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En defensa de los okupas

Las sedicentes autoridades no han venido tratando a los okupas como delincuentes, sino como ameritados colectivos dignos de admiración por ser creativos y progresistas.

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La tradición levantisca española ha producido numerosos ejemplos de individuos dispuestos a ponerlo todo patas arriba, desde los anarquistas hasta los partidarios de la "acción directa". Hace un siglo o más podían alardear de la ocupación de latifundios. Todavía hay algún insensato que sigue ese precedente, y encima ha conseguido su acta de diputado. Hoy son más urbanos, en todos los sentidos, y se afanan en la okupación de viviendas modestas. (Por cierto, eso de escribir con k fue una ocurrencia de un catedrático de Salamanca del siglo XVI; no hay nada nuevo bajo la Luna). Se podían explicar las hazañas de los anarquistas porque eran analfabetos. Sus sucesores hodiernos podrán haber hecho un máster, pero destrozan el alfabeto.

Aunque pueda parecer mentira, las sedicentes autoridades no han venido tratando a los okupas como delincuentes, sino como ameritados colectivos dignos de admiración por ser creativos y progresistas. Tanto es así que los dichosos colectivos y colectivas se suelen acoger a la protección de un partido político, el que lleva la etiqueta plural y voluntarista de Podemos. Viene a ser una puesta al día del viejo fascismo, solo que los de la manada podemita califican de "fachas" a todos los demás. El dicterio tiene tal fuerza que a ver quién se atreve a poner a los okupas "caminito de Jerez", como dice la copla para no mentar la cárcel.

Hace ya unos años solo una entidad sin ánimo de lucro ni de presupuesto público se opuso frontalmente a la consideración de los okupas como criminales. Y nada de presuntos, pues alardeaban de sus actos en flagrante delito. Me refiero a la veneranda Liga Pro Derechos Humanos, capitaneada desde su modesto despacho de barrio por Francisco José Alonso, antiguo diputado y dirigente sindical. Por fin, después de dar tantas veces la matraca sobre el asunto, parece que las fementidas autoridades han recapacitado. Ahora los okupas pasan a ser considerados como lo que son, criminales. Yo los llamaría violadores de la intimidad familiar. Por lo menos, a partir de ahora va a ser muy difícil que, si a usted le invaden la vivienda, le impidan recuperarla. La okupación es una donosa interpretación del principio constitucional del derecho a la vivienda. Por lo menos se entiende ahora que quien tiene más derecho es el propietario. Es un avance.

Bien es verdad que no hay leyes sin excepciones. En este caso, lo que ahora se plantea es que la okupación se declara punible si la vivienda asaltada pertenece a un particular. En cambio, no se considera así cuando el piso pertenece a un banco, una empresa o cualquier otra entidad. La cosa es que hay que dar una oportunidad a los anticapitalistas. Lo que pasa es que, con la excepción apuntada, se viola otro precepto constitucional: el de la igualdad de todos ante la ley. No será la única vez que se cometa una trapisonda de tal naturaleza.

Ahora (no hace falta decir "a día de hoy") es fácil anticipar lo que va a pasar. Menguarán las okupaciones de pisos de particulares, pero se orientarán hacia los locales que son propiedad de los bancos u otras empresas. Se dispone de un número suficiente de casos como para montar una verdadera red de comunas progresistas, fumaderos revolucionarios, círculos de Podemos, colectivos anticapitalistas. Lo cual será una forma de canalizar prácticamente las energías de tantos jóvenes de los tres sexos que nunca han pensado en trabajar. Los más avispados de ellos podrán llegar a políticos profesionales con todos sus privilegios de dietas, pensiones y aforamientos.

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