
El caso de Mariano Díaz en el Deportivo Alavés es uno de esos episodios que retratan con crudeza cómo el fútbol profesional, cuando se mezcla con malas decisiones deportivas, contratos largos y una gestión blanda de la disciplina, termina convirtiéndose en un problema estructural. Un problema enquistado. Y Mendizorroza, hoy, es el escenario de un conflicto que el club no sabe —o no puede— resolver.
Lo cierto es que Mariano lleva más de un mes fuera de las convocatorias. Oficialmente por "decisión técnica"; extraoficialmente, por algo mucho más serio. El técnico Eduardo Coudet, poco dado a los rodeos, dejó una frase que lo dice casi todo: "Somos serios desde la conducción y hay cosas que no se pueden permitir". No hizo falta añadir nada más. En el fútbol, cuando un entrenador habla así y el futbolista desaparece del mapa, el diagnóstico está claro: ruptura total.
Diarra y Maras, también apartados
Desde aquel 17 de diciembre, cuando Mariano no fue convocado para el partido de Copa del Rey ante el Sevilla por indisciplina, el delantero hispano-dominicano ha encadenado seis ausencias seguidas: además del citado partido copero frente a los nervionenses, también ante Osasuna, Oviedo, Villarreal, Rayo Vallecano y Atlético de Madrid. No juega y ni siquiera va convocado. Y no hay visos de que la situación vaya a cambiar. Lo mismo sucede con Moussa Diarra y, desde mucho antes, con Nikola Maras. Tres futbolistas apartados de facto, aunque entrenen a diario en Ibaia como si nada pasara.
El problema es que sí pasa. Y mucho. Mariano no es un canterano rebelde ni un jugador residual. Es un futbolista con pasado en el Real Madrid, en el Olympique de Lyon y en el Sevilla. Un delantero al que el Alavés fichó el pasado verano, tras 13 meses sin equipo, como una apuesta de riesgo controlado. Pero el riesgo no era solo físico o competitivo. También era de contexto. Mariano llegó con 32 años, con un historial reciente pobre y con un carácter que ya había generado fricciones en etapas anteriores. El resultado es el esperado cuando se ignoran las señales: el experimento ha salido mal, muy mal.
Los números hablan por sí solos
En lo deportivo, los números son demoledores. Once partidos disputados, 414 minutos entre Liga y Copa y tres goles… ante el Getxo, un equipo de División de Honor — sexta categoría del fútbol español—. En Primera, cero impacto. Lucas Boyé, Toni Martínez e incluso Aitor Mañas, del filial, le han adelantado sin discusión. Mariano, que está cerca de cumplir los 33 años —próximo 1 de agosto—, no ha recuperado su mejor versión porque, sencillamente, esa versión pertenece a otro tiempo.
Pero el verdadero problema no es lo que Mariano no da en el campo, sino lo que ocupa fuera de él. Contrato hasta 2027, salario elevado para el estándar albiazul —no hay cifras oficiales, pero se habla de un millón de euros netos por temporada— y ninguna intención de marcharse en este mercado de invierno. No hay ofertas atractivas, ni deportivas ni económicas. Y el futbolista, consciente de que no va a jugar, ha optado por quedarse. Una decisión legítima desde lo contractual, pero devastadora para la planificación del club.
Mariano no quiere irse
El Alavés quiere aligerar plantilla. Lo necesita. Mariano, Diarra y Maras no cuentan y liberar sus fichas permitiría ganar margen salarial y acelerar incorporaciones urgentes. Pero ninguno quiere salir. Y todos tienen contratos largos. El resultado es una plantilla inflada, con futbolistas que no entran en los planes del entrenador y que condicionan cada movimiento en el mercado.
A esto se suma el año de inhabilitación impuesto por la FIFA a Facundo Garcés, otro golpe más a una planificación que hace aguas. El Chacho Coudet se encuentra con cuatro futbolistas menos de los que puede usar, mientras el director deportivo, Sergio Fernández, admite sin tapujos que "ha habido situaciones que han hecho que los recursos disminuyan". Traducido: no hay dinero ni margen mientras no salgan los que sobran.
Sondeando el mercado
El foco está claro. El Alavés necesita, como mínimo, un central. Hoy, Jon Pacheco es el único zaguero puro disponible. También se busca un extremo izquierdo y un delantero que eleve el nivel, no simples parches. Pero todo está bloqueado. Cada operación depende de una salida previa. Y esas salidas no llegan.
Mientras tanto, otros jugadores como Carlos Benavídez o Carlos Vicente han despertado interés desde China, la MLS o Inglaterra. Pero el club no está dispuesto a malvender. Y hace bien. El problema no es vender a los que sí cuentan, sino no poder desprenderse de los que no aportan nada.
El caso Mariano es, en el fondo, el reflejo de una mala apuesta estructural. Un fichaje hecho con la esperanza de que el pasado regresara, sin tener en cuenta que el fútbol no vive de recuerdos. Hoy, Mariano es un futbolista apartado por indisciplina, con contrato largo, sin mercado y sin sitio. Un lujo que el Alavés no puede permitirse.
Y mientras nadie dé un paso atrás, el conflicto seguirá ahí, enquistado, ocupando espacio, dinero y atención. Exactamente lo contrario de lo que necesita un club que pelea por sobrevivir en Primera.

