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Asesinados por los comunistas tras salvar a los judíos de los nazis

Una exposición en Madrid cuenta la extraordinaria reacción de la sociedad búlgara frente a las reivindicaciones antisemitas del Tercer Reich.

Radoslav Yordanov
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La embajada de Bulgaria en España, con el apoyo del Centro Sefarad-Israel presentará en Madrid a partir del próximo 10 de diciembre una exposición sobre la salvación de los judíos búlgaros del holocausto nazi. El poder de la sociedad civil cuenta con 23 paneles-fotografías, fascímiles y textos- que representan la respuesta de la sociedad búlgara ante la política antisemita del Tercer Reich.

43 diputados se enfrentaron al antisemitismo

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, el país balcánico permaneció neutral, aunque en realidad ya estaba bajo la influencia de la Alemania nazi que determinaba en gran medida la política interior y exterior búlgara. En 1941, ante la presión y las amenazas del Tercer Reich, el gobierno de Bogdan Filov se vio obligado a promover la Ley para la protección de la nación, que limitó los derechos de los casi 50 000 judíos que vivían en Bulgaria. Esta nueva ley precisaba quién debía ser considerado judío, les restringía el derecho a elegir el lugar donde vivir y el de poseer bienes inmobiliarios, así como estableció cuotas judías para algunas profesiones.

Las condiciones de vida de los judíos empeoraron aun más en otoño de 1942, cuando fue creado el Comisariado de Asuntos Judíos, que fue establecido para implementar y agilizar la aplicación de la legislación antijudía. Su jefe fue Alexandar Belev, uno de los pocos antisemitas que había en Bulgaria. En 24 de septiembre de 1942, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania ordenó a los gobiernos de Bulgaria, Hungría y Dinamarca a desterrar los judíos de sus respectivos territorios.

Así pues, para acelerar el proceso de la deportación, a principios del 1943 llegó a Sofía Theodor Dannecker, el militar nazi de las SS que había llevado a cabo la deportación de los judíos franceses a los campos de exterminio. Junto con Alexandar Belev, Dannecker preparó un acuerdo para la deportación de 9000 judíos de los territorios pertenecientes a Bulgaria. El 8 de marzo, con el apoyo del primer ministro Filov, Belev ya había conseguido la detención de más de 9000 judíos búlgaros.

Los rumores sobre la deportación de judíos le llegaron al vicepresidente del Parlamento, Dimitar Peshev, y a otros diputados parlamentarios, que al día siguiente amenazaron al ministro del Interior Gabrovski, de que si no cancelaba la deportación, ellos provocarían una crisis parlamentaria y nacional. Según fuentes de la época. Peshev y un grupo de diputados rechazaron salir del despacho del ministro hasta que él no diera órdenes de liberar a los detenidos. No obstante, Peshev sabía que la batalla todavía no estaba ganada y al día siguiente presentó en el Parlamento una carta firmada por 43 diputados, en la cual se condenaba explícitamente la política "racista y discriminatoria" del Gobierno hacia los judíos.

Estos diputados decidieron, además, hacer pública su declaración, y así lograron otro de sus grandes objetivos- informar a la sociedad búlgara de lo que estaba sucediendo para provocar sus indignación y manifestaciones contra las políticas antisemitas.

El entonces embajador del Tercer Reich en Bulgaria, Bekerle, destaca en un informe al Ministerio de Exteriores alemán que la sociedad búlgara fue un gran obstáculo para la realización de la operación, ya que "los búlgaros han crecido con armenios, griegos y gitanos, y por eso no ven ningún defecto en los judíos".

Filov y Belev, los únicos verdaderos aliados de los nazis, consiguieron que Dimitar Peshev fuera expulsado del Parlamento junto con los diputados que renunciaron a retirar sus firmas del documento. Sin embargo, el 10 de marzo de 1943, el acuerdo de aportación de Belev fue cancelado de manera oficial por el rey Boris III.

Los salvadores , ejecutados por los comunistas

A pesar de arriesgar su propia vida para salvar a sus compatriotas de origen judío, los 43 diputados no fueron asesinados por los nazis, sino por los comunistas, que llegaron al poder el 9 de septiembre de 1944. Tal y como informa el historiador y filósofo, Tzvetan Todorov, el nuevo régimen de izquierda trató de reescribir la historia para atribuirse el mérito de la salvación de los judíos búlgaros.

El creado por los comunistas Tribunal Popular condenó a muerte y ejecutó 20 de los 43 diputados mientras que otros fueron condenados a cadena perpetua. El líder de las protestas antinazis en defensa de los judíos, Dimitar Peshev, fue condenado a 15 años de prisión. A finales de los 70, los comunistas incluso intentaron lanzar la candidatura del dictador Todor Zhivkov para el Premio Nobel de la Paz por su supuesto papel decisivo en la salvación de los pueblos búlgaros.

El rey y la Iglesia, los otros protagonistas

"El rey no ocultaba en absoluto lo disgustado y decepcionado que se sentía con las medidas antisemitas. En todas sus conversaciones privadas, Boris expresaba su malestar hacia el trato discriminatorio de los nazis hacia los judíos" escribe en sus Memorias Stefan Gruev, el jefe del gabinete de Boris III. El monarca búlgaro no aceptaba las políticas antisemitas y también desempeñó un papel decisivo para la salvación de los judíos, ya que era la única autoridad política con competencias para anular decisiones del gobierno.

En 1942, el Tercer Reich ordenó la inmediata deportación de los más de 49 000 judíos búlgaros. No obstante, ante las presiones del embajador alemán, Bekerle, el rey búlgaro volvía a responder una y otra vez que no todavía no se deportarían judíos a campos de concentración, porque la mano de obra judía era "imprescindible para la construcción de carreteras, edificios y puentes", y que su deportación supondría "una grave pérdida económica para el país".

Así pues, el rey ganó tiempo suficiente para trasladar a todos los judíos de las grandes ciudades a pequeños y desconocidos pueblos, donde era difícil que los encontraran los nazis. Las acciones del monarca fueron duramente criticadas por un informe que el embajador nazi Bekerle envió inmediatamente a Berlín.

Por otro lado, en 1942, año en que empeoraron drásticamente las condiciones de vida de los judíos, la Iglesia Ortodoxa también se enfrentó a los planes nazis. El mitropolita Stefan de Sofía abrió las puertas de todas las iglesias y monasterios del país para refugiar a los judíos búlgaros. Por su parte, el mitropolita Kiril de Plovdiv anunció que se tumbaría en las vías ante el primer tren que llevara judíos deportados de su región.

Además, el 16 de marzo de 1943, unos días después del primer intento de deportación de judíos búlgaros, se celebró el Concilio Extraordinario de la Iglesia Ortodoxa de Bulgaria, en el cual todos los mitropolitas se mostraron en contra de la deportación de judíos del país, y condenaron la Ley para la protección de la nación, a la que consideraban "una ley racista y anticristiana". Al final del Concilio, los mitropolitas declararon que la Iglesia Ortodoxa no iba a dejar de ayudar a las personas necesitadas, incluidos los judíos. "Para Nuestro Señor todos somos hijos del mismo padre celestial" han dejado claro los representantes eclesiásticos en su declaración pública.

El 5 de abril de 1943, Bekerle y Adolf Hoffman enviaron un nuevo informe a Berlín en el que culparon del fracaso de la deportación de los judíos búlgaros al rey Boris III, los 43 diputados y a la Iglesia Ortodoxa. Boris III dio un definitivo "no" al embajador alemán al asegurarle que "Bulgaria resistirá cualquier tipo de presión a la hora de rechazar la deportación de los judíos de los territorios del país."Durante la Segunda Guerra Mundial, Bulgaria y Dinamarca fueron los únicos dos países que salvaron a sus judíos de los campos de exterminio nazi.

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