Hueles a tierra mojada después de caer la lluvia,
a pólenes de azahares, hueles a casa y sonrisa.
Se ciernen sobre tus sienes nieves que marcan nobleza,
sobre tus brazos hay mieles y encuentra mi amor tibieza.
Tú hueles a madrugadas, a las perlas del rocío,
es tu aroma en mi almohada de jazmín y flor de lirio.
Al despuntar la mañana cuando la luna se aleja,
somos la hebra y la lana... en una sola madeja.
Hueles a siempre perenne, a tierra a flor y a raíz,
a esperanzas siempre verdes a árbol, menta y anís.
Fue una tarde feliz cuando te ví;
te recuerdo subiendo la escalera;
yo te observaba en expectante espera.
Tus ojos me miraron. Comprendí
que una mujer cual tú era para mí
la que mi vida entera rehiciera,
pues mi existir entonces incierto era,
mas al día siguiente te perdí.
¿Por qué –me pregunté- el amor huye
cuando a mi corazón comenzar fluye
y me deja reseco y dolorido?
Tu destino –dijeron- amargura.
Entonces comprendí: ¡cuán vida dura
la de aquel que su amor haya perdido!
Hace dos años que te vi,
que por primera vez te vi,
y enseguida comprendí
que serías Tú.
Tú me enseñarías a vivir,
a paladear la vida,
a saborearla toda,
Tú me enseñas a vivir.
Tú, que todo lo haces bonito
que todo lo haces hermoso
Porque tu presencia lo cambio todo.
Porque Tú lo eres todo.
Hace dos años...
Han pasado unas semanas
desde que, con voz velada,
quisiste que te escribiera
cómo por ti mi amor era...
¡Cuánto te quiero, mi amada...!
"¿Qué es lo que tú ves en mí?"
"¿Dónde mi límite existe?"
"¿Cuáles son esas virtudes
si mis defectos -no dudes-
pueblan este cuerpo triste?"
¿Cuerpo triste? Sí, el mío.
Queda lúgubre, marchito,
sombrío, malhumorado,
si al despertar, a mi lado,
me falta el tuyo, bendito.
¿Quieres hablar de carencias?
¿De tus taras, tachas, fallos?
¿Quieres hablar de defectos?
¿De faltas? ¿De desperfectos?
De todo eso, en ti, no hallo.
Negros topacios tus ojos,
tus labios son dulce beso,
tu rostro gran resplandor,
tus brazos, nido de amor...
En ti veo yo todo eso.
Y en esta postrer estrofa
¡ya es momento, ya me toca...!
soy yo quien ahora codicia
esa anhelada caricia
procedente de tu boca.