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Sobre el mundo antisistema en España...++

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Sobre el mundo antisistema en España...++
Enviado por sergeidu el día 26 de Abril de 2012 a las 08:54
Leo con estupor que un grupo de gente ha frenado trenes suburbanos de forma
cronometrada. Una acción que sin llegar aún, cada vez se parece más al terrorismo.
Desde luego incardinable en los delitos de desorden público y pertenencia a
organización criminal (557 y 570 bis del CP).

El problema de la aplicación de penas que puede suponer amplias temporadas en prisión
para estos ciudadanos no es otro que la ideología.

En el diccionario de un izquierdista cuando se comete un delito se aplica la ley, pero
cuando se comete un delito "justo" o justificable" como expresión del sentir popular y se
aplica la ley, eso es "represión".

Y España aún sigue siendo ideológicamente de izquierdas, por más que Rajoy haya
ganado por mayoría absoluta. No deja de ser un mal menor al que un día quitar de en
medio.

Escuchaba anteayer al Ministro de Exteriores en una entrevista en Intereconomía. En
determinado momento comparó la historia del PP en España como la de Sísifo y su
piedra; cuando consiguen arreglar una crisis gana la izquierda y cae la piedra. Sin duda
acertado, en la expresión metafórica, pero treméndamente equivocado en el diagnóstico
estaba el Ministro.

Sísifo fue castigado por los dioses; él era perfectamente conocedor de su destino; de la
inevitabilidad de su destino. Este mito permaneció en el silencio cultural occidental hasta
que fue recuperado por Alberto Camus en el ensayo del mismo título. Coloca así a Sísifo
en la aventura plástica del hombre existencial. Ya no son los dioses los que castigan,
sino que la propia vida humana, la existencia, es el subir pesado de Sísifo por la ladera
de la montaña; o lo que Heidegger había expresado años antes; la diferencia entre el
éxito y el fracaso es el tiempo.

Pero como digo, nuestro inteligente Ministro de Exteriores estaba muy equivocado. El PP
puede colocar la piedra en la cima de la montaña, sentarse a contemplar las vistas
mientras se fuma un cigarro.

La ideología no es más que el relato justificativo (usando la terminología de Habermas)
por el cuál un conjunto de personas, en este caso el pueblo, cede y legitima el poder
que detentan otras, en este caso un gobierno sostenido por un partido político. Mientras
el pueblo tiene una determinada ideología que encaja en el proyecto expresado de un
partido, éste puede hacer y deshacer. Esto es independiente de la forma en que se
traduzca el poder, sea democracia o dictadura, con la única excepción de los
totalitarismos, donde la ideología, en tanto que limitación del poder, no existe por
definición.

España sigue siendo de izquierdas ideológicamente. Si bien sus sistema ha fracasado
estrepitósamente con Zapatero, el proceso de sustitución de una ideología por otra aún
no se ha llevado a cabo. Existe una desconfianza generalizada sobre la materialización
del progresismo de izquierdas, pero la derecha no ha creado sustituto, por lo que la
identificación del individuo lo es hacia una ideología (progresismo) que ha devenido
vacía de contenido. Se es..., no se comparte. Es un caldo de cultivo ideal para los
grupos antisistema.

La esencia de la democracia no es el voto periódico. Más bien es la protección de los
derechos como persona y la generación de un caldo de cultivo de lucha entre ideas que
por selección natural haga triunfar a las mejores. Los sistemas de educación universal
tienen cien años de historia; un soplo en el tiempo. Menos tiempo tienen aún los medios
de comunicación de masas.

La derecha ha de recuperar algo que ha perdido, que ha abandonado, y que la izquierda
nunca ha dejado de practicar. Se trata de la pedagogía social. La pedagogía social tiene
dos pilares fundamentales; primero los medios para realizarla que son los medios de
comunicación de masas. Urge recuperar medios que lancen mensajes diferentes al
progresismo y al nihilismo. En segundo lugar se trata del constructo ideológico en cuanto
tal.

El Sísifo de Alberto Camus, a diferencia del griego, no podía encontrar la disculpa a su
desgracia en la voluntad ajena; en los dioses. Era sabedor de su propia naturaleza
limitada; su desgracia era él mismo en su esencia. Y aún así seguía con esfuerzo
elevando la piedra, con una esperanza desesperanzada, otorgando la importancia
estética a cada paso. Sin duda, ese sería un buen comienzo en estos tiempos de crisis,
frente al posibilismo progresista.

Saludos