LD (EFE)
Este moderno "príncipe renacentista" fue casi siempre por delante de los azarosos gobiernos que tanto le respetaron y complacieron, con movimientos estratégicos como la entrada de Libia en el capital de Fiat o la apertura de la primera fábrica occidental de coches en Rusia a mediados de los años 70 del pasado Siglo. La gran habilidad de Agnelli, que era senador vitalicio desde 1991, fue completar estas "misiones" sin que se resintiera un ápice su tradicional amistad con EEUU, donde contaba con relevantes y renovados apoyos, de J.F Kennedy a Rockefeller o Kissinger.
Sus biógrafos, incluso los más críticos, subrayan el estilo y la elegancia con la que ha manejado siempre sus dilatados poderes. Nacido en Turín en 1921, Giovanni Agnelli perdió a su padre a los 15 años y desde entonces vivió bajo la sombra alargada de su homónimo abuelo, que había fundado Fiat en 1899 y que acabó pasándole el cetro y la corona. Antes completó su formación en la escuela de caballería de Pinerolo y participó en la Segunda Guerra Mundial en Rusia y en Túnez.
En Fiat entró al finalizar el conflicto bélico como vicepresidente, cuando los destinos de la Fábrica Italiana de Automóviles de Turín los regía con mano de hierro un "general" contratado por su abuelo, Vittorio Valetta. El Avvocato aterrizó con todas sus consecuencias en Fiat en 1963, año en el que se convirtió en administrador delegado para pasar a ser el presidente en 1966.
Comenzó entonces la expansión de la compañía en otros ámbitos de la industria hasta convertirse en un imperio con negocios en el sector de los vehículos pesados, la maquinaria agrícola, la metalurgia, la aviación, los trenes, los bancos o los seguros. Durante estos años, ningún vector de la sociedad quedaba fuera del influjo directo de Fiat, que tenía su propio periódico, "La Stampa" de Turín, su equipo de fútbol, el laureado Juventus, o su estación de esquí, Sestriere.
Sus biógrafos, incluso los más críticos, subrayan el estilo y la elegancia con la que ha manejado siempre sus dilatados poderes. Nacido en Turín en 1921, Giovanni Agnelli perdió a su padre a los 15 años y desde entonces vivió bajo la sombra alargada de su homónimo abuelo, que había fundado Fiat en 1899 y que acabó pasándole el cetro y la corona. Antes completó su formación en la escuela de caballería de Pinerolo y participó en la Segunda Guerra Mundial en Rusia y en Túnez.
En Fiat entró al finalizar el conflicto bélico como vicepresidente, cuando los destinos de la Fábrica Italiana de Automóviles de Turín los regía con mano de hierro un "general" contratado por su abuelo, Vittorio Valetta. El Avvocato aterrizó con todas sus consecuencias en Fiat en 1963, año en el que se convirtió en administrador delegado para pasar a ser el presidente en 1966.
Comenzó entonces la expansión de la compañía en otros ámbitos de la industria hasta convertirse en un imperio con negocios en el sector de los vehículos pesados, la maquinaria agrícola, la metalurgia, la aviación, los trenes, los bancos o los seguros. Durante estos años, ningún vector de la sociedad quedaba fuera del influjo directo de Fiat, que tenía su propio periódico, "La Stampa" de Turín, su equipo de fútbol, el laureado Juventus, o su estación de esquí, Sestriere.
