L. D. / Agencias.-
Nacido en Madrid en 1959, Julio Fuentes estaba casado con Mónica, una periodista española que también trabajaba en
El Mundo
, compañera y amiga que se encargaba de pulir las crónicas enviadas por el periodista desde los diferentes frentes. Buena conocedora del ruso, su último trabajo para su marido fue traducir y comprobar las inscripciones de las ampollas que Julio Fuentes relataba en su última crónica enviada desde Afganistán, y donde descubría la aparición de gas sarín en un campo de entrenamiento de terroristas de Al Qaeda abandonado entre Jalalabad y Kabul, cerca de donde encontraría la muerte tan sólo unas horas después.
A comienzos de la década de los ochenta cubrió la guerra en Afganistán contra las tropas soviéticas y tuvo ocasión de seguir el conflicto entre los vecinos Irán e Irak -en una contienda que duró ocho años- antes de trasladarse a Centroamérica, donde cubrió las guerras civiles de Nicaragua y El Salvador, así como en la invasión estadounidense de Panamá en 1989, para la revista Cambio 16. Ese mismo año se integró en el equipo fundacional de El Mundo y pudo cubrir la entrada de las tropas aliadas en la ciudad de Kuwait .
“Lo contraté en una heladería de la Castellana”, recuerda Fernando Múgica, compañero de andanzas y actual redactor jefe de Internacional, en las páginas de El Mundo este martes. “Vamos a hacer este periódico”, continúa Múgica. “Dijo sí, pero con una condición: para hacer reportajes, reporterismo de acción, periodismo vital”.
Al término de la Guerra del Golfo se trasladó a los Balcanes, donde narró íntegramente la guerra de Yugoslavia, en especial, escribiendo durante tres años del asedio de la capital “mártir” de Sarajevo.
De aquella experiencia surgió su primera novela en 1997, “Sarajevo: juicio final”, de la que ya se habían publicado cuatro ediciones. Su segundo libro, “Resistencia Humana” salió a la venta en 1998. Una de sus últimas colaboraciones fue el artículo En el amor y en la guerra para el libro Los ojos de la guerra en memoria del fotógrafo español Miguel Gil, asesinado en Sierra Leona el 24 de mayo de 2000, y que publica la editorial Plaza y Janés. En él, Julio Fuentes denuncia la precaria vida de los reporteros de guerra haciendo referencia a los periodistas muertos junto a Miguel Gil. De ellos dice: “ ...eran periodistas de elite mal pagados, que sacrificaron involuntariamente sus vidas para ofrecer a las televisiones de todo el planeta un pedazo de historia viva, cruel y despiadada del mundo”.
En su primera novela, Sarajevo: juicio final (editada, como las tres siguientes, por Plaza & Janés), reconoce que algunos periodistas pasan tantos años en la tensión del conflicto que llegan a engancharse y a necesitar estar cerca de él. “Es como una droga", escribe.
En agosto de 1996 se convirtió en corresponsal del diario El Mundo en Moscú y tuvo ocasión de cubrir informativamente la primera guerra de Chechenia. En febrero de 1999 se trasladó de nuevo a los Balcanes para seguir los cuatro meses del conflicto bélico en Kosovo.
Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, Julio Fuentes viajó a Pakistán para seguir el curso de la guerra desde la ciudad de Peshawar, fronteriza con Afganistán. Con el avance de las tropas de la Alianza del Norte, el corresponsal de El Mundo penetró en territorio afgano, informando desde la ciudad de Jalalabad, destino que abandonó la madrugada del lunes para encontrarse con la muerte junto a otros tres compañeros.
!-->
A comienzos de la década de los ochenta cubrió la guerra en Afganistán contra las tropas soviéticas y tuvo ocasión de seguir el conflicto entre los vecinos Irán e Irak -en una contienda que duró ocho años- antes de trasladarse a Centroamérica, donde cubrió las guerras civiles de Nicaragua y El Salvador, así como en la invasión estadounidense de Panamá en 1989, para la revista Cambio 16. Ese mismo año se integró en el equipo fundacional de El Mundo y pudo cubrir la entrada de las tropas aliadas en la ciudad de Kuwait .
“Lo contraté en una heladería de la Castellana”, recuerda Fernando Múgica, compañero de andanzas y actual redactor jefe de Internacional, en las páginas de El Mundo este martes. “Vamos a hacer este periódico”, continúa Múgica. “Dijo sí, pero con una condición: para hacer reportajes, reporterismo de acción, periodismo vital”.
Al término de la Guerra del Golfo se trasladó a los Balcanes, donde narró íntegramente la guerra de Yugoslavia, en especial, escribiendo durante tres años del asedio de la capital “mártir” de Sarajevo.
De aquella experiencia surgió su primera novela en 1997, “Sarajevo: juicio final”, de la que ya se habían publicado cuatro ediciones. Su segundo libro, “Resistencia Humana” salió a la venta en 1998. Una de sus últimas colaboraciones fue el artículo En el amor y en la guerra para el libro Los ojos de la guerra en memoria del fotógrafo español Miguel Gil, asesinado en Sierra Leona el 24 de mayo de 2000, y que publica la editorial Plaza y Janés. En él, Julio Fuentes denuncia la precaria vida de los reporteros de guerra haciendo referencia a los periodistas muertos junto a Miguel Gil. De ellos dice: “ ...eran periodistas de elite mal pagados, que sacrificaron involuntariamente sus vidas para ofrecer a las televisiones de todo el planeta un pedazo de historia viva, cruel y despiadada del mundo”.
En su primera novela, Sarajevo: juicio final (editada, como las tres siguientes, por Plaza & Janés), reconoce que algunos periodistas pasan tantos años en la tensión del conflicto que llegan a engancharse y a necesitar estar cerca de él. “Es como una droga", escribe.
En agosto de 1996 se convirtió en corresponsal del diario El Mundo en Moscú y tuvo ocasión de cubrir informativamente la primera guerra de Chechenia. En febrero de 1999 se trasladó de nuevo a los Balcanes para seguir los cuatro meses del conflicto bélico en Kosovo.
Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, Julio Fuentes viajó a Pakistán para seguir el curso de la guerra desde la ciudad de Peshawar, fronteriza con Afganistán. Con el avance de las tropas de la Alianza del Norte, el corresponsal de El Mundo penetró en territorio afgano, informando desde la ciudad de Jalalabad, destino que abandonó la madrugada del lunes para encontrarse con la muerte junto a otros tres compañeros.
!-->
