
Schroeder abandonó la presidencia del partido para poder concentrarse en las tareas de Gobierno, en un momento en que el SPD registra mínimos históricos de popularidad y ronda el 25 por ciento en las encuestas de intención de voto.
El nuevo presidente, que conservará su cargo como jefe parlamentario de los socialdemócratas, recibió 448 votos; 22 delegados votaron en contra de su candidatura y uno se abstuvo. Hace cinco años, Schroeder consiguió el 80,83 por ciento de los sufragios.
Müntefering: hay que tener "valor" y reconocer que el mundo ha cambiado
"La socialdemocracia tiene que estar a la altura de los tiempos. El mundo es cada vez más pequeño, y la globalización ha conducido a un dominio por parte de los mercados financieros", declaró Müntefering, en medio de los aplausos del medio millar de delegados.
Frases como "hay que civilizar el capitalismo" o "la economía debe estar al servicio del hombre, y no al revés" hicieron las veces de bálsamo para el espíritu socialdemócrata de unas bases resignadas durante cinco años al lenguaje pragmático de Schroeder.
Müntefering reconoció que la situación actual del SPD es difícil, pero expresó su convencimiento de que el partido podrá superarla. "Lo conseguiremos –agregó–, pero sólo si nos esforzamos. Nuestros tiempos están llenos de oportunidades, para bien y para mal, y sabemos que todo puede fallar".
El Congreso Extraordinaro de Berlín también ha elegido nuevo secretario general del partido. Se trata del diputado berlinés Klaus-Uwe Benneter, que ha obtenido el respaldo del 79 por ciento de los delegados.
Benneter releva al hamburgués Olaf Scholz, que en el último congreso ordinario del SPD, celebrado el pasado mes de noviembre en Bochum (oeste del país), fue reelegido con sólo un 52,6 por ciento de los sufragios, un "fracaso" que desató las iras del canciller, Gerhard Schroeder, contra determinados sectores del partido.
Benneter, un jurista de 56 años, era hasta ahora un "hombre sin atributos" en la formación socialdemócrata, desconocido sobre todo para los afiliados jóvenes, que precedió a Schroeder en la presidencia de los "Jusos", la organización juvenil del SPD.
En 1977 provocó un gran escándalo, cuando tachó la política del entonces canciller, Helmut Schmidt, del SPD, de "contraria a la socialdemocracia".
Su apoyo a la idea de alcanzar acuerdos políticos con el Partido Comunista Alemán (DKP) le valió el sobrenombre de "Benni, el horror de los burgueses"; como prosiguiera en la misma postura, fue incluso expulsado del SPD, que le acogió de nuevo en 1983, gracias a la mediación de Schroeder.
Desde entonces limitó su actividad política a la ciudad-estado de Berlín, y apoya, al igual que Müntefering, la "Agenda 2010", el programa de reformas sociales y laborales del Gabinete Shroeder.
