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España vuelve a eliminar a Italia en los penaltis y jugará la final

Tras 120 minutos de máxima tensión, pero sin goles, los actuales campeones del mundo volvían a superar a la Azzurra desde los once metros.

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Calidad, lo que se dice calidad, no sobró precisamente en el estadio Castelao de Fortaleza, la verdad sea dicha. Pero sí hubo emoción a raudales, como para parar siete trenes. Lejos de las florituras de otras ocasiones, España tuvo que ponerse el mono de trabajo ante Italia, a la que, como ya ocurrió hace cinco años en los cuartos de final de la Eurocopa, ha vuelto a eliminar en los penaltis. Esta vez con la final de la Copa Confederaciones, el próximo domingo ante Brasil en el mítico Maracaná, como premio.

Se lo tuvieron que jugar los actuales campeones del mundo y los subcampeones de Europa en los lanzamientos desde los once metros. Y ahí la suerte estuvo del lado de España. Ni unos ni otros fallaron ante Casillas y Buffon hasta poner el 6-6 en el marcador. Quien sí erró fue Bonucci, mandando la pelota por encima del larguero. El turno le tocó después a Jesús Navas. La responsabilidad era máxima, pero el sevillano no se puso nervioso, convirtió el penalti y acabó por dar a España el billete a una nueva final, la cuarta en cinco años. Se dice pronto...

Las previas lo venían repitiendo hasta la saciedad: había ganas de vendetta en las filas azzurre después del 4-0 que España le endosó en la final de la última Eurocopa en Kiev. Los campeones, por su parte, querían seguir ejerciendo de bestia negra ante un rival al que parecen haber cogido la medida –con sufrimiento o sin él– en los últimos años. Al menos en los partidos oficiales, que a la hora de la verdad son los que cuentan.

Varios cambios en uno y otro equipo: Del Bosque no quiso arriesgar con Cesc y Soldado, que acabaron tocados ante Nigeria –también en este mismo escenario de Castelao–, y los dejó en el banquillo, dando entrada a su lugar a Silva y Torres, respectivamente, mientras que Casillas volvió a ocupar la portería, como en el debut ante Uruguay. En las filas italianas, Cesare Prandelli, con el 3-5-2 como esquema, fue fiel a lo que anunció en la víspera y dio la titularidad a Gilardino, el violinista, ante la baja de Balotelli. El técnico lombardo recuperaba a Andre Pirlo, que se perdió el último choque frente a Brasil, y el medio campo transalpino lo agradeció en este choque marcado por un sofocante calor.

Italia empezó siendo superior

La primera parte fue azul –blanca en esta ocasión, al jugar Italia con su segunda equipación–. Haciendo gala de un juego directo en el que apenas intervenía Pirlo, los transalpinos, con un once plagado de jugadores de la Juventus, llegaban con mucho peligro al área de Casillas, que tuvo faena a destajo. Giaccherini hacía lo que le venía en gana por la izquierda, mientras entre Maggio y Candreva volvían loco a Jordi Alba, superándole muchas veces por velocidad. Junto a ellos, el incombustible Gilardino se fajaba con Ramos y Piqué, permitiendo a sus compañeros de ataque que encontraran huecos por las bandas.

España vivió veinte primeros de auténtico agobio, con el gol rondando sobre la portería de Casillas. Pero entre el meta madrileño y la falta de acierto de los italianos, el marcador no se movió. Los pupilos de Vicente del Bosque tenían la pelota, pero su juego era muy lento. Xavi se mostraba cansado, Silva no daba señales de vida –flojito el partido del canario–, Pedro tuvo que fajarse más en defensa y sólo Iniesta –quién si no– probaba algo diferente, tratando de sorprender a un equipo muy bien plantado sobre el césped.

Italia había levantado algo el pie del acelerador, pero en cualquier momento podía volver a avisar. Como hizo Maggio con un remate en plancha, a centro de Giaccherini, salvado providencialmente por Iker. La réplica la puso Torres sólo un minuto después con un remate blandito con la zurda que no encontró la portería de Buffon.

España, de menos a más

Italia le estaba ganando la batalla a España, tanto física como tácticamente, pero la cosa empezaría a cambiar tras el paso por vestuarios. Prandelli metió en el campo a Montolivo, retrasando la posición de De Rossi al centro de la defensa, y Del Bosque respondió dando entrada a Navas, que le dio otra cara al ataque español. El flamante fichaje del Manchester City, un puñal por la derecha, no tardó en avisar con un remate que el veterano meta italiano atrapó en dos tiempos.

Y en esas volvería a aparecer Iniesta. Ya había hecho alguna de las suyas en la primera parte, pero tras el intermedio empezó a gustarse, regalando auténticas obras de arte. Mientras sus compañeros eran silbados por la torcida brasileña cada vez que tocaban el balón, a él le dedicaban cerradas ovaciones. Para entonces, Pedro, que no brilló en ataque pero se mató a correr, dejaba su puesto en el campo a Mata.

Italia había pegado un bajón considerable –prácticamente sólo Candreva daba el do de pecho– y las tornas cambiaron en Fortaleza porque era España la que llegaba cada vez más en ataque. Y lo hizo en muchas ocasiones con un actor inesperado, Gerard Piqué, quien dispuso de dos oportunidades para desnivelar el marcador, aunque en ambas mandó la pelota a las nubes. Erró el central barcelonista en la ofensiva, pero atrás firmó un partido soberbio junto a Sergio Ramos, formando una pareja inexpugnable.

La prórroga parecía llegar inexorablemente para dos equipos fundidos, que se limitaban a jugar andando. Italia pudo adelantarse al comienzo de ese tiempo extra con un tiro de Giaccherini al palo, pero España dio un puñetazo en la mesa y no tardó en reaccionar, creando claras ocasiones de gol. A Del Bosque pareció darle un ataque de entrenador cuando metió en el campo a Javi Martínez por Torres, destrozado, y le hizo jugar de nueve. Lo cierto es que no le salió del todo mal el experimento al marqués, pues el navarro, pese a no tener la movilidad necesaria para abrir huecos, sí realizó un gran trabajo en la presión y se encargó de frenar la salida de balón italiana.

Buffon quería penaltis

Después de un penalti que se tragó Howard Webb por mano de Chiellini dentro del área –como en la final del Mundial ante Holanda, el ínclito colegiado inglés parecía predestinado a cometer alguna fechoría en contra de España, sí o sí–, los pupilos de Del Bosque gozaron de muy buenas ocasiones para haber estrenado el marcador. Así, un remate de Jordi Alba, tras jugadón de Iniesta, se perdió por encima del larguero, mientras que Xavi estrelló un balón en el palo, después de tocar lo justo un Buffon que se había confiado, y un remate cruzado de Navas lo sacó providencialmente el veterano capitán de la Azzurra.

No había forma de meter gol y así se llegó a los penaltis, esa llamada lotería en la que la suerte volvió a sonreír a España gracias al lanzamiento fallado por Bonucci y al convertido por Navas. Brasil, más descansada tras el triunfo logrado un día antes contra Uruguay (2-1), espera en la final del domingo. Más nombres que fútbol esta Canarinha, que quiere ganar su torneo en uno de los templos del fútbol. Pero enfrente tendrán a los campeones del mundo y de Europa, a la mejor selección del momento desde hace ya unos cuantos años. A Neymar, Dani Alves, Marcelo, Thiago Silva, Hulk y compañía les conviene tenerlo en cuenta...


Ficha técnica

España, 0: Casillas; Arbeloa, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Silva (Navas, m.52), Pedro (Mata, m.78); y Fernando Torres (Javi Martínez, m.94)
Italia, 0: Buffon; Barzagli (Montolivo, m.46), Bonucci, Chiellini; Maggio, Pirlo, De Rossi, Giaccherini, Candreva; Marchisio (Aquilani, m.79) y Gilardino (Giovinco, m.91)

Secuencia de los penaltis: 1-0, Gol de Candreva; 1-1, Gol de Xavi; 2-1, Gol de Aquilani; 2-2, Gol de Iniesta; 3-2: Gol de De Rossi; 3-3: Gol de Piqué; 4-3: Gol de Giovinco; 4-4: Gol de Ramos; 5-4: Gol de Pirlo; 5-5: Gol de Mata; 6-5: Gol de Montolivo; 6-6: Gol de Busquets; 6-6: Falla Bonucci; 6-7: Gol de Navas

Árbitro: Howard Webb (Inglaterra). Mostró tarjeta amarilla al italiano De Rossi (m.65) y al español Piqué (m.105)
Incidencias: Segunda semifinal de la Copa Confederaciones disputada en el estadio Castelão de Fortaleza ante la presencia de unos 59.000 espectadores. Los capitanes de los dos equipos, Iker Casillas y Gianluigi Buffon, leyeron un manifiesto en contra del racismo. Italia portó brazaletes negros en memoria de Stefano Borgonovo

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