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Villas-Boas sigue los pasos del maestro Mourinho

Perfeccionista y amigo de sus jugadores, André Villas-Boas ha hecho historia al convertirse en el entrenador más joven que gana una competición europea.

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Perfeccionista y amigo de sus jugadores, André Villas-Boas ha hecho historia al convertirse en el entrenador más joven que gana una competición europea.

Luís André de Pina Cabral de Villas-Boas (Oporto, 17 de octubre de 1977) era este miércoles uno de los hombres más felices sobre la faz de la tierra. Con sólo 33 años y 213 días se convertía en el entrenador más joven en ganar una competición europea al proclamarse campeón de la Liga Europa con el Oporto, que se impuso por 1-0 al Sporting de Braga en la final de Dublín. Desbancaba así a todo un mito como el italiano Gianluca Vialli, que con 33 años y 308 días alzó la Recopa con el Chelsea en 1998.

Todo le sale a pedir de boca a Villas-Boas en su primera temporada con el Oporto, donde tenía un difícil reto al sustituir en el banquillo a un veterano como Jesualdo Ferreira, que el pasado verano decidió probar fortuna en el Málaga hasta que fue destituido el 2 de noviembre de 2010 antes de ser relevado por el chileno Manuel Pellegrini.

Pero este joven técnico ha pasado el examen con sobresaliente: el pasado 4 de abril conquistó la Liga portuguesa al ganar (1-2) en terreno del Benfica a cinco jornadas para el final del campeonato, en una polémica celebración marcada por el apagón en el Estadio de La Luz -paradojas de la vida- y en la que también saltaron los aspersores del riego del césped, recordando a lo que ocurrió en el Camp Nou en mayo de 2010, cuando el Inter de Milán de José Mourinho eliminó al Barcelona de la Liga de Campeones.

Y este miércoles, un mes y medio después, Villas-Boas se proclamaba campeón de la Liga Europa, dando al conjunto portuense el séptimo título continental de su historia. Aún puede lograr la matrícula de honor si el próximo domingo se impone en la final de la Copa de Portugal (Taça) ante el Vitoria de Guimaraes.

El pelirrojo Villas-Boas, descendiente de ingleses y miembro de una aristocrática familia de vizcondes lusos, igualaría así el registro logrado en 2003 por su maestro José Mourinho, con quien trabajó entre 2004 y 2009 en el Oporto, Chelsea e Inter de Milán como espía de los equipos rivales. Hace ocho años, el técnico de Setúbal conquistó el triplete con los dragones al ganar la Liga, Copa y UEFA .

Pese a la eterna comparación con el hoy técnico del Real Madrid, Villas-Boas siempre ha reconocido que se ve más parecido a Bobby Robson, que fue quien le abrió las puertas del fútbol profesional después de un anecdótico episodio protagonizado en 1992. Con apenas 16 años, impresionó al británico al enviarle una carta en perfecto inglés para aconsejarle cómo sacar mejor partido de un ágil delantero del Oporto llamado Domingos Paciencia, actual técnico del Sporting de Braga. Es decir, el mismo hombre al que ahora, tres lustros después, se ha enfrentado en el duelo de los banquillos del Dublín Arena en la final de la Europa League.

Bobby Robson, su padrino

El técnico inglés, fallecido hace dos años como consecuencia de un cáncer de pulmón, quedó entonces impresionado por la insolencia y atrevimiento del muchacho y terminó ofreciéndole un puesto como ojeador en 1994. Desde ese año hasta 1996 fue conociendo bien al asistente de Robson, un tal José Mourinho. Pero tanto el británico como el de Setúbal se marcharon al Barcelona y Villas-Boas emprendió entonces una exótica aventura internacional al ocupar el cargo de seleccionador de las Islas Vírgenes Británicas (2000 y 2001). Eso sí, tuvo que ocultar su edad (20 años) para evitarse problemas tanto con los jugadores como con los dirigentes.

Mourinho, ya sin Robson, regresó en 2002 al club de los dragones y no dudó en llamar a Villas-Boas para que trabajara con él. Desde entonces fue su maestro y guía. En aquella temporada 2002-2003, el actual entrenador madridista logró el triplete antes de hacer rumbo las maletas rumbo a Inglaterra para dirigir al Chelsea, antes de otro periplo exitoso en el Inter de Milán, con el que Mou conquistó la triple corona la pasada temporada.

Pero antes de eso, hace dos años, coincidiendo con la muerte de Robson, Villas-Boas decidió que había llegado la hora de probar fortuna por su cuenta. Así, firmó como entrenador del Académica de Coimbra, un modesto del fútbol portugués con el que acabaría realizando una buena temporada al terminar en séptima posición en la Primera División portuguesa.

La buena trayectoria con el equipo del centro de Portugal llevó al presidente del Oporto, Jorge Nuno Pinto da Costa, a interesarse por los servicios de ese joven llamado André Villas-Boas. "Mi objetivo es estar orgulloso de lo que construya en mi carrera. No quiero estar mucho tiempo entrenando porque es mucha carga emocional. Te ocupa mucho y no quiero eso. Quiero tener una trayectoria corta, de diez o doce años. Puede que quince. Y después salir, pero en ese tiempo quiero dejar huella", dijo recientemente Villas-Boas.

Juventud y talento, una combinación ganadora

Nada más aterrizar en el club, el joven técnico supo dar con la tecla y hacer del Oporto un equipo temible en el que parece perpetuarse la impronta de Mourinho. Además, tuvo la suerte de su lado al encontrarse con unos jugadores fuertes físicamente y llenos de talento. El claro ejemplo de ello es el brasileño Hulk, que forma una delantera espectacular junto al colombiano Radamel Falcao, máximo goleador de la Liga Europa con 17 dianas en catorce partidos, y el uruguayo Cristian Cebolla Rodríguez. Pero los dragones también tienen un consistente centro del campo, liderado por el internacional luso Joao Moutinho, y una inexpugnable zaga cuyo líder es el central portugués Rolando. Son la esencia del equipo.

El 4-3-3, con dos extremos bien abiertos y las líneas muy juntas, es el esquema preferido de Villas-Boas. Pero el joven entrenador también ha utilizado, y con éxito, el 4-4-2. La presión al balón coordinada entre todas las líneas, el ataque a los espacios y la intensidad defensiva son las principales señas del joven entrenador, que prefiere los ataques rápidos y directos antes que las jugadas muy elaboradas. Para este fin cuenta con la velocidad y potencia de Hulk, la estrella del equipo, el olfato goleador y el posicionamiento táctico de Falcao y la clase de Silvestre Varela.

Hulk, que presume de un fuerte disparo a media y larga distancia, lleva una temporada de récord. Difícil de parar en carrera por su fortaleza y endiablada velocidad, el extremo zurdo brasileño cambia de banda en función de las necesidades del equipo: entra por la izquierda para dar profundidad o por la derecha si se opta por un ataque sin rodeos. El ariete Falcao es un excelente rematador, tanto de cabeza como con los dos pies, y además está agraciado del oportunismo de los grandes delanteros. Luchador nato, también descubre espacios para sus compañeros y facilita la llegada de los hombres del centro del campo a las inmediaciones del gol. Varela, el tercer elemento del tridente que suele actuar volcado a la derecha, tiene una notable capacidad de desborde y acierto de cara a la portería
rival.

Pulmón y cerebro del conjunto, Moutinho es igualmente eficiente en tareas defensivas y ofensivas, mientras que su colega en el eje del centro del campo, el internacional argentino Fernando Belluschi, aporta los detalles de calidad. El colombiano Freddy Guarín, un combativo medio de vocación goleadora, 
y el brasileño Fernando, un clásico pivote muy disciplinado tácticamente, se disputan el tercer lugar del centro del campo.

La fortaleza del lateral derecho rumano Sapunaru, la versatilidad del defensa uruguayo Álvaro Pereira, la robustez del central Rolando y la agresividad del argentino Nicolás Otamendi rematan la línea de cuatro defensores. Cierra la retaguardia el veterano portero brasileño Helton, de 33 años -los mismos que su entrenador-, que ha rebatido
las críticas que se ganó en el pasado por su irregularidad.

¿Predestinado a dirigir al Madrid?

Ingredientes de calidad que han llevado al Oporto a la conquista de la Liga Europa en 2011, dando nueva muestra de que Villas-Boas merece el respeto de todo el fútbol mundial, tanto por su contundencia ofensiva y orden táctico. "Incompetente es lo que no soy, tengo las cosas debidamente definidas y sé lo que quiero para mi equipo", aseguró el preparador nada más ser presentado como nuevo entrenador de los dragones el pasado mes de julio.

Como Mourinho, la capacidad de empatía de Villas-Boas con sus jugadores, que le ven más como un amigo que como un jefe, es otra de las claves de su éxito. "Si no es el mejor entrenador con quien ya trabajé, es sin duda de los mejores. Nos concede gran libertad para trabajar", decía Helton este pasado martes, horas antes de la final de Dublín, sobre su míster.

Bien pudiera estar ejerciendo el periodismo deportivo, como él pretendía en su etapa de adolescente. O, tal vez por su edad, podría ser ahora un veterano jugador de fútbol. Lo que no sabemos es qué demarcación ocuparía en el campo. "Desciendo de ingleses y me gusta la buena vida y beber buen vino. Muchos están hablando de mi juventud y lo único que tengo que hacer es ganar para acallar esas críticas, es la única manera", asegura el valiente André, acostumbrado a vivir con la pertinaz comparación con su mentor.

Casualmente, el actual técnico madridista ganó la Champions con el Oporto en 2004, dirigiendo los Ricardo Carvalho, Deco, Vítor Baia, Costinha, Maniche, Derlei y compañía, un año después de conquistar la Copa de la UEFA. ¿Casualidad o vaticinio? Quedará la incógnita de si Boas ganará la próxima temporada el torneo de clubes más importante del mundo. Porque si conserva este equipo, lo que parece seguro es que al menos dará batalla a los grandes del fútbol europeo. Pero los aficionados al fútbol se hacen también otra pregunta: ¿acabará entrenando Villas-Boas algún día al Real Madrid? El tiempo lo dirá.

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