Las severas referencias del rey Juan Carlos en la Asamblea de la República, en Lisboa, sobre el terrorismo y la cooperación internacional para su erradicación no deberían caer en saco roto precisamente en Portugal, el único país europeo (junto con Bélgica) cuyos tribunales han rehusado extraditar a un terrorista de ETA allí detenido portando documentos falsos.
El gobierno del socialdemócrata Antonio Guterres hizo de tripas corazón cuando un juez de Lisboa rehusó la extradición de un activista etarra con un largo historial de crímenes y violencia. El ejecutivo portugués dio al español todo tipo de explicaciones reiterando, como es natural, la soberanía e independencia de la justicia local.
Claro que previamente la extrema izquierda lusa y algunos compañeros de viaje habían desarrollado una intensa campaña acusando a la policía española de llevar a cabo torturas y describiendo las cárceles del país como “centros de exterminio”, según el modelo propagandístico de Herri Batasuna.
Afortunadamente los portugueses no sufren en su vida cotidiana la amenaza terrorista y este apacible país, culto y democrático, no tiene que vérselas con las fieras sanguinarias de ETA y sus amigos.
Pero, desgraciadamente, ningún país del hemisferio occidental está libre de que un día se abata sobre él este tipo de violencia. Para acabar con ella, además del rechazo generalizado de la población, hay que contar con un aparato legal adecuado y con la cooperación de los países vecinos y amigos. El ejemplo de Francia debería servirle a nuestros “hermanos ibéricos” de acicate.
El discurso del rey de España en un portugués impecable combina la amistad y el reproche. Ojalá promueva entre la clase política lusa una reflexión en profundidad sobre la solidaridad democrática entre países vecinos, aliados y socios.

La cuerda en casa del ahorcado
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj Durcal