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Así son las primeras horas de un preso en la cárcel

Blesa permanece en un módulo de ingreso, donde estará los primeros días. Después se le asignará un módulo y compartirá celda.

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El que fuera presidente de Caja Madrid durante algo más de trece años, Miguel Blesa, ha sido enviado a prisión por el titular del juzgado de Instrucción número 9 de Madrid. El juez cree que pudo cometer varios delitos en la compra del City National Bank de Florida y, al contrario de hace unas semanas, cuando le impuso una fianza de 2,5 millones de euros de euros, ahora el envío a prisión es incondicional.

Como la otra vez, en la que apenas tardó una horas en recaudar su fianza, fue trasladado por agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado hasta el centro penitenciario Madrid V, ubicado en la localidad de Soto del Real, algo menos de cuarenta kilómetros al norte de la capital.

Como cualquier otro preso, tiene que cumplir con los trámites de ingreso. En primer lugar, los funcionarios de prisiones proceden a identificarle y registrarlo en el libro de ingresos del centro, tras lo que le toman sus huellas dactilares y le sacan dos fotografías, de frente y de perfil, para la apertura de su expediente personal, en la que se recoge su situación procesal y penitenciaria.

Acabado este trámite, el personal somete al preso a un cacheo personal y a un control de sus pertenencias. Los artículos no autorizados (teléfonos móviles, relojes, cartera…) son guardados en el centro y se le entrega un recibo al recluso. Con estos objetos pueden pasar dos cosas: o bien se le vuelven a entregar al interno cuando abandona el centro o se le entregan a un familiar autorizado.

Se le proporcionan entonces varios kits que van a ser necesarios para su vida en prisión. Uno compuesto por un juego de sábanas y una manta; otro compuesto por una bolsa con artículos de higiene personal. Asimismo, se le entrega un juego de cubiertos de plástico que el preso utilizará para sus tres comidas diarias, y una tarjeta monedero con la que podrán pagar en el economato de la prisión, y que la familia puede cargar con hasta 80 euros semanales.

Según informa el manual "La prisión paso a paso", redactado por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior, el preso pasa entonces a una pequeña enfermería, donde se le somete a un reconocimiento médico, momento en el que debe comunicar las enfermedades que padece, los medicamentos que está tomando o cualquier otro tipo de información relevante.

Durante los primeros días de su estancia en la cárcel, el recluso pasa sus horas en una celda individual del módulo de ingresos, donde pasa el duro trance de asimilar psicológicamente que ha quedado privado de libertad. Es durante esos días en los que recibe la visita de un trabajador social (a los que informa de cómo queda su situación familiar), un psicólogo, un educador y diverso personal del centro, que de prolongarse su estancia en la cárcel son los encargados de decidir el módulo al que es asignado y los posibles trabajos que pueda desarrollar en la prisión.

El toque de diana llega a las ocho de la mañana. Mientras los presos que están asignados a módulos tienen que estar a las 8.30 horas de la mañana en el comedor, los reclusos que están todavía en el módulo de ingreso, como es el caso de Blesa, permanecen en sus celdas y es otro interno el que les lleva la bandeja del desayuno hasta su celda.

Acabado el desayuno, en el módulo de ingreso continúan en las celdas, recibiendo las visitas del personal del centro penitenciario, y el mismo proceso ocurrido durante el desayuno se repetirá con la comida y la cena. Por su parte, los reclusos asignados a un módulo, y que comparten celda con otro interno, se tienen que ceñir a los horarios marcados por el centro.

Así, una vez concluido el desayuno, entre las 9.00 y las 13.00 horas, acuden a los cometidos que tienen asignados (lavandería, cocina, biblioteca…) o si no lo tienen, salen al patio o acuden a la sala de televisión. Quien lo solicita, puede acudir también a las duchas para asearse. Entre las 13.00 y las 14.00 se sirve la comida en el comedor, tras lo que los presos van a sus celdas hasta las 16.30 para dormir la siesta.

Concluido el horario de descanso, los reclusos vuelven salir de sus celdas hasta las 20.30 h., donde vuelven a ir a cumplir con sus cometidos, al patio, a la sala de televisión o a las duchas si así lo pidiesen. De 20.30 a 21.30 se sirve la cena, tras la que los reclusos vuelven a sus celdas hasta el toque de diana de la mañana siguiente.

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