cometió la quinta y tuvo que marcharse. Quedaba Reyes, que aumentó la renta desde la línea de personal (66-70). A los blancos se les despejaba el camino. Mucho más con la eliminación por faltas de Scola (m.39). Y se les terminó de despejar con otro par tiros libres de Sekulic. Los blancos, líderes de la Liga, vuelven a la final en Málaga, donde también la disputaron hace seis años, última vez que el torneo se jugó en la capital de la Costa del Sol.
