
L D (EFE) El acusado, que se enfrenta a una pena de cárcel de seis años, se declaró inocente de los cargos que le imputa la Fiscalía por el homicidio imprudente de Ríos, fallecido a causa de la patada que recibió en el bazo en los alrededores del estadio de San Lázaro, el 7 de octubre de 2003, concluido el partido entre el Compostela y el Deportivo. El imputado, de 31 años y que formaba parte de "Los Suaves" -sección de la peña "Riazor Blues"-, indicó que tras la "batalla campal" que se registró al finalizar el encuentro se dirigió hacia el coche acompañado de sus amigos, cuando uno de ellos, de nombre Marcos, "salió corriendo detrás de un chico" de entre 12 y 15 años.
El muchacho, vestido con bufanda y camiseta del Compostela, huía de unos jóvenes que pretendían quitarle esta prenda, momento en el que Ríos, de 31 años, salió en su defensa, y un grupo deportivista le confundió con un seguidor del equipo contrincante. A continuación recibió "una fortísima patada" que le derribó y que le causó "traumatismo abdominal, fractura del bazo y una grave hemorragia interna que le ocasionó la muerte poco después", según el informe del fiscal, Mario Piñeiro.
Rodríguez explicó que tuvo la impresión de que un "grupo de gente" iba a agredir a su amigo, por lo que echó a correr tras él hasta toparse con un hombre y darle una patada, que hizo que la zapatilla se le saliese del talón. "Con mi empujón no muere nadie", apostilló en su defensa. Según sostuvo en su primera declaración ante el juez, en ningún momento pudo verle "la cara" porque "estaba muy oscuro" y desapareció instantes después.
Aseguró que, aunque optó por entregarse al tener conocimiento de la muerte del hincha del Deportivo, "con el tiempo" llegó a la "conclusión" de que el joven a quien él desplazó no podía ser Ríos, porque éste era "bajo", y su rival era "fuerte" y de su misma estatura. Paralelamente, informó de que había escuchado cómo un "skin-head", conocido por los deportivistas como Peter Kouba, se lamentaba de haber pegado a alguien -sin precisar si era o no Ríos- y exclamaba: "devuélvemela, que no sabía que eras de Coruña".
El acusado subrayó que al ponerse en manos de la policía no quiso aportar "ningún nombre" de los que participaron en la trifulca, porque los "skin" le dan "pánico" y tiene un hijo al que no quiere poner en peligro. Pablo Alén, amigo de Ríos y que compareció como testigo en la vista, recordó que presenció los hechos en compañía de la novia del fallecido, Clara Castro, quien fue apuñalada meses después en su domicilio del municipio coruñés de Cambre, por un asunto relacionado con las drogas.
Alén, que recibió un puñetazo en el pecho, confesó que desconocía quién causó la muerte de la víctima, porque vio a "cuatro o cinco personas encima de Manuel", si bien comentó que "Gabi", como se conoce al acusado, "levantó la mano" pidiéndole disculpas. No obstante, coincidió con el imputado en que Kouba, el cabeza rapada, insistía en que le perdonaran por haber confundido a los simpatizantes del Deportivo con los del Compostela y reiteraba: "ahora pegadme a mí".
Tanto el abogado defensor, Pablo Freire, como el fiscal interpelaron a los declarantes sobre la relación que tenía la víctima con Clara Castro, porque tras el suceso se especuló con que Ríos consumía drogas, lo que pudo agravar las lesiones sufridas por el impacto. Los padres de la víctima, Manuel Ríos y María Josefa Suárez, manifestaron que era "sólo una amiga" con la que dormía "algunos fines de semana", mientras que el testigo puntualizó que era la novia de su amigo y que vivían juntos desde hacía cerca de un año. Los padres de Ríos recalcaron que el joven deportivista era "un gran hijo y un gran chico", precisaron que le mantenían con su dinero porque él no tenía trabajo y que "siempre vivió" con ellos.
El muchacho, vestido con bufanda y camiseta del Compostela, huía de unos jóvenes que pretendían quitarle esta prenda, momento en el que Ríos, de 31 años, salió en su defensa, y un grupo deportivista le confundió con un seguidor del equipo contrincante. A continuación recibió "una fortísima patada" que le derribó y que le causó "traumatismo abdominal, fractura del bazo y una grave hemorragia interna que le ocasionó la muerte poco después", según el informe del fiscal, Mario Piñeiro.
Rodríguez explicó que tuvo la impresión de que un "grupo de gente" iba a agredir a su amigo, por lo que echó a correr tras él hasta toparse con un hombre y darle una patada, que hizo que la zapatilla se le saliese del talón. "Con mi empujón no muere nadie", apostilló en su defensa. Según sostuvo en su primera declaración ante el juez, en ningún momento pudo verle "la cara" porque "estaba muy oscuro" y desapareció instantes después.
Aseguró que, aunque optó por entregarse al tener conocimiento de la muerte del hincha del Deportivo, "con el tiempo" llegó a la "conclusión" de que el joven a quien él desplazó no podía ser Ríos, porque éste era "bajo", y su rival era "fuerte" y de su misma estatura. Paralelamente, informó de que había escuchado cómo un "skin-head", conocido por los deportivistas como Peter Kouba, se lamentaba de haber pegado a alguien -sin precisar si era o no Ríos- y exclamaba: "devuélvemela, que no sabía que eras de Coruña".
El acusado subrayó que al ponerse en manos de la policía no quiso aportar "ningún nombre" de los que participaron en la trifulca, porque los "skin" le dan "pánico" y tiene un hijo al que no quiere poner en peligro. Pablo Alén, amigo de Ríos y que compareció como testigo en la vista, recordó que presenció los hechos en compañía de la novia del fallecido, Clara Castro, quien fue apuñalada meses después en su domicilio del municipio coruñés de Cambre, por un asunto relacionado con las drogas.
Alén, que recibió un puñetazo en el pecho, confesó que desconocía quién causó la muerte de la víctima, porque vio a "cuatro o cinco personas encima de Manuel", si bien comentó que "Gabi", como se conoce al acusado, "levantó la mano" pidiéndole disculpas. No obstante, coincidió con el imputado en que Kouba, el cabeza rapada, insistía en que le perdonaran por haber confundido a los simpatizantes del Deportivo con los del Compostela y reiteraba: "ahora pegadme a mí".
Tanto el abogado defensor, Pablo Freire, como el fiscal interpelaron a los declarantes sobre la relación que tenía la víctima con Clara Castro, porque tras el suceso se especuló con que Ríos consumía drogas, lo que pudo agravar las lesiones sufridas por el impacto. Los padres de la víctima, Manuel Ríos y María Josefa Suárez, manifestaron que era "sólo una amiga" con la que dormía "algunos fines de semana", mientras que el testigo puntualizó que era la novia de su amigo y que vivían juntos desde hacía cerca de un año. Los padres de Ríos recalcaron que el joven deportivista era "un gran hijo y un gran chico", precisaron que le mantenían con su dinero porque él no tenía trabajo y que "siempre vivió" con ellos.
