En breve tendremos a la máxima autoridad del Estado en Cataluña, se llame como se llame, conspirando día y noche para destruir el orden constitucional de la Nación.
Faltaba el descrédito de la política y de los políticos de la derecha en la España de los últimos años para completar una desilusión absoluta de los trabajadores.
Las sedicentes autoridades no han venido tratando a los okupas como delincuentes, sino como ameritados colectivos dignos de admiración por ser creativos y progresistas.
Si Valls se presentara, PP y PSC no deberían cometer el error imperdonable de confundirse: Valls en todo caso habría de ser un rival y no el enemigo; el enemigo, el gran enemigo de Cataluña y del Estado de Derecho, es el golpismo.