
L D (EFE) Venus, decimocuarta favorita, ha vuelto a poner en evidencia la hegemonía del tenis ruso con un triunfo que se ha alargado una hora y 42 minutos. Las raquetas de Rusia ejercieron un dominio inapelable en 2004, con triunfos en tres de los cuatro torneos del Grand Slam: Roland Garros con Anastasia Myskina, Wimbledon con Maria Sharapova y el Abierto de EEUU con Svetlana Kuznetsova. Sólo Australia se salvó.
Las rusas parecieron precipitar un brutal y radical cambio generacional e hicieron olvidar el dominio hasta entonces encabezado por las estadounidenses hermanas Serena y Venus Williams junto a Lindsay Davenport y las belgas Justin Henin-Hardenne y Kim Clijsters. Pero las lesiones que sufrieron las cuatro facilitaron una alternancia hegemónica aparentemente prematura. La normalización de la situación llegó en la apertura del presente curso, con todas las jugadoras en plena predisposición. Australia volvió a quedarse al margen del tenis ruso con la victoria de Serena; Henin-Hardenne conquistó Roland Garros en París. Y ahora, en Wimbledon, Sharapova no reeditará su éxito del año pasado.
La recuperación del tono de antaño de Venus ha ubicado en su justo lugar el panorama del circuito, copado en sus primeras posiciones de la clasificación WTA por rusas. La potencia con la que la californiana llegó a ser número uno del mundo en febrero de 2002 y la que le llevó a copar la autoridad de los grandes torneos, ha revivido sus mejores momentos en la pista 1 del All England Tennis Club.
La mayor de las Williams, a sus 25 años, ha vuelto a dar la sensación de ser la dueña del nuevo siglo, con sus temporadas de gloria en el 2000 y 2001, cuando ganó los dos Wimbledon y los dos Abiertos de Estados Unidos que llenaron de brillo un palmarés nutrido por 32 triunfos. El más reciente, único de este año, el de Estambul. Repuesta del todo de la lesión abdominal que la tuvo alejada de las pistas durante seis meses, está dispuesta a retornar a la cima. Venus disputará su undécima final de un Grand Slam tras batir a Sharapova, que había transitado con comodidad por el torneo.
Sólo había cedido un saque en las rondas previas. La californiana lo quebró en cuatro. El duelo desveló una tensa lucha, la puja de dos tenistas que desplegaron todo su talento. Rivalizaron en dureza de golpes e, incluso, en gritos para acompañar el esfuerzo de sus respuestas. Sharapova, sin embargo, no regaló nada. Salvó tres puntos de set antes de ceder la manga después de llevarlo al tie-break, donde Williams fue muy superior. Se vino abajo la rusa luego. Y Venus se creció para apabullar a la campeona por un rotundo 6-1.
La californiana tendrá que esperar al viernes para conocer su rival. La lluvia, que demoró el arranque de la sesión, reaparecía en la recta final del choque entre Davenport y Mauresmo. La número uno del mundo ha dejado el partido a tres puntos del triunfo -con tanteo de 6-7 (5-7), 7-6 (7-4) y 5-3, con saque de la francesa (15-0)- para frustrar las intenciones de la gala de retomar la leyenda de su compatriota Suzanne Lenglen, campeona en 1919, 1920, 1921, 1922, 1923 y 1925 y, más recientemente de Nathalie Tauziat, que cayó en la final de 1998 ante la checa Jana Novotna.
