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Procesando a los Pujol

Seis años después de la confesión de Pujol, el juez De la Mata concluye la instrucción del caso y propone que se juzgue a toda la familia

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Seis años después de la confesión de Pujol, el juez De la Mata concluye la instrucción del caso y propone que se juzgue a toda la familia
Los Pujol en una imagen de archivo. | EFE

Casi seis años después de que Jordi Pujol Soley, expresidente de la Generalidad, confesara que tenía una fortuna oculta en el extranjero (el 25 de julio de 2014), el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, propone sentar en el banquillo de los acusados a la familia al completo acusada de formar una organización criminal. Se pone fin así a la instrucción de un sumario que ha discurrido en paralelo a la demolición del pujolismo primero y a su reconstrucción en los últimos tiempos, cuando se pensaba que el procedimiento judicial podía quedar en agua de borrajas.

Acosado por las informaciones sobre los negocios de sus hijos, los trapicheos del partido y el tres por ciento, Pujol decidió el 25 de julio de 2014 confesar la existencia de una supuesta herencia de su padre Florenci en Andorra por la que no había pagado impuestos durante más de tres décadas. Aquella cortina de humo causó verdadera conmoción en la política catalana. Suponía el fin de un mito, aunque la mayoría de los demiurgos del expresidente se afanaron en construir el relato de que el viejo patriarca del catalanismo se inmolaba para salvar a su prole.

La tesis principal era que pendiente de la construcción de la gran Cataluña, Pujol había dejado en manos de su esposa, Marta Ferrusola, la educación de unos hijos que se habían dedicado a hacer negocios en nombre del padre pero también en ausencia del padre y con una contabilidad secreta en la que Marta Ferrusola traficaba con sus gestores bancarios misales como sinónimo de millones.

Cercada la familia por los cada vez más abundantes datos sobre bolsas de basura llenas de dinero en dirección a Andorra y grandes y opacos pelotazos inmobiliarios tanto en España como en el extranjero, Pujol trató de desviar la atención y avivar la teoría de que el Estado actuaba contra él a causa del proceso separatista, cuyo comienzo fijan los separatistas en 2010, cuando el Tribunal Constitución retocó algunos artículos del Estatut.

El barniz político del caso

A la defensa de la familia le interesaba dotar el caso de un barniz político, vincularlo a la agitación que se vivía en Cataluña a pocos meses del que sería el primer referéndum separatista, el 9 de noviembre de 2014, recrear el argumento de que las cloacas del Estado perseguían a Pujol y a su familia para erosionar el denominado Procés.

Sin embargo, las revelaciones de una exnovia del primogénito de los Pujol-Ferrusola y la propia confesión de Pujol, entre otros extremos, daban forma a un caso de corrupción que propiciaban otra teoría muy distinta. Si para algo servía la escapada separatista era para tapar las montañas de corrupción en torno a la figura de Pujol, que gobernó Cataluña durante 23 años dando una imagen de austeridad totalmente contraria a lo que ocurría con su familia entre bambalinas.

El partido, Convergència, no resistió. Era de tal calibre la mancha que la única opción para los nacionalistas fue disolver la formación y crear otro partido. Los nacionalistas siguieron adelante con otros nombres, el PDeCAT entre ellos. El proceso separatista también continuó su curso. Y las pesquisas judiciales también, si bien lentas, enrevesadas y llenas de agujeros negros que los letrados de los Pujol, los afamados Cristóbal Martell y Javier Melero, entre otros, explotaban convenientemente.

Al cabo del golpe de Estado

En el plano político, Pujol era un apestado en público, pero seguía manteniendo el rango patriarcal en privado. Artur Mas y Carles Puigdemont le rendían pleitesía. Era informado de primera mano sobre los avances hacia la independencia y estuvo en más de una reunión con el núcleo duro del golpe de Estado. No se le podía sacar en los mítines, pero con el paso de los años se fue relajando el ostracismo. Los monjes benedictinos de Montserrat y TV3 fueron los primeros en devolver a Pujol su categoría social y política.

Además, se formó un grupo de "amigos de Pujol" cuya misión consistía en organizar homenajes de pequeño formato, reconocimientos por su obra política. Se le atribuyó incluso el papel de gran arquitecto del proceso separatista al hilo de un plan denominado Catalunya 2000 en el que se sentaban las bases de la erradicación del idioma español, el control de los medios de comunicación y los centros de enseñanza, desde los parvularios hasta los rectorados, la creación de una administración "total" y de una "cultura nacional" catalana.

El último homenaje

En los últimos tiempos se daba casi por seguro que el caso Pujol era historia, agua pasada. Hace unos días, cuando Pujol cumplió noventa años volvió a ser homenajeado. El marco, una excursión a la cima del Tagamanent, donde la Diputación de Barcelona había reconstruido una ermita y un pajar que según Pujol (hay serias dudas al respecto) había visitado con 10 años, en 1940, y donde había tenido la visión de reconstruir Cataluña y construir una nación. Una treintena de personas escuchó sus pareceres y agasajó al viejo político y a su esposa, de 85 años. Les acompañaban algunos de los hijos.

Todos ellos deberán sentarse en el banquillo acusados de organización criminal, blanqueo de capitales, delitos contra la Hacienda Pública y falsedad documental.

Con toda seguridad el independentismo se volcará en la defensa de su viejo líder, para ellos el hombre que sentó las bases del proceso. Ni siquiera ERC se podrá resistir a los efluvios retóricos de quienes subrayan la obra política de Pujol en detrimento de su perfil de corrupto confeso. La teoría de que la instrucción judicial es una venganza del "Deep State" es moneda corriente en la Cataluña separatista, donde Pujol ya no es un expolítico corrupto sino el entrañable padre de la Cataluña moderna víctima de un poder judicial que ha llevado a la cárcel a personajes tan venerados como los Jordis u Oriol Junqueras. Las comparaciones con el emérito también serán inevitables, si bien la causa contra la supuesta organización criminal de los Pujol comenzó hace más de seis años.

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