L. D.
Al inicio de la jornada electoral, que empezó a las ocho de la mañana, algunos ciudadanos búlgaros pudieron entrar a su Embajada para ejercer su derecho a voto. Sin embargo, a medida que fueron pasando las horas, los problemas aparecieron. A muchos de los búlgaros se les impidió la entrada ya que la Embajada alegaba que, por petición del ministerio de Asuntos Exteriores español, sólo podrían votar aquellos que llevaran el permiso de residencia español.
Durante la mañana, y forzando las puertas, algunos entraron dentro de la Embajada y se produjeron forcejeos y peleas entre los funcionarios y los búlgaros que deseaban votar. Desde el principio, la legación diplomática preparó lo que parecía un dispositivo disuasorio para que los partidarios de Simeón II, la gran mayoría, no pudieran votar. Hicieron creer a algunos que era legalmente obligatorio presentar el permiso de residencia para votar y que todo era una imposición del Gobierno español, en concreto del Ministerio de Exteriores.
En un comunicado enviado el 5 de abril de 2001 por el citado Ministerio a la Embajada de Bulgaria se indica que “no existe ningún inconveniente para que esta Embajada, con el fin de permitir ejercer su derecho a voto a los ciudadanos búlgaros que se encuentren en España en régimen de residencia o estancia legal, convoque elecciones que se celebrarían en su sede o en otros lugares en territorio español”. Podría explicarse, con esta comunicación ministerial, la razón por la que los efectivos de la Policía Nacional pidieran documentos para permitir la entrada a la legación diplomática: muy probablemente a solicitud de la propia Embajada búlgara. Muchos de los allí presentes indicaron que esto “no es lógico porque al estar en la Embajada estamos en territorio búlgaro”.
Sin embargo, algunos búlgaros no pudieron votar aún teniendo dicho documento de residencia. Una ciudadana búlgara, que tenía su permiso de residencia, explicó a Libertad Digital que se le impidió el voto por un problema en su pasaporte. Indicó que tampoco pudo hacerlo al presentar su documento de identidad búlgaro. Otras personas tuvieron problemas similares. Uno de ello acusó a los propios funcionarios de impedir que se votara por el partido del ex rey Simeón II ya que “todos los de la Embajada son partidarios del partido del Gobierno, y no quieren que votemos por Simeón II”.
Lo cierto es que, ocasionalmente, todos los que se encontraban en la cola de espera gritaron arengas favorables a Simeón II y en contra de los diplomáticos. Incluso varios huevos llegaron a estrellarse contra el muro de la Embajada en muestra del descontento que reinaba entre los búlgaros allí presentes. Otra de las denuncias realizadas por algunos que pudieron votar fue que las papeletas se introdujeron en sobres abiertos, lo que posibilitaba la manipulación de los resultados electorales en favor del Gobierno actual.
A última hora de la tarde se dejó finalmente que todos entraran a la embajada para votar. Sin embargo, tal decisión sólo se tomó cuando desde Bulgaria se dieron los primeros resultados que certificaron la victoria del partido de Simeón II. Fue entonces cuando Sofía, al parecer, comunicó a sus legaciones que todo estaba perdido , pese a los presuntos intentos de los funcionarios para que los votos al partido del ex rey fueran los menos posibles.
Durante la mañana, y forzando las puertas, algunos entraron dentro de la Embajada y se produjeron forcejeos y peleas entre los funcionarios y los búlgaros que deseaban votar. Desde el principio, la legación diplomática preparó lo que parecía un dispositivo disuasorio para que los partidarios de Simeón II, la gran mayoría, no pudieran votar. Hicieron creer a algunos que era legalmente obligatorio presentar el permiso de residencia para votar y que todo era una imposición del Gobierno español, en concreto del Ministerio de Exteriores.
En un comunicado enviado el 5 de abril de 2001 por el citado Ministerio a la Embajada de Bulgaria se indica que “no existe ningún inconveniente para que esta Embajada, con el fin de permitir ejercer su derecho a voto a los ciudadanos búlgaros que se encuentren en España en régimen de residencia o estancia legal, convoque elecciones que se celebrarían en su sede o en otros lugares en territorio español”. Podría explicarse, con esta comunicación ministerial, la razón por la que los efectivos de la Policía Nacional pidieran documentos para permitir la entrada a la legación diplomática: muy probablemente a solicitud de la propia Embajada búlgara. Muchos de los allí presentes indicaron que esto “no es lógico porque al estar en la Embajada estamos en territorio búlgaro”.
Sin embargo, algunos búlgaros no pudieron votar aún teniendo dicho documento de residencia. Una ciudadana búlgara, que tenía su permiso de residencia, explicó a Libertad Digital que se le impidió el voto por un problema en su pasaporte. Indicó que tampoco pudo hacerlo al presentar su documento de identidad búlgaro. Otras personas tuvieron problemas similares. Uno de ello acusó a los propios funcionarios de impedir que se votara por el partido del ex rey Simeón II ya que “todos los de la Embajada son partidarios del partido del Gobierno, y no quieren que votemos por Simeón II”.
Lo cierto es que, ocasionalmente, todos los que se encontraban en la cola de espera gritaron arengas favorables a Simeón II y en contra de los diplomáticos. Incluso varios huevos llegaron a estrellarse contra el muro de la Embajada en muestra del descontento que reinaba entre los búlgaros allí presentes. Otra de las denuncias realizadas por algunos que pudieron votar fue que las papeletas se introdujeron en sobres abiertos, lo que posibilitaba la manipulación de los resultados electorales en favor del Gobierno actual.
A última hora de la tarde se dejó finalmente que todos entraran a la embajada para votar. Sin embargo, tal decisión sólo se tomó cuando desde Bulgaria se dieron los primeros resultados que certificaron la victoria del partido de Simeón II. Fue entonces cuando Sofía, al parecer, comunicó a sus legaciones que todo estaba perdido , pese a los presuntos intentos de los funcionarios para que los votos al partido del ex rey fueran los menos posibles.
