LD (EFE)
Esa es la conclusión que sacan organizaciones no gubernamentales (ONG) y diplomáticos europeos de la última sesión de la Comisión, que terminó el viernes en Ginebra tras seis semanas de maniobras que impidieron aprobar, entre otras, resoluciones sobre Zimbabue o Chechenia. La propia Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Mary Robinson, a la que el secretario general de la ONU, Kofi Annan, no ha renovado el mandato por presiones de EEUU, según han denunciado varias ONG en Ginebra, hizo el viernes un análisis poco alentador de lo sucedido. "¿Cómo es posible -se preguntó- que la Comisión de Derechos Humanos, el órgano más importante de las Naciones Unidas en esa materia, pueda seguir faltando a su deber de proteger a las víctimas?".
El último episodio de lo que las ONG consideran un fracaso ocurrió el último día de debates, cuando México se vio obligado a retirar un proyecto de resolución para garantizar la defensa de los derechos humanos en la actual lucha contra el terrorismo tras una maniobra argelina para torpedearla, según los comentaristas. Una conjunción de países como Arabia Saudí, Sudán, Egipto o la India apoyaron la postura de Argel, consistente en presentar una enmienda para condenar las violaciones de los derechos humanos por grupos terroristas, algo inaceptable desde el punto de vista del derecho internacional, según el cual sólo los Estados pueden considerarse violadores de esas garantías individuales.
La Unión Europea, Canadá y numerosos países latinoamericanos no podían aceptar la enmienda argelina, destinada, según sus críticos, a justificar eventuales atropellos de los derechos humanos en la lucha de algunos Estados contra grupos opositores, y al final México decidió dejar para mejor ocasión un proyecto al que se había opuesto desde el principio también Washington.
El último episodio de lo que las ONG consideran un fracaso ocurrió el último día de debates, cuando México se vio obligado a retirar un proyecto de resolución para garantizar la defensa de los derechos humanos en la actual lucha contra el terrorismo tras una maniobra argelina para torpedearla, según los comentaristas. Una conjunción de países como Arabia Saudí, Sudán, Egipto o la India apoyaron la postura de Argel, consistente en presentar una enmienda para condenar las violaciones de los derechos humanos por grupos terroristas, algo inaceptable desde el punto de vista del derecho internacional, según el cual sólo los Estados pueden considerarse violadores de esas garantías individuales.
La Unión Europea, Canadá y numerosos países latinoamericanos no podían aceptar la enmienda argelina, destinada, según sus críticos, a justificar eventuales atropellos de los derechos humanos en la lucha de algunos Estados contra grupos opositores, y al final México decidió dejar para mejor ocasión un proyecto al que se había opuesto desde el principio también Washington.
