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Las cuatro caras del debate sucesorio

Viendo el jueves a Zapatero no parece que la sucesión esté a la vista. Pero él mismo ha alimentado un debate cada vez más vivo en los medios de comunicación.

José Teixeira
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La actitud de Zapatero en los últimos meses con sus enigmáticos mensajes sobre futuro, el protagonismo de Rubalcaba como superministro plenipotenciario y las pésimas perspectivas electorales del PSOE han desembocado en una inevitable debate sobre la sucesión de Zapatero cuando ni siquiera se sabe si ha decidido seguir o no. Hay quien apunta al próximo fin de semana, en el Comité Federal del PSOE, como posible fecha para que desvele de una vez la incógnita sobre su futuro. Pero mientras no lo hace las quinielas y conjeturas varias ocupan cada vez más espacio en las páginas de los periódicos y las tertulias radiofónicas.

El primer candidato a sucederse a sí mismo sigue siendo Zapatero, que compareció este jueves en el Congreso de los Diputados a petición propia para debatir sobre eso que la izquierda llama ‘política social’. Como era previsible, ante el desastre nacional, la sesión se convirtió en vapuleo continuo del presidente del Gobierno, portavoz tras portavoz. Pero se vio a un Zapatero enérgico y combativo, especialmente con Rajoy, que tuvo que encajar como pudo los golpes bajos del presidente. Una imagen muy alejada de ese político deprimido decidido a tirar la toalla que pintaban todas las crónicas hasta hace dos días.

 Los grupos mediáticos que apoyan al PSOE ya han tomado posiciones. El Grupo Prisa apuesta con claridad por Pérez Rubalcaba. La SER y El País han publicado encuestas nada inocentes según las cuales el apoyo al PSOE con Rubalcaba como cabeza de cartel sería muy superior al que obtendría si repitiese Zapatero como candidato. Además, el súper-vicepresidente cuenta con el apoyo del felipismo y la vieja guardia socialista, que fue purgada por José Blanco de la dirección del PSOE y tendría la oportunidad de recuperar poder interno.

 En el caso de que Zapatero no siguiese, Carmen Chacón aparece como la opción del zapaterismo mediático. La ministra de Defensa está casada con Miguel Barroso, uno de los impulsores de Mediapro –Público y LaSexta–, grupo que se fraguó en la cancha de baloncesto de La Moncloa para acabar con el monopolio de Prisa entre los medios de obediencia socialista. Chacón sería el antídoto de Rubalcaba, muy temido por su cercanía a Prisa. La ministra contaría, además, a priori con el apoyo de la última generación de dirigentes socialistas, más vinculados a Zapatero, y con el del PSC, casi decisivo en las últimas batallas internas en el seno del PSOE.

Aparece por último José Bono. Más por su enfermizo afán por figurar y su desmesurada ambición que por sus posibilidades, que se antojan bastante reducidas. Bono quiere ser el niño en el bautizo, la novia en la boda, el muerto en el funeral y, por supuesto, el líder en el PSOE. Ya lo intentó en el año 2000 pero perdió ante Zapatero. Bono entonces todavía era presidente de Castilla La Mancha y gozaba de más prestigio y mayor predicamento entre las filas socialistas del que ahora disfruta. El enorme incremento patrimonial que ha experimentado en los últimos años y las dudas más que razonables en torno a su hípica podría llevarle al banquillo de los acusados y liquidar su carrera política.

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