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José Sócrates, acorralado por la operación Face Oculta

El escándalo de corrupción Face Oculta está haciendo tambalearse al primer ministro portugués, el socialista Sócrates. Una intrincada trama que afecta a empresarios y políticos, que buscaba crear un conglomerado de medios de comunicación afines al partido, silenciando a los díscolos.

BÁRBARA AYUSO
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El escándalo de corrupción Face Oculta está haciendo  tambalearse al  primer ministro portugués, el socialista Sócrates. Una   intrincada trama que afecta a empresarios y políticos, que buscaba   crear un conglomerado de medios de comunicación afines al partido, silenciando a los díscolos.
Especial del Semanario Sol sobre la trama.

El segundo mandato de José Sócrates pasa por horas bajas, cuando apenas se cumplen los 100 días del período de gracia desde su reeleción. Su andadura ya comenzó de modo abrupto: el mismo día que se iniciaba la legislatura en el Parlamento luso, comenzó la auditoría a todas las empresas estatales supuestamente implicadas en una red de tráfico de influencias y sobornos. La llamada Face Oculta.

Bajo la apariencia de un escándalo circunscrito al plano empresarial, se ha ido destapando una madeja aún más compleja, que salpica a la cúpula del partido socialista portugués. La oposición a Sócrates trató, sin éxito, de emplear la trama como arma electoral antes de los comicios, convencida de la implicación del Gobierno. Pero es ahora, cuatro meses después de las elecciones cuando florecen las pruebas de la implicación directa.

La operación Face Oculta, además de una red de fraude de licitación de terrenos industriales, trataba, fundamentalmente de crear un conglomerado de medios afines al partido socialista, silenciando a los críticos.

La labor de los medios lusos, y principalmente del semanario Sol, ha sido fundamental para desvelar las intrigas en torno a la operación. Mientras la Policía Judicial investigaba a Armando Vara, vicepresidente del banco Millennium BCP, amigo íntimo de Sócrates y ex ministro socialista, se topó con unas conversaciones que confirmaban la existencia de un plan para acallar a la TVI, muy crítica con el Gobierno. 

Este canal televisivo ya cuenta con un largo historial de control político e ideológico. Propiedad de la española Prisa, el pasado septiembre, a tres meses de las elecciones, sufrió la cancelación del Jornal Nacional. En vísperas de emitir un reportaje sobre los escándalos de corrupción socialistas, el informativo se sacó de la cadena sin más explicación, provocando el enfrentamiento de su presentadora, Manuela Moura Guedes con el primer ministro Sócrates.

La compañía Portugal Telecom (PT), sobre la que el Estado mantiene un alto control, manifestó su deseo de hacerse con la propiedad de TVI. Aquí entra en juego el ejecutivo Rui Pedro Soares, que representaba los intereses gubernamentales en la compra accionarial. Las grabaciones de la Policía Judicial lo sitúan como el principal "conseguidor" para crear ese conglomerado de medios de comunicación afines al Partido Socialista luso.

La clave de todo el entramado son las grabaciones que prueban estos movimientos. Sócrates consiguió que los Tribunales paralizaran la difusión de aquellas que le comprometían directamente, amparándose en que habían sido "ilegalmente obtenidas". La Fiscalía determinó que resultaban irrelevantes para la investigación en curso, esto es, el escándalo de licitación. Pero lo que probaban estas palabras entre Sócrates y Armando Vara son las presiones para acabar con las críticas de TVI, como señala el periodista Henrique Raposo desde el diario luso Expresso.

Afortunadamente, aparecieron nuevas grabaciones que gracias a la valentía del semanario Sol, han visto la luz. Ruiz Soares pidió a un Tribunal de Lisboa que paralizase también estas pruebas, pero el semanario hizo caso omiso y publicó el escándalo totalmente documentado. Y agotó la edición.

Este especial de Sol ha revolucionado hasta los cimientos socalistas portugueses, que recriminan a Sócrates que negase ante toda la Cámara cualquier conocimiento de la operación entre PT y TVI.

Los diarios portugueses se afanan en desentramar esa Face Oculta, que ya ha precipitado un desplome en los apoyos de un gobierno socialista que gobierna en minoría. A juzgar por la opinión publicada, en Portugal ya ha calado la certeza de que al Gobierno socialista le será imposible salir intacto de una trama en la que parece inserto hasta el tuétano.

A cuatro meses y medio de su elección, la dimisión de Sócrates o el adelanto de los comicios se debate ya como una consecuencia irremediable de la Face Oculta.

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