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Un ejército de nietos para Sánchez

Qué pasará en La Habana cuando estos nuevos españoles se acerquen a votar al consulado español en aquel paraíso de la libertad.

Qué pasará en La Habana cuando estos nuevos españoles se acerquen a votar al consulado español en aquel paraíso de la libertad.
Europa Press

Con ocasión de la denuncia del regalo de la nacionalidad a los nietos de españoles, que tiene la obvia intención de que esos flamantes votantes puedan dar al PSOE algún diputado más de los que conseguiría en condiciones normales, ciertos medios 'serios' han entrado en cólera porque se ponga en tela de juicio nuestro sistema y el trabajo neutral de nuestros diplomáticos. Tanto rasgado de vestiduras y mesado de cabellos hace que la maniobra parezca aún más sospechosa.

Para empezar, basta tener un abuelo español, de los cuatro que todos tenemos, para poder optar a la nacionalidad española. Tampoco hace falta acreditar que la emigración del abuelo se debiera a motivos políticos. Se ha suprimido el requisito del voto rogado para dar las máximas facilidades a que los nuevos españoles voten. Para poder tramitar las nuevas nacionalidades a tiempo de incluirlos en el censo electoral, se ha contratado personal externo que ayude a hacer el trabajo "a tiempo". Paco Salazar, asesor electoral y acosador sexual, se ha desplazado a Buenos Aires, que es la ciudad donde más españoles nuevos hay. En las últimas elecciones autonómicas, el PSOE ha ganado siempre entre los votantes del exterior.

Son todas circunstancias suficientemente sospechosas por sí mismas. Pero, añadamos que quien impulsa el proceso es alguien que trató de evitar su defenestración del PSOE con una votación sin garantías, se hizo de nuevo con la secretaría general con votos fraudulentos, como reconocen los mensajes intercambiados entre Koldo García y Santos Cerdán; dio a unos golpistas impunidad a cambio de la investidura; ha mentido tanto que es imposible creer nada de lo que diga; su partido ha sido sorprendido comprando votos emitidos por correo en al menos dos ocasiones; tiene casi un centenar de imputados por corrupción; están incluso imputados su hermano y su mujer por conductas paladinamente inmorales, y es patente el deseo de mantenerse en el poder; no obstante, carece de los apoyos parlamentarios suficientes para poder defenderse mejor de las acusaciones cada vez más acuciantes que cercan a tantos socialistas.

En estas circunstancias, ¿es una irresponsabilidad dudar del proceso de nacionalización emprendido por el Gobierno? Quienes reprochan al PP y a Vox sus dudas quieren hacernos comulgar con ruedas de molino. O, ¿no es perfectamente lícito creer que, llegada la campaña electoral, Pedro Sánchez prometerá a los nuevos españoles una pensión no contributiva, por ejemplo, si consiguen con sus votos mantenerle en La Moncloa?

Dicen que los diplomáticos españoles han puesto el grito en el cielo por el hecho de que el PP dude de su profesionalidad. Solo lo ha hecho el presidente de una asociación de estos funcionarios. En todo caso, habría que ver a quién ha puesto José Manuel Albares al frente de los consulados en las ciudades clave de este proceso. Y qué empresas ha contratado el Ministerio para que ayuden a desatascar el papeleo. Y qué pasará en La Habana cuando estos nuevos españoles se acerquen a votar al consulado español en aquel paraíso de la libertad bajo vaya usted a saber qué presiones de las autoridades cubanas, interesadas más que nadie en que Sánchez siga en el Gobierno. De modo que lo irresponsable no es dudar del proceso, sino no hacerlo.

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