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Wimbledon asiste a una batalla épica: Rafa Nadal hinca la rodilla ante Gilles Müller

Gilles Müller ganó tras casi cinco horas. Rafa remontó dos sets y levantó cuatro bolas de partido, pero acabó perdiendo (3-6, 4-6, 6-3, 6-4 y 13-15).

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Gilles Müller ganó tras casi cinco horas. Rafa remontó dos sets y levantó cuatro bolas de partido, pero acabó perdiendo (3-6, 4-6, 6-3, 6-4 y 13-15).
Nadal se exprimió al máximo pero no pudo con Muller | EFE

Rafa Nadal no pudo levantar un partido que se le complicó sobremanera en el inicio. Gilles Müller fue un hueso duro, imposible de roer, en octavos de Wimbledon.

El luxemburgués, número 16 del mundo, atraviesa su mejor momento de forma a sus 35 años. En hierba, su superficie favorita, esta temporada tan sólo ha perdido un partido. Y cuenta con un arma letal que pone contra las cuerdas a sus rivales: el saque.

Nadal, que venía desplegando su mejor tenis, tuvo un colapso en las dos primeras mangas. Sin ritmo, en ningún momento se sintió cómodo en la pista durante los dos primeros sets. Su saque no era suficientemente agresivo y al resto no lucía como de costumbre. Con estos ingredientes, Müller se puso 2 sets a cero. La luz de alarma se encendía en el All England Club. Rafa estaba contra las cuerdas.

Sin embargo, para tumbar a Nadal hace falta un ejército. Rafa, con todo en contra, se vino arriba, empezó a arriesgar, a subir a la red, a ser mucho más consistente con su saque y a sacar a relucir su habitual veneno al resto. Poco a poco, fue acorralando a Müller. El de Manacor se llevó la tercera manga por 6-3 y también la cuarta por 6-4. El Rey de la Selva había vuelto.

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Cuando parecía que Rafa había hecho lo más difícil, Müller resucitó. Apoyado en su gran servicio, llegó a disponer de dos bolas de partido al resto. Nadal respiró hondo y volvió a demostrar que es un fuera de serie. No le tembló el pulso y consiguió alargar la batalla. Sin tie break, el partido se alargó más que un día sin pan. Gilles parecía tener ventaja. Servía primero y su poderoso saque era un arma de muchos quilates.

Sin embargo, Nadal exprimió sus opciones. Aprovechó cada segundo saque de Müller, y con la bola en juego, sacó unos golpes extraordinarios. Boleas, dejadas, passing-shots... un verdadero recital para luchar contra el saque y volea de Müller.

Tras casi cinco horas de partido, la moneda cayó del lado de Gilles. A pesar de levantar dos nuevas bolas de partido, Rafa terminó estrellándose contra un bombardero. El tornado luxemburgués ganaba 15-13. Nadal perdió, pero incluso en la derrota sigue agrandando su leyenda. Rafa solo hay uno.

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