El desarrollo de la guerra contra el terrorismo, sus consecuencias económicas y la elección de los cargos judiciales en nuestro país son las principales cuestiones de las que se ocupan los editoriales de prensa del día.
El Mundo aborda -esta vez con claridad y firmeza- tres frentes de la nueva guerra global en la que nos encontramos: Por un lado, denuncia el doble juego mantenido por Arabia Saudí respecto al terrorismo islámico; una cuestión también abordada en ese periódico por un artículo del historiador Stanley G. Payne. Pese a su supuesta condición de aliado de Occidente, El Mundo pone de relieve la contribución de Riad a la difusión del fundamentalismo y su contribución al auge de Al Qaeda: “Su apoyo diplomático al regimen talibán, su patrocinio de las madrasas y su aquiescencia ante la proliferación de una red de mecanismos de ayuda financiera al entramado terrorista han sido claves para que Ben Laden llevara a cabo los atentados”. Así mismo, El Mundo alaba la posición de firmeza y beligerancia contra el terrorismo manifestadas por Blair y Schröder en sendas entrevistas publicadas en sus páginas. Por último, el diario califica con toda razón de inaceptable la oferta de estudiar la extradición de Ben Laden “a un país neutral” propuesta por los talibanes, y respalda la dura réplica de la Casa Blanca al régimen cómplice.
ABC, manteniendo su buena línea editorial ante el once de septiembre, hace nuestra la causa contra el terrorismo islamista y afirma que “a toda la sociedad española y a su Ejército le son exigibles el sacrificio y la solidaridad que requieren la participación en esta guerra contra el terrorismo que tan directamente nos concierne. No es posible, bajo los requerimientos de un pacifismo irresponsable o de una imposible neutralidad eludir nuestra responsabilidad en la lucha contra el principal enemigo de la civilización.” Si el rechazo al terrorismo expresado en Toledo por Aznar, Fox y Pastrana sirve de base para el editorial, no hubiera estado de más que ABC denunciara la vía claudicante del mandatario colombiano como ejemplo paradigmático de cómo no se debe afrontar la embestida terrorista.
El País, por su parte, se entrega a su empeño de que el desplome de las torres gemelas catapulte a Keynes; una nefasta aunque presente tentación que también trata de mostrar atractiva -y de forma aún más descarada- un artículo de Joaquín Estefanía en ese mismo diario. Aunque no llegue a grados de involución tales como reivindicar el aislamiento comercial y el freno a la globalización, El País, rechazando lo que llama “prejuicios ideológicos”, respalda la irresponsabilidad en el gasto y mayor dopaje en política monetaria. Claro que, no con estas palabras...
Por último, destacamos el editorial que El Mundo dedica a la persistente ruptura del acuerdo entre el PP y el PSOE referente a la renovación de los cargos judiciales. El Mundo reprocha a Zapatero que siga escudándose en las declaraciones de Rato en el Congreso para no cumplir lo pactado. Este diario ve tras la negativa del PSOE la sombra de Felipe González y la cercanía de las elecciones gallegas, y argumenta que “si se tratara de poner a Rato en evidencia, Zapatero se cargaría de razón si asumiera el acuerdo y denunciara la acusación de chantaje. El argumento que podría esgrimir en contra del vicepresidente es obvio. ¿Cómo va a ser un chantaje el pacto que han firmado el PP y el Gobierno?”. Bueno es que El Mundo aborde la intolerable prorroga a la que están forzados desde hace meses muchos cargos judiciales, pero la entrada en vigor del acuerdo no borraría el pasteleo político en el que se ha basado. Ya que desde la clase política no se va a reclamar la separación de poderes, bueno es que lo hicieran los medios de comunicación para intentar matar así, de un tiro y de raiz, los intolerables aplazamientos y mercadeos a los que aboca el actual nombramiento político de los cargos judiciales.

Pastrana, Keynes y Montesquieu
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