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Homenaje a Albert Boadella, "un príncipe entre bufones"

En el acto se reivindicó el talento y la valentía del dramaturgo. Participaron Cayetana Álvarez de Toledo, Arcadi Espada o Ramon Fontserè.

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Decía Woody Allen que "la única manera de ser feliz es que te guste sufrir". Albert Boadella, por su parte, se retroalimenta del odio ajeno, le produce placer. "Los enemigos me provocan orgasmos", ha afirmado este lunes en el homenaje que le ha marcado la plataforma Libres e Iguales en el Teatro Muñoz Seca, con Mario Vargas Llosa, Rosa Díez, Joaquín Leguina, Federico Jiménez Losantos, Alejo Vidal-Quadras o Toni Cantó, entre muchos otros –no queda bien eso de ir enumerando a todos los asistentes-, presentando admiración, amistad, risa, abrazo y aplauso.

Libres e Iguales reclamó en fecha reciente la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional para el dramaturgo, por haber "soldado de una manera elegante y radical la falsa grieta entre arte y compromiso". Las autoridades no concedieron a Boadella un galardón que sí recibió Jordi Pujol y eso que, para Cayetana Álvarez de Toledo, el autor de Teledeum o Adiós, Cataluña es "el español ideal". La portavoz de la plataforma convocante, en un ambiente de sombras rojizas y acordeón, arrancó el acto recordando cómo Antonio Baños, Rosa María Vives o Pilar Rahola, por ejemplo, definieron al homenajeado –que si "falangista provinciano", que si "militar melillense", etcétera.

El director de la editorial Funambulista, Max Lacruz Bassols, dijo de Boadella que "avisa de cosas" casi por "obligación", como "que se puede convertir la plaza de toros (de Barcelona) en una mezquita". "Es de una estupidez que raya lo escatológico creer que las cosas no pueden ir a peor", añadía. Tras su intervención, se proyectó un documental en el que primó el contrapunto y la pluralidad. Valgan los siguientes ejemplos: Alfonso Guerra: "Boadella representaba un reino insumiso en sí mismo". José María Aznar: "Nos ha enseñado a ser libres e iguales" –guiño, guiño. Salvador Sostres: "Es el primer catalanista". David Jiménez: "Me encanta su coraje intelectual para ir a contracorriente".

Acto seguido, Arcadi Espada nos recordó que Boadella se enfrentó a Franco y a Pujol, repasó su trayectoria y recordó que "el gran artista es el que se pone de pie en su tiempo"; que le "ha pasado algo que es raro: se han apoderado de su país"; que "antes del golpe de Estado", hubo un "golpe social y Boadella lo vio venir", y que "el artista es siempre un príncipe entre bufones". Después del periodista, el actor Ramon Fontserè contó que "con Albert se juega a hacer teatro", conjugando su discurso con una imitación divertidísima de Jordi Pujol, melodía de El Padrino incluida. La última en homenajear, Dolors Caminal, pintora y señora de, dijo que "su teatro es constructor de belleza, recipiente de las demás artes", y señaló que, tras el encarcelamiento de Boadella por La Torna, "faltó el apoyo de los –por entonces- nuevos partidos, de ahí que tuviera que escaparse de la cárcel –iba a ser sometido a un consejo de guerra- y nos exiliáramos".

Los últimos en intervenir, tras un prolongado aplauso, fueron Albert y Boadella, en un ejercicio irónico y sutil de desdoblamiento de personalidad: el primero, "un viejete con cara juvenil al que le sigue gustando jugar, que se pone la estelada en el culo"; el segundo, alguien que "no desea agasajos ni honores. Al Boadella, un homenaje le parece una forma de acercarle a la tumba". La cosa terminó con el dramaturgo leyendo a Josep Pla, con otro aplauso y con un beso conyugal.

No sabemos si de Albert o si de Boadella.

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