La situación económica en Cuba ha alcanzado un deterioro sin precedentes, superando la crudeza del conocido como "Periodo Especial" de los años noventa: el 89% de la población vive en una situación de pobreza extrema. El colapso ha pulverizado por completo el poder adquisitivo de sus ciudadanos: el trabajador medio cubano percibe un salario cercano a diez dólares mensuales. Adquirir productos básicos, cuando se encuentran, resulta casi inalcanzable; a modo de ejemplo, comprar un simple cartón de huevos cuesta hoy más que el salario mínimo íntegro de un mes de trabajo. Ante esta carestía, el sistema estatal ha comenzado a limitar el alcance de la histórica cartilla de racionamiento (que ya no cumple ni siquiera con sus promesas de una cesta básica para todos). De esta manera, sus habitantes están obligados a depender de los envíos internacionales de sus familiares o de la economía sumergida para obtener el sustento diario más elemental. Todo esto y mucho más, sobre la hecatombe que está sufriendo la isla caribeña, esta semana en Economía Para Quedarte Sin Amigos. Nuria Richart y Domingo Soriano contarán con dos invitados de excepción: Álex Bernardo y Diane Hernández, dos cubanos que viven ahora en España y que nos relatarán lo que vivieron ellos hasta salir del país y lo que siguen viviendo sus familiares.
El colapso de las infraestructuras castiga de manera severa a los servicios públicos esenciales. Por ejemplo, este escenario de precariedad se puede ver en los cortes de suministro eléctrico, que se prolongan más de 20 horas de forma habitual, o en el transporte de pasajeros, que se encuentra prácticamente paralizado por la ausencia de combustible. También afecta, como no podía ser de otra manera, a los servicios sanitarios: por ejemplo, obligando a los propios pacientes a adquirir suministros médicos en el mercado negro, como los kits quirúrgicos básicos, para poder ser intervenidos ante la falta total de insumos hospitalarios. La crisis estructural condiciona hasta a los servicios funerarios diarios: muchos cubanos se han visto forzados al uso, para sus familiares fallecidos, de ataúdes elaborados con cartón y coches fúnebres tirados por caballos.
Mientras la población padece estas privaciones y el deterioro físico de sus viviendas, la macroeconomía sigue férreamente dirigida por GAESA, un inmenso conglomerado empresarial bajo control directo de los altos dirigentes del partido, que centraliza divisas extranjeras, monopoliza importaciones y gestiona las remesas internacionales sin reinvertir fondos en el bienestar básico de los ciudadanos.
Turismo y transición
Además, el sector turístico, que durante décadas funcionó ininterrumpidamente como motor de ingresos para las arcas del Estado, ha experimentado un hundimiento catastrófico tras la pandemia, perdiendo su capacidad para atraer visitantes. La falta de garantías mínimas para viajeros, que incluye escasez de alimentos en hoteles y la incapacidad de proveer combustible para aeronaves, ha provocado la huida de las aerolíneas y la desocupación casi total de complejos vacacionales. Ante este vacío productivo, la pervivencia financiera recae paradójicamente en el capitalismo del exilio, ya que el sistema sobrevive en gran medida gracias a las remesas enviadas mensualmente por ciudadanos huidos. Simultáneamente, el malestar social no logra articularse en protestas masivas debido al agotamiento físico generado por la falta de alimento diario, la vigilancia estatal constante y la ausencia de una oposición política organizada dentro de las propias fronteras.
Las especulaciones informadas sobre el futuro político a corto plazo apuntan a movimientos estratégicos inminentes por parte de la élite gobernante, existiendo indicios de discretas negociaciones internacionales para asegurar una posible salida pacífica hacia naciones aliadas frente a la inviabilidad de mantener el statu quo. Comprender a fondo las complejas dinámicas de esta crisis terminal, la estructuración del mercado negro y las repercusiones geopolíticas en la región requiere un análisis profundo de la realidad oculta tras la propaganda oficial.
