L D (EFE) El alcalde-gobernador, Ole von Beust, se propone no sólo la reelección para el cargo, al que accedió en 2001 pese a haber quedado diez puntos por debajo del dominante Partido Socialdemócrata (SPD), sino también a poder desprenderse de sus socios de gobierno.
Su rival socialdemócrata, Thomas Mirow, ex ministro de Economía en Hamburgo, tiene ante sí la difícil misión de derrotar a Von Beust desde su posición de político poco mediático -en opinión de los expertos- y en un momento de persistente caída de popularidad del SPD del canciller Gerhard Schroeder.
Los sondeos apuntan a una holgada victoria de la Unión Cristianodemócrata (CDU), que del 26,2 por ciento de 2001 pasaría a entre un 44 y un 46 por ciento. El SPD, que entonces obtuvo un 36,5 por ciento, bajaría al 29 o 30 por ciento. Pero una cosa es ganar unas elecciones y otra estar en el gobierno, como sabe el propio Von Beust, a quien hasta ahora la aritmética de las coaliciones ha jugado a su favor. En 2001 logró formar gobierno apuntalado en el Partido Liberal (FDP) y el Partido Schill -liderado por el ultraconservador Ronald Schill-, que según las encuestas podrían quedar ambos por debajo de la marca del cinco por ciento y por tanto fuera del nuevo Parlamento. Los Verdes, socios naturales del SPD, podrían alzarse con un 13 o hasta un 15 por ciento, frente el 8,6 por ciento de 2001.
Las incógnitas ante el domingo son múltiples: si Von Beust tendrá suficiente con sus votos o si precisará de un socio -y, en ese caso, cuál-; y si el SPD volverá a ser fuerza gubernamental -sea con los Verdes, sea en gran coalición con la CDU-. El gran aliado de Von Beust es él mismo, ya que los sondeos indican que los escándalos que han salpicado su legislatura, con Schill como actor principal, no han hecho mella en su popularidad. La convocatoria de elecciones anticipadas se produjo al romperse la coalición en diciembre, una ruptura que se anunciaba desde que la CDU se alió con Schill, un personaje dado al escándalo tanto en lo público como en lo privado.
El "juez implacable" se ha permitido propuestas como la de usar en Alemania el gas empleado en el asalto al teatro de Moscú ocupado por terroristas chechenes, en que murieron un centenar de rehenes. Schill, quien llegó al gobierno con la promesa de "limpiar" los bajos fondos de la droga, ha acaparado titulares como habitual de fiestas de la jet-set de Hamburgo con consumo de cocaína incluido. Von Beust sorteó como pudo los escándalos de su segundo, hasta que el pasado mes de agosto Schill le amenazó con sacar a la luz que había colocado al frente de Justicia a un amigo suyo, Roger Kusch, con quien supuestamente mantenía relaciones homosexuales.
La crisis estalló. El alcalde-gobernador trató de salvar la coalición al forzar al Partido Schill a excluir de las gestiones de gobierno a su fundador. Pero, con o sin el "juez implacable" dentro, la coalición quedó herida de muerte. Sobre las elecciones del domingo planea aún el "fantasma" Schill, cuya fuerza quedó escindida en dos. Por una parte, concurre el Partido de la Ofensiva del Estado de Derecho; por otro, el refundado Partido ProDM-Schill, formado por éste y sus leales. Los sondeos apuntan a que ninguna de las dos formaciones superará el listón del 5 por ciento, aunque tampoco se descarta que Schill dé la sorpresa, aunque sin las dimensiones del 19,4 por ciento de 2001.
Su rival socialdemócrata, Thomas Mirow, ex ministro de Economía en Hamburgo, tiene ante sí la difícil misión de derrotar a Von Beust desde su posición de político poco mediático -en opinión de los expertos- y en un momento de persistente caída de popularidad del SPD del canciller Gerhard Schroeder.
Los sondeos apuntan a una holgada victoria de la Unión Cristianodemócrata (CDU), que del 26,2 por ciento de 2001 pasaría a entre un 44 y un 46 por ciento. El SPD, que entonces obtuvo un 36,5 por ciento, bajaría al 29 o 30 por ciento. Pero una cosa es ganar unas elecciones y otra estar en el gobierno, como sabe el propio Von Beust, a quien hasta ahora la aritmética de las coaliciones ha jugado a su favor. En 2001 logró formar gobierno apuntalado en el Partido Liberal (FDP) y el Partido Schill -liderado por el ultraconservador Ronald Schill-, que según las encuestas podrían quedar ambos por debajo de la marca del cinco por ciento y por tanto fuera del nuevo Parlamento. Los Verdes, socios naturales del SPD, podrían alzarse con un 13 o hasta un 15 por ciento, frente el 8,6 por ciento de 2001.
Las incógnitas ante el domingo son múltiples: si Von Beust tendrá suficiente con sus votos o si precisará de un socio -y, en ese caso, cuál-; y si el SPD volverá a ser fuerza gubernamental -sea con los Verdes, sea en gran coalición con la CDU-. El gran aliado de Von Beust es él mismo, ya que los sondeos indican que los escándalos que han salpicado su legislatura, con Schill como actor principal, no han hecho mella en su popularidad. La convocatoria de elecciones anticipadas se produjo al romperse la coalición en diciembre, una ruptura que se anunciaba desde que la CDU se alió con Schill, un personaje dado al escándalo tanto en lo público como en lo privado.
El "juez implacable" se ha permitido propuestas como la de usar en Alemania el gas empleado en el asalto al teatro de Moscú ocupado por terroristas chechenes, en que murieron un centenar de rehenes. Schill, quien llegó al gobierno con la promesa de "limpiar" los bajos fondos de la droga, ha acaparado titulares como habitual de fiestas de la jet-set de Hamburgo con consumo de cocaína incluido. Von Beust sorteó como pudo los escándalos de su segundo, hasta que el pasado mes de agosto Schill le amenazó con sacar a la luz que había colocado al frente de Justicia a un amigo suyo, Roger Kusch, con quien supuestamente mantenía relaciones homosexuales.
La crisis estalló. El alcalde-gobernador trató de salvar la coalición al forzar al Partido Schill a excluir de las gestiones de gobierno a su fundador. Pero, con o sin el "juez implacable" dentro, la coalición quedó herida de muerte. Sobre las elecciones del domingo planea aún el "fantasma" Schill, cuya fuerza quedó escindida en dos. Por una parte, concurre el Partido de la Ofensiva del Estado de Derecho; por otro, el refundado Partido ProDM-Schill, formado por éste y sus leales. Los sondeos apuntan a que ninguna de las dos formaciones superará el listón del 5 por ciento, aunque tampoco se descarta que Schill dé la sorpresa, aunque sin las dimensiones del 19,4 por ciento de 2001.
