L D (EFE)
El superintendente de Asuntos Penitenciarios de ese estado amazónico, Abimael Araújo dos Santos, dijo que la prisión estaba en poder de un grupo de unos 300 presos que se amotinaron durante la madrugada del miércoles, después de que las autoridades abortaran un intento de fuga. Según el diario electrónico "Rondonia Agora", los cuerpos de varios de los presos muertos en la rebelión permanecían tendidos en uno de los patios de la prisión completamente ensangrentados, junto a otros que parecían estar heridos y no recibían ningún tipo de atención.
Araújo dos Santos indicó que, si bien aún no se había determinado la causa ni el número definitivo de muertes, se sospechaba que habían sido producto de una riña entre bandas rivales, que estalló, al parecer, cuando un grupo de presos decidió ocupar el presidio. La prisión permanecía rodeada por unos cien efectivos de la Policía Militar que aguardaban el resultado de las negociaciones que las autoridades tenían con los líderes del motín, que mantenían a un número no determinado de rehenes, entre ellos varios guardias de la cárcel.
Según otras fuentes citadas por la prensa regional, la rebelión se debería a la decisión de un juez, según la cual los presos debieron permanecer encerrados en sus calabozos los pasados 31 de diciembre y 1 de enero. El juez Arley Silva da Costa explicó que tal decisión tenía como objetivo impedir intentos de fuga, habituales en la época de fin de año. Portavoces de la Gobernación de Rondonia dijeron que los presos también exigían el traslado de un grupo de reclusos a otros penales, a fin de reducir los niveles de hacinamiento en el presidio Urso Branco.
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Araújo dos Santos indicó que, si bien aún no se había determinado la causa ni el número definitivo de muertes, se sospechaba que habían sido producto de una riña entre bandas rivales, que estalló, al parecer, cuando un grupo de presos decidió ocupar el presidio. La prisión permanecía rodeada por unos cien efectivos de la Policía Militar que aguardaban el resultado de las negociaciones que las autoridades tenían con los líderes del motín, que mantenían a un número no determinado de rehenes, entre ellos varios guardias de la cárcel.
Según otras fuentes citadas por la prensa regional, la rebelión se debería a la decisión de un juez, según la cual los presos debieron permanecer encerrados en sus calabozos los pasados 31 de diciembre y 1 de enero. El juez Arley Silva da Costa explicó que tal decisión tenía como objetivo impedir intentos de fuga, habituales en la época de fin de año. Portavoces de la Gobernación de Rondonia dijeron que los presos también exigían el traslado de un grupo de reclusos a otros penales, a fin de reducir los niveles de hacinamiento en el presidio Urso Branco.
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