Ser útil a la OTAN
¿No podría Sánchez iniciar una política de gasto militar en nuestra industria enfocada a la fabricación de estas armas tan baratas?
Pedro Sánchez afeó a todos nuestros aliados el aumento del gasto en Defensa. Empezó escudándose en el aparentemente ingenuo pacifismo de la extrema izquierda. Sin embargo, esto es predicar el desarme unilateral y la consiguiente rendición a rusos y chinos. Por otro lado, el pretexto no cuela entre el electorado culto de centro izquierda, que es mal que bien consciente del peligro que entrañan los comunistas de ayer y de hoy. De modo que nuestro presidente adoptó enseguida otra idea, la de que, con el 2,1% del PIB, "ni más ni menos", España puede conseguir las capacidades militares que se nos exigen. Naturalmente, el argumento es falaz ya que Sánchez ignora por completo qué capacidades son ésas y lo único que quiere es ser reconocido como el líder europeo que más irrita a Trump para poder luego disfrazarse de defensor de los valores occidentales frente al bruto magnate.
Y, sin embargo, la idea es buena. Sobre todo, si se tiene en cuenta que ningún presidente del Gobierno español que aspire a ser reelegido puede recortar sustancialmente el gasto social, mucho menos en beneficio del militar. Pero, ¿es posible alcanzar el nivel de capacidades que se tendrían con el 5% de gasto invirtiendo tan sólo el 2,1%? Si lo que se pretende es disponer de los sistemas en la cuantía y calidad que nuestros aliados desean, es evidente que no. No obstante, podríamos defender, sin necesidad de recurrir al granito del que está hecho el rostro de nuestro presidente, que la guerra ha cambiado.
Ucrania ha demostrado que, por muy necesarios que sigan siendo los cazas, los tanques y los acorazados, son más útiles los comparativamente mucho más baratos sistemas no pilotados. Kiev ya no necesita carísimos misiles Patriot para derribar los letales aviones no tripulados Shahed rusos, sino que le bastan drones interceptores mucho menos costosos que aquéllos. Además, en Ucrania, el radar ya no es la herramienta principal con la que detectar los ataques aéreos de Moscú, sino que se utilizan nuevos sistemas sónicos ideados por sus ingenieros y que tienen un coste contenido. Ya hemos visto como la flota rusa del Mar Negro está amarrada a puerto porque, si sale de él, los drones navales ucranianos, mucho más económicos que un buque de guerra, los hunden de inmediato. Todo eso sin hablar de las posibilidades que ofrece la guerra electrónica.
A la vista de esta realidad, ¿no podría Sánchez iniciar una política de gasto militar en nuestra industria enfocada a la fabricación de estas armas tan baratas y que podrían ser muy necesarias si llega finalmente la guerra? ¿No sería una manera de demostrar que se es útil a la OTAN sin necesidad de gastar el porcentaje de PIB que se nos demanda? Pues claro que podría, pero no lo hará. No porque no sepa de ello —estoy seguro que en el ejército español ya se le habrá ocurrido a alguien—, sino porque su finalidad no son las capacidades, sino el relato. Y porque cualquier política etiquetable de belicista, por asequible que sea y aunque no ponga en peligro el Estado del bienestar, encontrará la oposición de la extrema izquierda y de una parte no despreciable del electorado socialista. No perdemos oportunidad de perder una oportunidad.
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