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Vinícius pulveriza el efecto Matarazzo y el Madrid duerme líder

Doblete del brasileño a una Real Sociedad que sufre su primera derrota con el estadounidense en el banquillo. Mbappé se quedó sin jugar.

Doblete del brasileño a una Real Sociedad que sufre su primera derrota con el estadounidense en el banquillo. Mbappé se quedó sin jugar.
Vinícius celebra uno de sus dos goles a la Real Sociedad en el Bernabéu. | EFE

El Real Madrid duerme líder. Y lo hace después de haber firmado un gran partido ante un rival serio como es la Real Sociedad, que ha sufrido su primera derrota con Pellegrino Matarazzo en el banquillo después de diez partidos. El 4-1 logrado en el Bernabéu no sólo amplía a ocho la racha de triunfos ligueros consecutivos, sino que mete presión al FC Barcelona, obligado a no fallar el lunes ante el Girona en Montilivi si no quiere ver cómo el conjunto blanco consolida su escalada en lo más alto de la clasificación.

No era un partido cualquiera. La visita del equipo txuri-urdin llegaba envuelta en elogios por su racha de nueve encuentros sin perder (seis victorias y tres empates) y por la revitalización anímica que el técnico ítalo-americano había insuflado en el vestuario de la Real. Pero el Bernabéu, que hace apenas unas semanas vivía entre murmullos y reproches, presentó una versión más serena, más reconocible, de un Madrid que ha encontrado en la sobriedad un refugio mientras espera noches mayores.

Sin Kylian Mbappé en el once —Arbeloa prefirió no forzar su rodilla a tres días del viaje a Lisboa para medirse al Benfica en la ida del playoff previo a octavos de la Champions—, el foco se desplazó hacia Gonzalo García. El canterano, colocado por fin en su hábitat natural, la punta de ataque, respondió con la naturalidad de quien entiende el área como su casa. A los cinco minutos, cuando el partido apenas se desperezaba, Trent Alexander-Arnold dibujó desde el lateral derecho un centro medido, quirúrgico, que encontró el desmarque del joven delantero. Toque de primeras, sutil desviación y balón cruzado lejos del alcance de Remiro. El 1-0 disipaba cualquier sombra por la ausencia del astro francés.

El Madrid, más fresco tras dos semanas sin el desgaste de la Copa, jugaba con las ideas claras. Camavinga y Valverde se multiplicaban en el centro del campo, Tchouaméni imponía físico y criterio, y Vinícius, más cercano a la zona de remate que pegado a la cal, comenzaba a detectar grietas en la defensa visitante. La Real, con rotaciones evidentes tras el esfuerzo copero de San Mamés, no encontraba la energía habitual para discutir el mando territorial.

Pero el fútbol siempre reserva un sobresalto. Dean Huijsen, que sigue dejando muchas dudas, midió mal un balón al espacio y derribó dentro el área a Yangel Herrera. Penalti claro, a la par que absurdo, que Mikel Oyarzabal, especialista desde los once metros, transformó con serenidad para firmar el 1-1. Parte de la grada señaló al joven central con pitos, síntoma de la exigencia que no admite distracciones.

La respuesta blanca fue inmediata. Apenas cuatro minutos después del empate, Vinícius encaró a Aramburu dentro del área. Recorte en seco, desequilibrio y un barrido del lateral que el colegiado no dudó en señalar como pena máxima. Sin Mbappé en el césped, el brasileño asumió la responsabilidad. Carrera corta, paradiña y definición con temple. El 2-1 devolvía la tranquilidad y certificaba que, en noches sin su gran estrella, el Madrid tiene otros recursos.

A partir de ahí, el encuentro se deslizó por el carril que más le convenía al líder provisional. Orden atrás, posesiones largas y una sensación de control que contrastaba con la fatiga visitante. La Real Sociedad, menos incisiva de lo habitual, acusaba la falta de chispa en los metros finales.

El tercero llegó pasada la media hora, en una acción que resume el espectacular momento de Fede Valverde. Recibió cerca del borde del área, sin oposición, giró sobre sí mismo y dibujó un golpeo seco, lejano, imposible para Remiro. Un disparo que recordó a los tiempos de Toni Kroos —el ‘8’ a la espalda parecía un guiño simbólico— y que puso el 3-1 en el marcador con aroma de sentencia. Justo antes del descanso, Gonzalo pudo ampliar la renta tras una buena combinación entre Alexander-Arnold y Valverde, pero no afinó en la definición. Era el único lunar de una primera mitad en la que el Madrid convirtió en oro casi todo lo que tocó: tres disparos a puerta, tres goles.

Matarazzo agitó el banquillo tras el intermedio, metiendo en el campo a Guedes por un desaparecido Wesley, pero el golpe definitivo llegó demasiado pronto. De nuevo Vinícius... y de nuevo Aramburu. Túnel del brasileño, contacto tardío del defensor y tercer penalti de la noche. Bastante discutible, por cierto, porque parece que el defensor vasco tocó balón. En cualquier caso, el ‘7’ blanco no falló y firmó el 4-1 con un disparo cruzado, seco, sin concesiones. Doblete y reivindicación en un día en el que el protagonismo parecía reservado a otros.

Con el partido resuelto, Arbeloa comenzó a pensar en la cita europea frente al Benfica de José Mourinho. Dio entrada a Dani Carvajal, que disfrutó de media hora en un día en el que Trent brilló con luz propia. El ritmo bajó, la intensidad se diluyó y el Bernabéu transitó hacia un final sin apenas sobresaltos. Aun así, Courtois dejó su firma con una intervención de mérito ante Aihen Muñoz tras un error en la salida, recordando que la concentración no admite vacaciones.

Gonzalo acarició el doblete, Vinícius vio anulado un posible triplete por fuera de juego y la Real comprobó que no era su noche: incluso cuando encontró portería, la bandera del asistente o la falta de puntería frustraron cualquier intento de maquillaje. La sensación final fue la de un Madrid práctico, reconocible y, sobre todo, eficaz. Cuatro goles en cinco remates a puerta hablan de una pegada que marca diferencias en la carrera por el título. La Real, que venía soñando con asaltar puestos europeos, vio frenado su impulso en un estadio que no perdona errores ni concede treguas.

El equipo de Arbeloa se acuesta con la satisfacción del deber cumplido y con la certeza de que, incluso en días sin Mbappé, hay vida más allá de las estrellas. Vinícius asumió galones, Gonzalo confirmó que no es una promesa pasajera y Valverde recordó que su zancada y su disparo siguen siendo argumentos de peso. La Liga entra en su fase decisiva y el mensaje es claro: el Real Madrid no se descuelga. Aprieta, presiona y obliga a mirar el calendario con preocupación a sus perseguidores. El Bernabéu, esta vez, se fue a casa sin sobresaltos. Y eso, en Chamartín, es noticia en los últimos tiempos.


Ficha técnica

Real Madrid, 4: Courtois; Trent (Carvajal, m.60), Rüdiger (Alaba, 60), Huijsen, Carreras; Tchouaméni (Cestero, m.79), Camavinga (Ceballos, m.73), Fede Valverde (Brahim, m.73), Arda Güler; Vinícius y Gonzalo
Real Sociedad, 1: Remiro; Aramburu, Zubeldia, Jon Martín, Aihen Muñoz; Gorrotxategi, Yangel Herrera (Turrientes, m.60), Carlos Soler, Pablo Marín (Daniel Díaz, m.73); Wesley (Guedes, m.46) y Oyarzabal (Oskarsson, m.60)

Goles: 1-0, m.5: Gonzalo; 1-1, m.21: Oyarzabal, de penalti; 2-1, m.25: Vinícius, de penalti; 3-1, m.30: Fede Valverde; 4-1, m.47: Vinícius, de penalti
Árbitro: Hernández Maeso (Comité extremeño). Amonestó a Huijsen (m.20), del Real Madrid; y a Turrientes (m.91), de la Real Sociedad
Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 24 de LaLiga EA Sports disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 74.166 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria del exjugador madridista Manolín Bueno

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