L. D.-
El 5 de octubre de 1983, ETA secuestra al capitán Martínez Barrios y el mecanismo de Interior se pone en marcha con la intención de obtener información sobre el paradero de este militar. La idea es secuestrar a algún miembro de ETA al que sacarle dicha información. El objetivo se centra en el dirigente etarra Larretxea Goñi. El entonces Gobernador Civil de Vizcaya, Julián Sancristóbal valora las posibilidades con los jefes policiales Álvarez y Planchuelo y el comisario Amedo y, tras acordar que la operación es posible, lo consulta con Vera y Barrionuevo que aceptan el plan. Lo organiza el Jefe Superior de Policía de Bilbao, Francisco Álvarez para lo que recluta a un policía de Barcelona (Gutierrez Argüelles) y a tres agentes de los GEO.
La operación fracasa y los cuatro policías son detenidos en Francia (tenían orden de usar las armas contra los agentes galos). Tan sólo un día después de que los agentes españoles sean detenidos, aparece el cadáver del militar secuestrado, el capitán Martínez Barrios. Ante el fracaso de la operación, se monta una nueva. Esta vez, también con el visto bueno de Vera y Barrionuevo, se piensa en el secuestro del etarra Mikel Lujua Gorostola, para lo que se asignan fondos reservados del Ministerio ya que, en esta ocasión, se contratarán los servicios de mercenarios. En total, un millón de francos (aproximadamente 25 millones de pesetas).
El 4 de diciembre de 1983, tres mercenarios entran el domicilio del industrial Segundo Marey en Hendaya y, tras rociarle la cara con un spray, lo secuestran. Esa misma noche, Marey es introducido en España, en calcetines y aterido de frío. Tras una encrucijada de llamadas telefónicas y comprobaciones, se llega a la conclusión de un nuevo erros, esta vez, más grave. Habían secuestrado a la persona equivocada. Lejos de ser el etarra Lujua, se trataba de un industrial de 51 años, natural de Irún y residente en Hendaya. Planchuelo, Álvarez y Sancristóbal se plantean qué hacer a partir de entonces. Al final, junto con Ricardo García Damborenea, deciden que lo mejor es seguir adelante con el secuestro. Madrid, es decir, Vera y Barrionuevo, lo autorizan. Dos inspectores desconocedores del asunto, Saiz de Oceja y Hierro, son encargados de recibir en un túnel de Basauri al supuesto etarra (en realidad, Marey) y vigilar su cautiverio en una cabaña en Cantabria. Posteriormente los dos inspectores fueron sustituidos por Cuis Hens y Juan Ramón Corujo a quienes también se les ocultó la identidad del secuestrado.
Vera y Barrionuevo tuvieron siempre conocimiento del desarrollo del secuestro en el que Segundo Marey pensaba, en todo momento, que terminarían ejecutándolo. Fueron diez días con los ojos tapados por algodón y esparadrapo y sin apenas comer. El 13 de diciembre, Sancristóbal, Vera y Barrionuevo deciden poner en libertad a Segundo Marey. Un día después, el industrial vascofrancés es abandonado cerca de la venta Pantxo, en la frontera francoespañola, en camisa, pantalón y zapatillas.
Michel Domínguez, que ya había entrado en la operación por su dominio del francés mete en el bolsillo de Marey una traducción de una nota de Sancristóbal:
A causa del crecimiento de los asesinatos, secuestros y extorsiones cometidos por la organización terrorista ETA sobre suelo español, programados y dirigidos desde el territorio francés, nosotros hemos decidido eliminar esta situación. Los Grupos Antiterroristas de Liberación -GAL- fundados a tal objeto, exponen los puntos siguientes:
1. Cada asesinato por parte de los terroristas tendrá la respuesta necesaria, ni una sola de las víctimas permanecerá sin respuesta.
2. Nosotros manifestamos nuestra idea de atacar los intereses franceses en Europa, ya que su Gobierno es responsable de permitir actuar a los terroristas en su territorio impunemente.
3. En señal de buena voluntad y convencidos de la valoración apropiada del gesto por parte del Gobierno francés, nosotros liberamos a Segundo Marey, arrestado por nuestra organización, a consecuencia de su colaboración con los terroristas de ETA.
Tendrán más noticias del GAL.
Fue la primera vez que aparecieron las siglas del GAL.
La operación fracasa y los cuatro policías son detenidos en Francia (tenían orden de usar las armas contra los agentes galos). Tan sólo un día después de que los agentes españoles sean detenidos, aparece el cadáver del militar secuestrado, el capitán Martínez Barrios. Ante el fracaso de la operación, se monta una nueva. Esta vez, también con el visto bueno de Vera y Barrionuevo, se piensa en el secuestro del etarra Mikel Lujua Gorostola, para lo que se asignan fondos reservados del Ministerio ya que, en esta ocasión, se contratarán los servicios de mercenarios. En total, un millón de francos (aproximadamente 25 millones de pesetas).
El 4 de diciembre de 1983, tres mercenarios entran el domicilio del industrial Segundo Marey en Hendaya y, tras rociarle la cara con un spray, lo secuestran. Esa misma noche, Marey es introducido en España, en calcetines y aterido de frío. Tras una encrucijada de llamadas telefónicas y comprobaciones, se llega a la conclusión de un nuevo erros, esta vez, más grave. Habían secuestrado a la persona equivocada. Lejos de ser el etarra Lujua, se trataba de un industrial de 51 años, natural de Irún y residente en Hendaya. Planchuelo, Álvarez y Sancristóbal se plantean qué hacer a partir de entonces. Al final, junto con Ricardo García Damborenea, deciden que lo mejor es seguir adelante con el secuestro. Madrid, es decir, Vera y Barrionuevo, lo autorizan. Dos inspectores desconocedores del asunto, Saiz de Oceja y Hierro, son encargados de recibir en un túnel de Basauri al supuesto etarra (en realidad, Marey) y vigilar su cautiverio en una cabaña en Cantabria. Posteriormente los dos inspectores fueron sustituidos por Cuis Hens y Juan Ramón Corujo a quienes también se les ocultó la identidad del secuestrado.
Vera y Barrionuevo tuvieron siempre conocimiento del desarrollo del secuestro en el que Segundo Marey pensaba, en todo momento, que terminarían ejecutándolo. Fueron diez días con los ojos tapados por algodón y esparadrapo y sin apenas comer. El 13 de diciembre, Sancristóbal, Vera y Barrionuevo deciden poner en libertad a Segundo Marey. Un día después, el industrial vascofrancés es abandonado cerca de la venta Pantxo, en la frontera francoespañola, en camisa, pantalón y zapatillas.
Michel Domínguez, que ya había entrado en la operación por su dominio del francés mete en el bolsillo de Marey una traducción de una nota de Sancristóbal:
1. Cada asesinato por parte de los terroristas tendrá la respuesta necesaria, ni una sola de las víctimas permanecerá sin respuesta.
2. Nosotros manifestamos nuestra idea de atacar los intereses franceses en Europa, ya que su Gobierno es responsable de permitir actuar a los terroristas en su territorio impunemente.
3. En señal de buena voluntad y convencidos de la valoración apropiada del gesto por parte del Gobierno francés, nosotros liberamos a Segundo Marey, arrestado por nuestra organización, a consecuencia de su colaboración con los terroristas de ETA.
Tendrán más noticias del GAL.
Fue la primera vez que aparecieron las siglas del GAL.
